20 de mayo de 2013

Libros. Cuentos urbanos. Sandra Ávila, la escritura en los márgenes. Por Verónica Meo Laos.


Libros, nocturnidad y alevosía
Ilustración de Isidoro Reta Duarte



Por su interés reproducimos la siguiente entrevista hecha el pasado 5 de mayo, en el diario La Capital de Mar del Plata, por la periodista y escritora Verónica Meo Laos a Sandra Ávila con motivo de la publicación de su libro "Cuentos urbanos".

 Por afuera de los circuitos literarios se mueve un mundo de escritores que no encuentra su espacio en las grandes editoriales. Esta es la historia de una narradora de Ranchos, que elaboró su propio libro artasanal, “Cuentos urbanos”.

 Sandrá Ávila es escritora y vive en Ranchos, ciudad cabecera del partido de General Paz, al Noroeste de la provincia de Buenos Aires y a 120 kilómetros de Capital.

 Ávila conoce las dificultades de ser una escritora novel en un mercado editorial cuyas puertas son demasiado estrechas para los artistas de la palabra que dan los primeros pasos, por eso y pese a las dificultades, decidió publicar por su cuenta “Cuentos urbanos” y, en lugar de un libro, editó un objeto de arte hecho con sus manos.

 Para Sandra, “editar un libro artesanal implica mucho mas que publicar un libro por una editorial, es una obra de arte que implica todo el proceso de creación literaria. En esta entrevista cuenta como hizo para publicar por su cuenta sin sucumbir en el intento.

 ¿Cómo decidiste encarar este proyecto y cómo describís ese proceso? 
  Hace un tiempo cuando tenía mucho menos material que el que tengo ahora intente captar la atención de alguna pequeña editorial o editor, lo que hice fue escribir un mail formal solicitando un hueco para mandar mis manuscritos con relatos para una posible evaluación. Después de un tiempo corto llegaron las respuestas la mayoría negativas (los dos años siguientes tenían todo ocupado) otras editoriales ni siquiera respondieron y algunos simplemente contestaron que no daba con el perfil, me desanime un poco pero después  tome envión y seguí escribiendo, y aunque tenía bastante material pensaba que era poco, los seleccione y llegue a la conclusión de que eran  temas fatales en su trama, algunos desencajaban totalmente con el resto y los repare. Estuve  pensando cual era la mejor forma de hacer mi libro pero sin copiar la idea de  nadie, quería que mi idea fuese original, sencilla pero atractiva a los ojos de los demás. Cuando tuve los textos empecé a mirar las obras de mis amigos artistas plásticos e ilustradores, necesitaba un dibujo o un trabajo que de cierta manera representase todos los relatos en su conjunto e Isidoro Reta Duarte (Buenos Aires) tenía un dibujo nuevo que es estupendo entonces le mande un mail contándole sobre mi idea y preguntándole si me prestaba su dibujo, y me lleve una sorpresa no solo porque haya aceptado, sino que también se ofreció armar el diseño de la portada. Navarro Cuevas (México) también aceptó prestarme  un dibujo onírico que realizó hace más de 10 años, ahí me decidí armarlo yo misma, debo confesarte que esto fue más difícil de lo que imaginé porque las impresiones de las hojas me salían al revés, o mal sacadas, o entre cortadas, o no lograba coincidir una página con la que le seguía ,cuando pudo compaginar la fuente y el formato  los textos bien acomodados fue genial, cada libro fue como parir un hijo; hasta que le tome la mano. Un libro artesanal lleva más que solo textos, llevan varios detalles que le dan ese toque especial al producto terminado.

 ¿Cómo te devuelve el lector destinatario de cada producto único, el haberlo recibido?
 Me reciben con mucho respeto y admiración por que si bien no  publiqué mi libro en una editorial, han tomado con gran aceptación Cuentos Urbanos y los otros libros, por ahí me los encuentro en el super o en la librería y me dicen me encantó tu libro. Como la señora de la mercería que me felicitó porque me dijo que le había encantado los cuentos y otra señora que estaba comprando enseguida exclamo ¡Yo también quiero! fue muy gracioso.




 ¿Cuál es el canal de distribución de tus libros? 
 Esto principalmente con publicidad y autobombo en Facebook, lo hago subiendo fotos de los libros, comentando cosas  en mi muro. La mayoría gente que alguna vez me leyó y me sigue leyendo en el blog español y después pregunto cuando sale tu libro, dirigiéndome a esos fieles así empecé, también de boca en boca ,algunos necesitan ver  y tocar el producto para convencerse del todo.
  
  ¿Estás trabajando sola o formás parte de un colectivo de artistas? 
 Alberto Navarro Cuevas, Isidoro Reta Duarte, colaboraron con las portadas de Cuentos urbanos. Laura Paggi colaboró con la portada de Alma desnuda que es mi primer libro de poemas, Arte kids pintó un mural en Lomas de Zamora y cuando lo vi le saque una foto, parte de ese dibujo esta en Limbo, mi segundo libro de poemas y Laguna Soeler realizó un dibujo de una novela que se había publicado en la web en el 2010. Gracias a Manuel y  Miguel de librería "Piedra libre"  que  hacen los anillados y quedan así de lindos

  Hablando de tus cuentos, contame cómo los definirías.
 Mis historias son bien urbanas, son historias absurdas, descabelladas, a veces son tan ficcionadas que parecen reales. Algunas con finales abiertos. Algunos van con ironía  y sarcasmo, suelo reírme de ciertos temas o darse un doble sentido

  ¿Cómo te inspirás?
 Los títulos de los noticieros y diarios realmente son un disparador porque con una línea puedo empezar a suponer cómo pudo haber sucedido. Algunas historias rozan algunas experiencias ajenas que escuche por ahí o directamente me fueron contadas y no me las olvide jamás, pero me gustaría aclaran que en esos casos esas historias sufrieron transformación a tal punto que nada forma parte del texto es tal cual sucedió. Por ejemplo: El internado lo escribí después que mi cuñado me contó que había vivido en una escuela pupila y que se escapaban con otros chicos y se metían en  una pileta cerca de ahí, y eso fue lo único real, lo demás es ficción. Perdí un amigo jugando a la ruleta rusa,  escribí el relato situándome en la escena geográfica y otras exageraciones, yo no estuve allí  ni sé cómo ni por qué sucedió lo que sucedió pero largamente imaginé la escena me incluí como personaje y lo  relaté. En el taller literario de Claudia Espinosa, mi amiga escritora y tallerista de hace tres años es muy creativa y siempre nos hace hacer ejercicios de los cuales muchos de estos  relatos fueron escritos como tarea.


Libros, nocturnidad y alevosía
Foto de Eugene Richards


  ¿Cuáles son tus referencias literarias?
 Aldous Huxley, Isaac Asimov, Allan Poe, Borges, Mujica Láinez, Horacio Quiroga, Miguel Briante. Muchos textos interesesantes de escritores contemporáneos

 ¿Cómo recibe Ranchos tu producción literaria?
   La gente de Ranchos me recibió muy bien, lectores muy jóvenes desde 15 años en adelante, dicen que los chicos de hoy en día no leen, es mentira si les das el material adecuado y que le llame la atención seguro se van a sentir atraídos y continuar leyendo. A veces suelen leer obligados  y no siempre es  el género que más le gusta. Algunos dicen nunca me gusto leer pero con tus libros es distinto me divierten mucho. Creo que no hace falta decir más nada

   ¿En qué lugares los has presentado?
  En realidad no hubo presentación formal, aun no. Me gustaría mucho hacerlo. Sería solo cuestión de buscar fecha, lugar físico y empezar a buscar amigos y afines al rubro.

 ¿Qué significa ser una artista en los márgenes, en el off circuito literario?
 Significa: Animarse, atreverse, ser constante, perseverante  y no dejar que te bajen de un gomerazo, hay que seguir, no tengo la clave del éxito, creo que  está en hacer lo que a uno lo llena de satisfacción y lo hace feliz. Esta bueno esto de innovar un producto propio. 



16 de mayo de 2013

Arte. Geografía Modiano. Por Fernando Castillo


Damián Flores. Café Le Condé


  Desde sus inicios, las exposiciones celebradas en la Galería José R. Ortega se han guiado por cierta vocación literaria, por la voluntad de aunar arte y literatura, una coincidencia que tiene en el clásico ut pictura poesis su referente, pero que en el último siglo ha conocido un espléndida recolección. Ahora, la proximidad entre arte y literatura tiene de nuevo la posibilidad de manifestarse en esta exposición "Geografía Modiano", un proyecto de Fernando Castillo. Así, de nuevo arte y literatura juntas en un proyecto que tiene a la obra del escritor francés Patrick Modiano como eje y que ha convocado a unos artistas, no menos entusiastas de su obra y cuyo trabajo tiene mucho de literario, como Mariana Laín, Pelayo Ortega, Damián Flores y Carlos García Alix.


Carlos García Alix. Saint Lazare

Todos ellos, desde la perspectiva de la figuración contemporánea se han aproximado a la obra del novelista francés, un viejo conocido para la mayoría, para seleccionar una serie de imágenes que permiten combinar y aproximar la obra de los artistas españoles más modianescos con los textos de un escritor cuya poética tiene un contenido muy pictórico.

 
Pelayo Ortega. Nocturno – Hampa

La exposición se ha organizado en dos secciones tituladas "El Paris de los años negros" y "La ciudad de la juventud perdida", que responden a los asuntos recogidos por los artistas y a las obras de Patrick Modiano que han tomado como referencia. En todas las obras del escritor francés la presencia de París, la ciudad clave de la geografía modianesca que ha inspirado a los cuatro artistas, es una constante. A esta urbe, centro del mapa Modiano se han acercado los artistas  a través de un conjunto de obras inspiradas en textos de referencia en la obra del escritor.


Damián Flores. Secuestro

 De acuerdo con los temas escogidos, se han agrupado las obras de Mariana Laín, Pelayo Ortega, Damián Flores y Carlos García Alix en las dos secciones propuestas, determinadas por el contexto temporal al que se refieren. En el primer apartado, "El Paris de los años negros", se han reunido las obras inspiradas tanto por la llamada Trilogía de la Ocupación -integrada por Place de l'Etoile, Ronda de noche y Los bulevares periféricos-,como por obras más tardías que tienen a los años de la guerra como época de referencia. La principal de ellas es Dora Bruder pero también se puede incluir a Un pedigrí, especie de Piedra Rosetta de la literatura de Modiano, y tantas otras en las que de una u otra forma los días parisinos de la Ocupación están presentes.


Mariana Laín. Lefèvre – Utile (galletas LU)

 El segundo apartado, "La ciudad de la juventud perdida", ha reunido las obras inspiradas en el Paris de las narraciones más próximas a lo que podemos considerar literatura de iniciación, en la que, en ocasiones, el contenido autobiográfico es grande. Es el caso de obras como Una juventud, de L'herbe des nuits, de Un circo pasa, de El horizonte, de Remisión de condena o de Villa Triste, pero también de ese grupo de novelas protagonizado por personajes femeninos como el Café de la juventud perdida y Joyita. Todas ellas han inspirado a los artistas algunas de las pinturas que aparecen en esta exposición.


Carlos García Alix. Louis Ferdinand Celine

 La exposición se completa con un catalogo en el que se recoge la totalidad de las obras expuestas y textos del comisario de la exposición, el escritor e historiador Fernando Castillo, autor entre otras obras de Noche y niebla en el París ocupado, en el que las referencias a Modiano, Patrick y Albert, son esenciales, y Denis Cosnard, escritor y periodista, autor de Dans la peau de Patrick Modiano, obra clave sobre el escritor francés, creador de La Reseau Modiano, página web de la cual es director.


Mariana Laín. En la estación


EXPOSICIÓN GEOGRAFIA MODIANO
(16 DE MAYO-16 DE JULIO DE 2013)
GALERÍA DE ARTE JOSÉ R. ORTEGA
C/ VILLANUEVA, 42, MADRID




11 de mayo de 2013

Cuentos. El bosque que crece por las noches. Pablo Dobrinin. Por Sandra Ávila

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Oscar Domínguez. Ruth


¿Cómo nació la idea de escribir El bosque que crece por las noches?
El bosque que crece por las noches es una de mis historias favoritas. En ella trabajé la idea del bosque como símbolo del inconsciente, y utilicé algunos conceptos surrealistas –el azar objetivo– como coartadas para favorecer la anécdota. Más allá de esto, está inspirada en una historia real que me contó hace como veinte años su protagonista, una muchacha que conocí en el Instituto de Profesores Artigas cuando ambos estudiábamos Literatura. Mi amiga visitaba a un señor mayor en su casa, y éste le mostraba antigüedades y objetos curiosos. Ella encontraba esos encuentros semanales muy estimulantes, casi como una fiesta, hasta que un día el hombre interpretó mal sus intenciones y con torpeza procuró que aquella amistad se transformara en algo más. Eso supuso una rotura brusca y desagradable de la relación. Luego él le pidió disculpas. Tras algunas vacilaciones, ella se las aceptó y volvió a visitarlo un par de veces más, pero ya no fue lo mismo.
El personaje del relato que escribí se parece mucho a aquella muchacha que conocí durante el primer año de Literatura. Era delgada, de pelo largo y negro, le gustaba el surrealismo y Lautréamont, y tenía una personalidad fresca y encantadora. Desde entonces no la he vuelto a ver, pero aun conservo en mi biblioteca un fanzine realizado por ella.
La presencia de los eucaliptos tiene que ver con recuerdos de la infancia. Cuando era niño viví algún tiempo en Playa Pascual y estaba lleno de montes. Había pocas casas y muchos árboles. Recuerdo incluso haber recolectado hongos, visitado alguna casa abandonada y jugado con un primo en eso montes. Hoy en día la mayoría de ellos desaparecieron, y podría llegar a pensar que por eso me tomé revancha y construí un relato lleno de árboles.  Pero tal vez lo hice porque cuando yo era muy chico, las calles que recorría inevitablemente estaban flanqueadas de eucaliptos y esa era la realidad que conocía.


 ¿Cuánto tiempo te llevó?
Bueno, si hablo de la escritura puntual, fueron algunos meses de trabajo, pero si me refiero al proceso mental que la originó debo hablar de tres o cuatro años. La génesis de El Bosque que crece por las noches tiene que ver en gran medida con el modo en que mi mente procesa los cuentos. Los símbolos y los temas se instalan en mi mente y empiezan a dar vueltas, y cuando me doy cuenta tengo tres o cuatro historias en las que aparecen ideas de fondo similares, si bien los argumentos son bien distintos. En este caso lo que venía dando vueltas era lógicamente el bosque. El bosque como símbolo del inconsciente. El inconsciente en sí mismo no es ni bueno ni malo, y esa es una de las características que para mi gusto lo hacen interesante. Había intentado liberar esas ideas en varios cuentos; algunos los terminé y otros fueron quedando como cuentos inconcluso o proyectos. Entre ellos (había más) estaba: un cuento sobre un bosque que crece por las noches y que alguien dibuja en un cuaderno, y otro sobre un hombre que realizaba una serie de fotografías titulada El triunfo de la naturaleza. El triunfo de la naturaleza es una serie de fotografías que en algún momento pensé hacer, porque llegando a mi ciudad yo veía –hasta el día de hoy se puede ver– muchas máquinas abandonadas entre los yuyos y las flores, y también muchos autos convertidos en chatarra, siempre entre la naturaleza, los pastos, las plantas. Y cada vez que veía eso lo interpretaba como un símbolo. Finalmente junté los distintos argumentos en un mismo cuento. Fue una solución arriesgada porque es peligroso volcar tanto contenido en una misma obra, pero el resultado me dejó muy satisfecho. Lo que pasa es que las dos historias se anudan perfectamente: la naturaleza triunfa cuando se ingresa en el bosque, es decir en el inconsciente. Al terminarlo me di cuenta de que había utilizado una estructura similar a la de El regreso de los pájaros: dos personas (cada una con su propia historia) que tienen una conexión especial y terminan compartiendo un mismo destino.


Pablo Dobrinin

¿Cómo definirías tu estilo de escritura?
No todos los cuentos son iguales ni me los planteo de igual modo, pero en general intento que el estilo sea fluido y elegante al mismo tiempo. No me avergüenza decir que valoro el concepto de belleza. En este cuento en particular quedé bastante satisfecho con el estilo, creo que es dinámico y agradable, no te deja indiferente. Soy de la idea de que los recursos poéticos deben utilizarse con mucho sentido del equilibrio y de la oportunidad. También me sirven para trazar líneas subterráneas. Por ejemplo, en un fragmento la pareja avanza hacia una casa abandonada que está cercada por un pastizal, y entonces, para indicar el tamaño de los pastos digo que eran altos como un niño. Lo expreso así no solo para indicar la altura, sino para mostrar que el viaje es también hacia uno mismo. Luego, para mostrar la dificultar que supone avanzar entre esos pastos, escribo: “Era como caminar dentro del agua”. Es mucho más que una comparación de densidades, porque el agua remite a las emociones, a uno mismo, etc. Es un regreso en sentido espiritual. La casa también es un símbolo del ser. Entrar en la casa lo utilicé como un paso previo a entrar en el bosque. El ofidio que encuentran en un auto abandonado tampoco es casual, está asociado al conocimiento que llegará más adelante.
Para mí lo fundamental es llegar a las soluciones narrativas a través de la intuición, y luego redondear conceptos utilizando la razón; pero primero apuesto siempre a la intuición, porque es lo que le va a dar la frescura al relato.

 ¿Qué tienen en común o de distinto Colores peligrosos y El bosque que crece por las noches?
El bosque que crece por las noches perfectamente podría haber estado en el libro Colores Peligrosos, así que hay mucho en común. En todo caso es un cuento especial para mí porque abrí algunos caminos que me interesaba transitar. Hay un estilo de dibujo que parte de ilustraciones típicas de libros infantiles pero introduce luego elementos tenebrosos; bueno, yo intenté algo por el estilo, pero llevado al lenguaje. No es exactamente eso, pero sí me sirvió para pensar y elaborar otras cosas. Y después me interesa el relato por la estructura, que por momentos se parece al montaje cinematográfico; eso fue algo deliberado porque me di cuenta de que así le daba la fluidez que pretendía. Pero, volviendo a tu pregunta, ya tengo casi pronto un nuevo libro de relatos y, aunque los argumentos sean bien distintos, va en la misma línea que Colores Peligrosos. El bosque que crece por las noches va a ser parte del nuevo libro.


Número de la revista Próxima donde aparece publicado el cuento El bosque que crece por las noches.




5 de mayo de 2013

Amor de madre. Enrique López Viejo. Más improperios.


Fragonard. La buena madre...


No soporto lo de “amor de madre”. Si hay algo que me repugna es ver un tatuaje que luzca esta leyenda, que rece esta chorrada.  Particularmente, no me gusta ningún tatuaje que no esté escondido en partes íntimas, y ni así. Pero cuando observo horrores como este tipo de juramento en una epidermis, generalmente en tabernarios bíceps masculinos, me entran pavores perdularios. Perdularios y patibularios.
         Adoro, por el contrario, las expresiones que aluden a la maternidad. ¡Ay mi madre!, “madre de Dios”, “madre santa”, “tu santa madre”, “madre de mi corazón”, “madre del amor hermoso”, que suena con tanto candor. Hasta las más radicales, “te lo juro por mi madre”, “la madre que te parió”, “madre no hay más que una”, me parecen perfectas. Incluso el “tu puta madre” es una expresión que decimos sin demasiada mala intención, y ni qué decir tiene, que cuando calificamos “de puta madre”, estamos elogiando enconadamente el objeto de nuestro interés. Pero no me gusta lo de “Amor de madre”. Lo siento. Prefiero lo de “la cabra, la puta de la cabra, la madre que me parió”, aquella que se llamaba Asunción.
         Me horroriza la frase “amor de madre, que todo lo demás es aire”, “amor que ni la nieve hace enfriarse”. Me dan escalofríos. Lo de “a mí madre ni la mentes”, provoca un serio recelo. Sentencias tan tiernas como absurdas, como la de que “Dios, al no poder estar en todas partes, creó a las madres”. O lo que decía Alejandro Dumas… “una madre tiene algo de dios y mucho de ángel” me parece de un cursi insufrible. Nada tan repelente como “a mi madre le debo todo lo que soy”, te convierte en deudor desde el nacimiento, y niega la inmensa generosidad que se presupone de la figura materna. Con expresiones así quedo patidifuso. Prefiero lo del “coño la Bernarda”, horrible expresión con distintos orígenes. Parece que la tal Bernarda era una alpujarreña santera con cierto furor uterino, que hacía milagros con la salud del que se atrevía a solazarse con sus partes íntimas. Una barbaridad.
         En esencia y por razones mismas de la existencia, los asuntos maternales son muy socorridos en nuestras locuciones emocionales, en juramentos, en bendiciones, y en su contrario: en las maldiciones que se pueden proferir. Hay malas madres como buenas y maravillosas. No nos engañemos. Hurgando en la historia uno encuentra maternales sicopatías de todo grado, en todo orden y ambiente. “La mano que mece la cuna es la mano que mueve el mundo” se dice, y lo cierto es que uno piensa en ese movimiento del bebé en su canapé, en el silencio de una tarde de estío, arrullado con el susurro de una nana anónima… y puede ponerse muy nervioso. Se leen terribles noticias de madres perversas, y parece creciente el número de las que son fatales, horripilantes.  
         Al hilo de ello, con todo el respeto para las mamás del mundo y para vosotros lectores, pienso que en estos tiempos lo de madre santa suena pretérito, por más que el esfuerzo que hacen la mayoría de ellas sea indiscutible. Las madres son sagradas, pero, ¿qué es la santidad? Puede que sólo sea una falacia, un asunto del pasado. No corren aires místicos en la contemporaneidad, ni dominan la bondad y la ternura en las acciones humanas, esa es la realidad. No es laicismo, ni su contrario. Es lo que hay. Ni santas ni santos; somos humanos, demasiado humanos, por mas que haya madres divinas.


Filippo Abbiati. San Pedro desenmascara a la falsa virgen...



Lo ideal sería empezar hablando de mujeres maravillosas, iniciar este artículo del Día de la Madre con la Virgen María como lo hicimos con San José, recordar verbos alrededor de la Madre de Dios, progenitora por la Divina Gracia, y madrastra de los seis hijos previos que su marido José había tenido en anterior matrimonio, cuatro hermanos y dos hermanas que Jesucristo tuvo, algo que discuten evangelios y concilios.
         Esto no es una carta pastoral, ni soy yo quien para recrearse en estos recitados, lo que no es óbice para disfrutar con un breve recuerdo de la preciosa letanía lauretana, con las intercesiones a la Purísima, castísima, virginal… la Inmaculada. Letanía a María que es una oración en la que se han ido sumando  a lo largo del tiempo y en sucesivos papados, exquisitos epítetos y advocaciones de un gusto divino, que es lo suyo con el personaje. Divinas palabras.
         Madre amable y admirable, Señora abogada nuestra, digna de alabanza, de veneración. Madre del Buen Consejo. Virgen prudentísima, virgen clemente, virgen fiel… “Espejo de justicia, trono de sabiduría, causa de nuestra alegría, vaso espiritual, vaso de honor, vaso insigne de devoción”. Torre de marfil, rosa mística. Casa de Oro y Arca de la Alianza. Rien ne va plus.
         La Madre de Cristo, la mayor “top model” de todos los tiempos, la más de las más, algo que digo sin ánimo de ofensa de clase alguna. ¡Líbreme Dios! Es bien cierto que la Virgen María es una de las más guapas entre las guapas, verdadero modelo; la más retratada por todos los grandes durante siglos y siglos. No han sido Cecil Beaton, Irving Penn o Testino, han sido todos los grandísimos en la Historia del Arte, Leonardo, Velázquez, Rubens, Tiépolo... Mujer venerada, la más sagrada. ¿Qué me puede decir el lector de su ascensión a los cielos? Eso sí que es “top of the tops”. ¿Broma? No. Alegría, simpatía y buen humor. Es lo que tienen estos textos ligeros, su versatilidad y cierto ánimo que nos provoque algunas sonrisas.



Pedro Pablo Rubens. Ascensión de la Virgen



Cuán fabuloso sería proclamar a alguien todas estas alabanzas. Decirle a la señora que tienes al lado: “Puerta del Cielo”, “Estrella de la mañana”, “Salud de los enfermos”, “Refugio de los pecadores”, “Consuelo de los afligidos”… Reina de los ángeles, de los patriarcas, los profetas, mártires… de Todos los Santos. Tener alguien así cerca sería sentarse en un trono con mucho… tronío. Un mundo de gloria, gracia y belleza. Que bueno todo. Pero no. Ahora no se trata de ello. Hoy, desafortunadamente, vamos a hablar de otras, de las malas. Una pena. Pena, penita pena.
         Continuando los artículos precedentes dedicados a los improperios, empezaremos hablando de pécoras, de malas pécoras, de harpías o arpías, que las hay con letra “hache” y sin ella; con los pendones, badanas, con las husmias, con el bestiario correspondiente, víboras de lengua bífida, vacaburras marimachos, con un relativo etcétera con el que nos entretendremos un rato. Que me perdonen las madres -la mía en el cielo-. Que me disculpe el género femenino del que soy un enamorado eterno, pero continuando a los santos Valentín y José, insisto en estas barrabasadas, plural de palabra estupenda y recuerdo del porfiado reo Barrabás, que tuvo la suerte de que crucificasen a Jesucristo y lo indultasen a él, preso famoso y contumaz. Pensará el lector que ando siempre con los evangelios en la mano, pero puedo prometer y prometo que no es así. Hoy mismo acababa la famosa novela “Allá lejos” de Huysmans, lectura que no puede ser más diabólica, indecente y decadente.
         Empezamos el desfile con pendón. Un pendonazo. La RAE no reconoce este vocablo como calificativo de persona, que es sólo un estandarte, una bandera. Pero los humanos sí. Una pendón es una “mujer de vida licenciosa, de moral despreciable”, nos dice Pancracio Celdrán en su sensacional “Inventario General de Insultos”, editado por Ediciones del Prado, libro que hemos reseñado en artículos precedentes. La pendón no es específicamente una fulana, mucho menos una ramera en su plena acepción, sino lo que venimos en llamar un putón verbenero, que es adjetivo magnífico, lúdico y festivo. ¿Qué hay mejor en las noches de estío, que irse a la verbena y encontrar señoras estupendas? Pasear y bailar con pirilindas palomas y gachises peripatéticas. O su contrario… concitar galanes, chavales y jovencitos diversos.
         El de peripatética es un adjetivo griego y filosofal para las profesionales del amor, hetairas, furcias, lumis, lumias, colipoterras y manflas o manflonas. Querido lector, ¿habíamos oído lo de manfla? El de colipoterra es un vocablo que tiene su complicación. Suena muy vasto, pero es contundente y resabiado. Significa puta o rabiza en sentido estricto, aunque evoque a un bicho rarito.
         Sobresaliente es el de suripanta. La suripanta era la antigua corista a la que se suponía casquivana… “alegre de cascos”, señorita de moral sensual muy relativa. Es bueno lo de casquivana, es un calificativo mayúsculo, excepcional. Para la RAE es una dama que no tiene formalidad en su trato con el sexo masculino, lo que puede estar muy bien y muy mal. Lo triste es que jamás decimos a una mujer –y mucho menos a una madre- “eres una casquivana”, porque la palabra en sí es preciosa. De niño me gustaba este adjetivo que entendía relativamente; quería serlo de mayor y algo hemos podido hacer, aunque nunca lo suficiente.


Boucher. La odalisca morena. (Sra. Boucher)...


Como todos sabéis, sobre la profesión de meretriz hay cientos de vocablos y términos, exactos o referidos, un larguísimo etcétera para el que nos remitiríamos al insigne Don Camilo José Cela, q.e.p.d., que demostró saber un montón el muy cabrón, (que rima como a él le hubiese gustado). Lo sabía todo al respecto. De peliforras, esquineras, olisconas, yiras y volantusas, rondonas… de cientos.  
         Muy cercano al pendón, en orden próximo, están las golfas, mujeres deshonestas de una manera u otra. “Hay mucha golfa”, como golfos, golferas y golfines. Las golfas suelen ser granujas. No es buena la golfería, aunque tenga sus momentos divertidos. No es recomendable, es peligrosa, aunque golfo o golfa son insultos que no están sometidos a la ley, como ocurre si a uno lo llaman gordo o faty, o su contrario: “eres un guiso de alambres” y le señalas su condición anoréxica. Ahora hay que tener mucho cuidado con lo que se dice, puedes encontrarte con que te interpongan una demanda, una querella. Estamos muy resabiados e insidiosos. El mundo moderno nos ha hecho justicieros, justiciables y, con frecuencia, pagamos justos por pecadores. Hay que tener más cuidado con lo que se dice que con lo que se es. Mundo hipócrita.
         El de hipócrita es un insulto incisivo, elegante y muy griego también, crítico y dramático, un punto trágico. Ser una hipócrita es grave, muy grave. Hipócrita es el que finge sus sentimientos, algo terrible moralmente. Cuando se califica con este término, hay razones sólidas de enfado serio. Que te digan que “eres un hipócrita y un cabrón”, en masculino o femenino, mancilla y enfada. La hipocresía es un cáncer, pero no es palabra fea.
         En la cuestión de lo políticamente correcto, ahora no puedes decirle a nadie que es un baboso, una canija, o un tirilla. Te expones que al proferir determinados vocablos te encuentres ante comisarios de comités con sus tribunales, que suele ser gente escrofulosa (¡maravilla de palabra!), o raquíticos mentales escasamente tolerantes, y te la cargues. Ya es que no puedas amenazar verbalmente, sino que decirle a una persona “eres una cabrona”, te hace susceptible de ser denunciado a una organización de defensa de los animales. Pero son verbos inevitables.
         Ladina no tiene nada que ver con ladilla, que todo el mundo sabemos que se trata de un parásito, el huevo de un piojo. Una ladilla es una piojosa, una sabandija tocapelotas, una sanguijuela, una birria, por decir unos cuantos insultos seguidos y perfectamente utilizables en cualquier momento. Birria se decía mucho. A mí me gusta. La ladilla es insecto nocivo, especie que tiende a desaparecer según he leído últimamente, con las modas del afeitado integral y la depilación absoluta y continua. ¿Tendremos que protegerlas? ¿Quién nos iba a decir que nos asemejaríamos a los  marcianos que imaginábamos de niños en los dibujos y películas de ficción?
         Ladina es la mujer taimada y astuta, una artera. Ambos, ladina y artera, suenan “muy especiales”, y dejan para el arrastre a las mujeres calificadas como tales. La ladina es mala como la ladilla. La primera es como antigua y malvada; la piojosa, más molesta y pingajosa. (No olvidamos que el ladino es lengua sefardí y preciosa variedad del Castellano hablado todavía en lugares como Estambul.)         


Karl Briullov. La mujer turca...


Junto a las golfas, a las “ligeras de cascos”, se da un sinfín de mujeres peligrosas que no tienen –precisamente- los fantásticos modelos de influyentes como la princesa de Éboli, (dama tuerta de la que siempre se dice “de rara belleza”), cortesanas como la Maintenon, finalmente casada con el Rey Sol (que tan alta opinión tenía de sí mismo); las recordadas en anteriores artículos, la soberbia mecenas marquesa de Pompadour, la arribista Madame du Barry, la singularísima Lola Montes, románticas espías como Mata-Hari, por traer a la memoria a divinas de siglos anteriores. Mujeres con mucho peligro. Mujeres que no fueron rosas místicas, estrellas de la mañana, vasos de oro. Que no son dulces gracias como las de Botticelli, nada que ver con las graciosas de Boucher. Hay muchísimas más desgraciadas. Ser una mujer desgraciada es una condición terrible, tanto si eres la causante o la víctima de la desgracia que se sufre. ¿Cuántas desgraciadas madres? ¿Cuántos amores desgraciados?
         Hay desastres. Horrores. Las mamonas, las marranas, las guarrindongas, las hijasdeputa, las calientapollas, las bobas de baba, caracteres e insultos que no requieren más comentario por lo explícitos que son. Estos tipos de señoras son legión, lo que es una lástima, pues se multiplican en otras muchas… las zangarillejas, viles y villanas, zascandiles currutacas, las badanas, insulto poco común que se traduce en mujer cachonda y haragana, una joya.
         Ser una cachonda tiene distintas acepciones y muchas muy buenas, significados que ahora no referimos por su extensión. Como otros importantes calificativos, “ser un cachondo”, es muy diverso. “Tú eres una cachonda”, “no te cachondeas de mi”, “cachondón”. Es un adjetivo que deviene en expresión de acepciones infinitas, un firmamento. Esto mismo que escribo es un cachondeo.
         También son preciosos insultos los de barragana, que se refiere a la concubina fielmente amancebada; y el de ñordija que nos dice Celdrán que es palabra muy grosera en la que se califica a una dama como “una tía de mierda”. Ñordija, no lo había oído nunca hasta que lo he leído en voz alta. Ñorda es su masculino. Un ñorda es un ninchi, que suena como suena: ninchi. Mal tipo.
         Perdón, pero sigo con pendón. Las mujeres pendones son también pindongas, busconas pendejas. Son lo que a veces llamamos pilinguis. Pilingui es de los insultos con plena letra “i”, siempre graciosos… pitiminí, tiquismiquis. Antes se decía mucho lo de “esa es una pilingui”. Como lo de “punto filipino”, expresión exótica en sumo grado.
         El punto filipino puede ser masculino, y es aplicable a diferentes mendas y prendas, que a su vez los hay en ambos géneros. Prenda era un vocablo para dirigirse a un amante, un llamado amoroso. Pero hoy todos sabemos lo que es un prenda. Lo mismo del menda o la menda, unos cualquiera. Y no olvidamos al lerenda, que va siempre a la cola del menda.
         Lo de ser un punto filipino no se refiere a un aborigen tagalo de las islas del extremo oriente que fueran españolas,  Mindanao, Luzón y siete mil más. El punto filipino es, generalmente, un sinvergüenza desvergonzado. Se dice que era como se llamaba a los vagos metropolitanos que habitaban en la colonia asiática, pero su acepción común es la de un “ser difícil” en distintos aspectos. Es “un elemento”, que tanto es un fresco como resulta persona peligrosa. La punto filipino puede ser de armas tomar. El varón suele ser un mero mandria o un simple gandul, pero muchas veces se mimetizan con macandones y mindangos, tipos de chulos y macarras que no incluimos en capítulos anteriores, y que tienen su “eme” inicial como mucha mierda de gente, la gente de mal fario, los malauvas, los malaleche, los malquedas y las malasputas. Todos malos por una razón u otra, todos ellos malquistos, palabro que queda como muy bien, pero que es justo su contrario. Malquisto es el que queda muy mal.
         Antes de dejar a las mujeres malas, -muchas estupendas por otra parte-, merece la pena dejar constancia de la descripción que hace Celdrán de la mujer arpía, y lo hace en su acepción clásica, como ser mitológico, un buitre con garras y rostro de mujer con orejas de oso. Ahí es nada, vaya aspecto. A lo largo de esta vida, en sus distintas etapas, encontramos cientos de arpías, mujeres aviesas, muchas disfrazadas de aves del Paraíso, pero siempre odiosas. Desde verdaderas niñas en algún grado rijosas, a viejas decrépitas capaces de retorcerte la neurona o el cuello. Las podemos llamar también tarascas, que suena como suena, y que son el diablo hecho mujer, verdaderos demonios.
         ¿Mujer demonio? Para algunos exégetas y rabinos, Lilit fue la primera mujer de Adán. Anterior a Eva. Pero esta primera dama Lilit no quería yacer con el primigenio y se largó del Paraíso para encontrarse con un verdadero demonio, Asmodeo, un diablo de los judíos, con quien se convirtió en una tragaldabas devoradora de niños. El lector puede que se sorprenda de saber que Adán empezó con un divorcio previo, pero algo hay de cierto. Hay quien dice que Eva fue segunda esposa y origen del desastre iniciado con la ingesta de la puñetera manzana y el rollo de la enrollada serpiente, cuya consecuencia fue la expulsión de la pareja del terrenal cielo, condenándoles a buscar trabajo, con lo mal que ha estado esto siempre. ¡Vaya con el Edén, una se largó con un demonio con el rabo entre las piernas, y al otro le ponen a poblar la tierra, con los tráfagos que ello obligaba!


John Collier. Lilith...


La harpía es una mujer perversa para la RAE. Como vocablo y como mito, ser harpía tiene sus pelendengues, (palabra bailonga que evoca a una jota aragonesa), y tiene sus requilorios, extraño término que nunca había oído; “eres un requilorio” suena raro, muy raro. Lo de pelendengue ahora se escucha poco, yo lo sigo diciendo. “La cosa tiene sus pelendengues”.
         Con la gran letra “hache” tenemos husmia, “serás husmia”, que es una mujer meticona para los diccionarios, pero que utilizamos como rácana, tacaña, roñosa. También es masculino. Un husmia es un cutre misérrimo. Como otro muy gutural y palatal, el de gurrumina y gurrumino, insulto amplio poco utilizado. Es un ser ruin y blando, un pusilánime que no sirve de ná. Un penseque. La gurrumina es una mezquina. El gurrumino es distinto, es quien actúa en exceso condescendiente con su mujer. Puede ser un maromo (que se escucha mucho), un jato (becerro, mero acompañante), un propio, o un lloramigas. No es un chulo putas, un macarra, un gigoló, mucho menos “un chevalier servant”. Es eso: un maromo que a veces resulta ser un palomo cojo. Hay mucho palomo en los cuellos de las mujeres. “Como serpientes” le decía Coco Chanel a su amigo Paul Morand. Sabía bien de lo que hablaba, fue gran amiga del ofidio Cocteau, y sufrió lo indecible al  inefable Maurice Sachs, (inefable por decir algo, que se podrían decir cientos de calificativos como en su día hice en la semblanza que de él escribí publicada por Editorial Melusina).
         Un penco, una penco, tanto es una mujer escuálida, como una puta vieja. Una verdadera lástima, un ser que da pena. Es un insulto breve y sobrio, austero. Pero un penco es mucho. La penco –como otras- puede estar con un mondongo, individuo que nos recuerda a candongo pero que es un ser más antipático. Suele ser un canalla.
         Mondongo a muchos les referirá a un embutido, a chorizos y morcillas. El otro día leyendo a Leigh Fermor en su viaje por las Antillas, “El árbol del viajero”, me encontré con los auténticos mondongos que recordaba de niño leyendo libros de geografía. Nos comenta el exquisito autor inglés, (q.d.e.p, desde hace bien poco), que los mondongos eran caníbales de tribus congoleñas, etnia especialmente agresiva trasladada al Caribe y protagonistas activos del vudú haitiano. Un horror terrorífico. Si un mondongo era oscurito, ¿cómo será la mondonga? Pavor.
         “Una mala pécora” es un insulto ideal para mujeres, sean o no de mala vida, frecuente en las viperinas bocas de aquellas señoras con “garras de astracán”, como las llamaba el simpático Terenci Moix, (q.e.p.d. también). La pécora es una mala muy mala, tan horrible como –agárrese el lector— la rabiculindreja, la villana malvada y luciferina. Otra vez el diablo hecho mujer y sin la imagen de Marlene Dietrich, precisamente.
         A las damas, señoritas o ancianas las podemos llamar de todo. Verdaderas animaladas. Reptil, víbora, serpiente, lagarta. Adjetivarlas como equinos con distintas acepciones. Un caballo de tía, una potranca, burra, burraca, burrancana, una mula, ofrecen distintos sentidos. Ser el híbrido bóvido que decimos vacaburra, un imposible de la naturaleza que se da en el género femenino. Una mujer chabacana. Lo de chabacana es mucho, son cuatro “aes” despectivas al máximo.
         Las macizas y las macizorras pueden no estar mal, y de hecho, suelen estar muy bien. Las marimachos, que tienen su lógica psicofísica, las machorras (la suya patofísica), las tipejas y los esperpentos de horribles fisonomías. Marimacho es otra categoría que no requiere explicación para el lector. Como foca, morsa, o ballena que hay mucho cetáceo. Las focas suelen ser unos magantos, perezosas y holgazanas, vagas. De aspecto felino: gata, pantera, tigresa, leona, todos ellos con su erótica relativa. Pantera es lo más. Insectos… moscón, moscardón, mosquita muerta y otros conocidos testiculares. Aves, muchas. Cotorras y lechuzas. De zorras, zorrones y zorritas hemos hablado, de roedores también: los de callejón, las de alcantarilla. Arañas y escorpiones. ¡Qué decir de la mujer vampira! ¡Uf! Lo cierto es que brujas hay muchas y aquelarres pocos. Que hay más pendones, pécoras y pencos que diabólicas diablesas.



Hans Baldung Grien. Las edades y la muerte.


Hans Baldung Grien. Las tres gracias...


Si es dama grosera decimos que es una zarrapastrosa, un adefesio, y si además de fea es malvada, la llamamos comemierda, (algo bien expresivo). Adefesio es una palabra preciosa, antigua y con una particular eufonía. También están las piltrafas o las quita hipos que dan pánico. Hay mujeres que quitan el hipo por su belleza, pero ahora no hablamos de eso, sino de hidras con culebras en el pelo, de pólipos adiposos o incrustados, de monstruos, féminas terribles que provocan eructos o náuseas, cuando no mayores males, síncopes diversos. ¡Cuántos horrores se adivinan en la imagen en sueños de la máscara de una hidra desmelenada! ¿Cuánto el odio femenino cuando hay un desacuerdo grave?
         Necesito aire. Pensar o recordar malas mujeres, a las mujeres malas, es un pérfido trasiego mental. Un cierto sopor aciago me enerva con estas hidras de hiel que no de agua, con esperpentos que no son ninfas, nereidas, ondinas, que sería lo suyo. Me relajaré, abro la ventana, que entre la brisa. Aire, necesito aire.
         Fresca es lo más suave que se le puede decir peyorativamente a una mujer -y a un hombre-, pero es un insulto que no funciona en las peleas, apenas en las disputas menores. En una buena contienda se pasa rápido a las calificaciones de perra o zorra en el orden bestial, o pelandusca en el amoral. Pelandusca y pelandrusca (que lo hay con “erre”), son fenomenales, suenan relativamente finos y requieren cierta entonación, aunque califica a señoras o señoritas que son una malas putas, unas hijas de la gran puta o hijas de la gran chingada, si se dice con un tequila de más.
         Más leves son las tolilis. Tolili suena a atolondrada. Su evolución es la de tolilidonga, que es mucho término, recuerda a un aborigen del Pacífico. Y tolondrón, que se oye más, con aire de jota (esta vez castellana), recuerda a majarona, a majara perdida, loca de atar. Tolón.
         Ya en su día hablamos de tontos de todo tipo y condición, pero aprovecho el dominio femenino de estos párrafos para recordar lo que nos cuenta Celdrán que fue “la tonta del calendario”, la que inventó aquello de “atar los perros con longanizas”, muchacha que trabajaba para el suegro del pintor Goya, su maestro Bayeu. Una chica poco lista, una tonta de remate. Ahora dirían que fue una excelencia, palabra que oímos de continuo justo cuando habíamos suprimido el tratamiento de “excelentísimo”. Los seres modernos somos una cosa tonta. Decimos gobenanza en vez de gobierno. Así nos va. Una gobernanta con fusta les ponía yo a muchas y a muchos.
         A tontas y a locas, vamos a despedirnos y rehuir el daño mental que puede producir recrearse con tantos improperios, abundando en estas cuestiones, en los caracteres de mujeres poco deseadas. Habiendo tantas mujeres buenas y damas estupendas, que me tenga yo que poner con las peores, ya me vale. Acabemos.
         Como adiós, celebro que vivan las madres que parieron a las mujeres todas y a los hombres también. Me declaro con rubor ante su amor. Como un seráfico querube, angelote o diablillo, pretendido Romeo, pretencioso galán. Como lo que haga falta, que para eso hice profesión casquivana de fe… (Y una fe sin obras, es una fe muerta, nos decían). Que plazco de las letanías que la literatura ha dado en asuntos femeninos. Que opino que este lío de siglo que tenemos inicia el milenio del poder omnímodo de la mujer. Desde Eva y Lilit, primigenias en el Edén, hasta los lilipendones actuales, el género femenino es Principal con mayúsculas, protagonista fundamental. El sustento de la existencia en la Tierra, en la Naturaleza, en el Mundo Mundial y el Firmamento Celestial. Que los planetas van detrás de las estrellas. Que Vida es un soberbio y superlativo sustantivo femenino, ¡qué ya es decir! ¡Mamma mía! ¿Qué diría mi santa madre?
         Ciao, lector. Pongo una flor en el ojal de mi chaqueta para encontrarme con mi dama, un clavel. O mejor buscaré una florecilla violeta de cardo, que es lo que se estila en Escocia, cuyo aguardiente beberé a la salud de todas las señoras estupendas en el Día de la Madre.



Enrique López Viejo


Enrique López Viejo (Valladolid, 1958) es licenciado en Historia Antigua y Geografía por la Universidad Valladolid. Cursó también estudios de Ciencias de la Información en Bellaterra (Barcelona) y ha ejercido como docente, profesión que abandonó para emprender negocios privados que le llevaron a Mallorca, donde reside. Es el autor de Tres rusos muy rusos. Herzen, Bakunin y Kropotkin (Melusina, 2008) Pierre Drieu la Rochelle. El aciago seductor (Melusina, 2009) y La Vida crápula de Maurice Sachs (Melusina, 2012).




2 de mayo de 2013

Libros. Gloria Dixit, su película. Jorge Sagrera. Por Sandra Ávila


Detalle de Pierre Commoy y Gilles Blanchard



Jorge Sagrera nació en  San Pedro (Buenos Aires), en 1953 y  se licenció en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario. Autor de El ojo del ciclón cuentos (Grupo Editor Latinoamericano, 1995). El Fondo Nacional de las Artes le concedió el primer premio a su novela El talón de Esaú (Grupo Editor Latinoamericano, 1996). Escribió el guión del Documental Malvinas 1982-1998 que consiguió el primer puesto en la categoría 3 de los Premios ATVC (Asociación Argentina de televisión por cable). Entre otros libros es autor de los libros de cuentos, Idos; Niños y Descoloridos (La máquina del tiempo, 2006); Los corderos imperfectos (editorial La máquina del tiempo, 2010) y Los últimos polvos de la estrella (editorial La máquina del tiempo, 2011). En 2012 la Editorial Académica Española (EAE) publicó su ensayo de Hermann Hesse a Paulo Coelho, o Siddharta en los tiempos de El Alquimista. En abril de 2012 publicó en la web  La vida de Gloria Dixit Esta novela guionada salía  dos veces por semana, en principio  este personaje de Gloria fue creado para interactuar en Facebook. Enseguida llamó la atención de sus seguidores y  así fue como Jorge Sagrera decidió escribir esta novela. 




¿Cómo surgió la idea de la novela Gloria Dixit? 
Gloria Dixit es un personaje que diseñé para interactuar en Facebook. Los datos de su perfil indican que nació en 1940 en Balcarce, Argentina, y que actualmente vive en San Pedro.
A través de las publicaciones, los visitantes se fueron enterando de que Gloria transitó y vivió algunos hitos de la década de los sesenta. Hemos leído que estuvo, entre otros sitios, en los EE.UU. con los beatniks; en París en plena efervescencia del Mayo francés y en Checoslovaquia en la Primavera de Praga.
En un determinado momento algunos de los amigos de Facebook de Gloria Dixit comenzaron a escribir mensajes de este tipo: “¿Para cuándo la novela de la vida de Gloria?” o “¿Para cuándo su vida?”.
Transcurrido un tiempo, decidí darle paso a este pedido y fue así como imaginé esta forma de escribir “la vida de Gloria Dixit”.
El guión es un fragmento de la vida de ella. No es estrictamente un guión, es un híbrido con novela. Porque los que lo leen son primeramente ‘lectores’ y no ‘espectadores’ y la idea es que pasen un buen rato. Es decir, que la lectura sea entretenida.
La ‘película’, que podía leerse en el Facebook de Gloria Dixit y en el blog: http://www.gloriadixit.blogspot.com/ , está ambientada, fundamentalmente, en 1968 y las locaciones son San Pedro, Argentina, París y Mallorca.


¿Cuánto tiempo te llevo escribirla? ¿Cuántos capítulos eran?
Comencé a escribir este guión, que tuvo las características de los antiguos folletines, en diciembre de 2011 y lo terminé en abril de 2012.
Las entregas (tres escenas cada vez) fueron semanales: se publicaban los miércoles y los domingos. Los capítulos, en realidad escenas, las iba escribiendo casi en vivo. No había mucho tiempo para corregir.


¿Cómo será la publicación de  tu novela Gloria Dixit en versión papel es lo mismo que salió en la web o esta es una versión más completa?
Es la misma versión. Aunque me tomé todo este tiempo, porque en esos cinco meses que duró la “película”, no había tenido la oportunidad para releerla detenidamente.

Egon Eschiele. Friederike Beer, 1914


¿Cómo es la nueva novela en la que estás trabajando ahora?
Esta nueva novela o guión, está relacionado con el viaje, de Gloria Dixit a Nueva York Soho, en el año 1966.

¿En qué te inspiras?
La vida está en una permanente dinámica, es una obviedad decirlo. Cada día, aunque se esté anudado a una rutina severa,  es diferente al anterior y al que vendrá. Esta dinámica nos va modificando. Personalmente espero, sinceramente, cambiar para bien. Digo esto de los cambios, porque sucede con mi literatura. En El ojo del ciclón (cuentos gestados entre el 90 y el 93) instituyo que subyace la siguiente  temática: el hombre no puede ser lo que está llamado a ser por cuestiones ajenas a su existencia. Se trata de un hombre sin control de la situación, sujeto al arbitrio de los vientos. En algunos de estos cuentos puede percibirse que, personas o la vida misma (tal vez Dios), conspiran contra la felicidad de los personajes.
Sin embargo, en El talón de Esaú (1995) sobrevuela otra temática: aquí puede leerse que, intentar "saltar o saltear" la cruz, no es negocio. Entonces nos encontramos con otra actitud hacia lo Divino y hacia los hombres. La cruz se acepta y se carga, como se disfruta y se goza la Resurrección. El personaje de la novela, para poder ser lo que está llamado a ser, tiene que aceptar ese cara y cruz que propone la natural  y necesaria dinámica de la vida.
Finalmente, en Los corderos imperfectos, se plantea otra cuestión. ¿Qué sucede con ese hombre que con su no respuesta, con su no compromiso deja un blanco en la historia? ¿Qué pasa con ese hombre que no consigue acertar el camino?... ¿Le dará Dios da una segunda oportunidad? ¿Está comprometido Dios con la felicidad del hombre?
Entonces, ésta es la evolución de mi literatura, ésta es mi evolución interior.
En relación a los temas que me habitan transcribo algo que escribí para referirme a mi libro de cuentos Idos; Niños y Descoloridos:

Idos: Son personajes que están al borde, cabalgando entre la normalidad y la locura, si es que estos dos conceptos tuvieran fronteras o límites exactos. Tienen relativa conciencia de estar en el momento justo equivocado, y no pueden hacer mucho para remediarlo.

Niños: Es propio de la vida los dolores en los niños. Son naturales. La cuestión está en cómo cada uno de ellos se asoma otra vez a la vida luego de ese embate. Hay que considerar, también, que esos dolores no sean antinaturales; o por decirlo de alguna manera, que esos dolores sean evitables.





Cito, al respecto, unos párrafos de Camus y de Dostoievski.

Hubiera podido decir (sermón del padre Paneloux) que la eternidad de delicias que esperaba al niño le compensaría el sufrimiento... ¿quién podría afirmar que una eternidad de dicha puede compensar un instante de dolor humano?

 La virtud de aceptación (del dolor) no debía ser comprendido... como resignación, o como humildad. Se trataba de humillación, pero que el sufrimiento de un niño es humillante para la mente y el corazón, pero precisamente hay que pasar por ello.

... El sufrimiento de los niños es nuestro pan amargo, pero sin ese pan nuestras almas perecerían de alma espiritual.
Albert Camús. La peste.


Sin embargo, ahí están los niños, ¿qué voy a hacer con ellos, entonces?

Escucha: si todos hemos de sufrir para comprar con nuestro sufrimiento la eterna armonía, ¿qué tienen que ver con ello los niños?

... se daba golpes en el pecho con sus manitas, y en su maloliente encierro rogaba al "Dios de los niños" con sus lágrimas imperdonables.

 F. M. Dostoievski.
Los Hermanos Karamázov.  
                   

Jorge Sagrera


Descoloridos: Son esos personajes que no terminan de definirse. Viven en una habitual y cómoda tibieza. Tal vez, debida a una cierta pereza ante la dinámica natural de la vida.



¿Cuántas horas al día le dedicas a la escritura?
Mis horarios fijos son de 6.30 a 8.30, de lunes a sábados; y luego por la tarde dos o tres horas, según me lo permitan el resto de mis actividades.


¿Cuáles son los escritores con los que vos te sentiste influenciado? ¿Por qué?
De adolescente leía los libros que había en la biblioteca familiar: la colección Iridium: Verónica al timón; Verónica estrella de cine; también de la colección Robin Hood. Además y sobre todo la literatura llamada paulina: la vida de San Francisco; casi todo lo de Carlos Carretto; las Cartas de Nicodemo.
Así mismo recuerdo que leíamos revistas de Vida de Santos, que podían retirarse gratuitamente del Colegio Parroquial. Otra actividad era ir al Cine Club: mi hermana mayor nos llevaba a los más chicos a ver películas del cine de Europa del este. No entendía mucho aquellas historias sombrías en blanco y negro, pero sin duda han contribuido bombeando sangre a mis venas literarias.
A leer algunos libros de espiritualidad sentía que me relacionaba con el mundo, con Dios. Dicho de otro modo: sentía que rezaba. Me preguntaba si este tipo de lectura no podía darse a partir de un texto de ficción. Para mi alegría encontré, más adelante, la literatura de Dostoievski (Los hermanos Karamazov, por ejemplo) Tolstoi (Los tres staretzi, entre otros). O Salinger con  El cazador oculto o sus Nueve cuentos que, como salida, proponen la sencillez de los niños o de los que son como niños.
También, y desde otra postura existencial, la lectura de La Peste de Albert Camus, me produjo una fuerte conmoción: era el gemido del hombre ante el silencio de Dios. A pesar de su condición de ateo o de agnóstico sentí que, con la lectura de esa novela, yo estaba rezando ("Bien sé que el hombre es capaz de acciones grandes, pero si no es capaz de un gran sentimiento no me interesa"). Creo que ahí comprendí que, en sus vidas de escritores, se libraban grandes batallas como la que protagonizó Jacob aquella noche, para conseguir (arrancar) de Dios una bendición. También comprendí que yo me asemejaba a ellos y que quería escribir historias que tuviesen que ver con esta necesidad del hombre de ser lo que está llamado a ser.


Egon Schile. Autoretrato, 1910


¿Por qué elegiste esta profesión y no otra? que es lo bueno y lo malo de ser escritor?
Suelo decir que escribir es como respirar. Me gustaría poder respirar más horas por día. Es decir, el lugar del escritor, de cualquier actividad artística en general está anudada a la utilidad. ¿Sirve? (por otra parte podemos preguntarnos qué queremos decir cuando decimos que algo sirve o no sirve). En la Revista Ñ del 11 de noviembre de 2006, Wolfgang Schluchter advierte que, en Alemania, carreras como sociología van a tener que luchar por la supervivencia. Habla de nuevas concepciones: las universidades deben adaptarse a los requerimientos de las empresas. Se trata de la comercialización del ámbito académico.
 Yo, a escribir, lo considero un oficio. El escultor trabaja con el mármol, esculpiendo, dándole al martillo y al cincel hasta conseguir la forma que imaginó. El escritor trabaja con las palabras.


¿Cómo comenzó tu experiencia narrativa? ¿Podés señalar hechos, personas,  lecturas que hayan influido en tal camino?
Mi experiencia narrativa, directamente relacionada con la idea de publicar, tiene su origen en el año 1991. Sin embargo, antes, ya venía escribiendo, registrando algunos sucesos simples, pero inabarcables e inconversables en la diaria cotidianeidad, como por ejemplo: un amanecer camino a la fábrica donde trabajé hasta el año 1999. Tengo una carpeta "El cajón de las ideas", en la que conservo anotaciones de aquella época. De manera que, entre los veinte y treinta años, dejaba asentado en hojas  sueltas la forma en que la vida me llegaba.
De adolescente o de joven no tengo nada registrado: ni en la mente ni en el papel. Sin embargo, ya habiendo publicado, compañeros del colegio secundario, me recordaban que, por aquellos días, alguna redacción mía se había abierto paso para ser considerada por la profesora de Castellano.
El hecho que posibilitó que me decidiera por la escritura con la intención de compartirla con los demás, fue el siguiente: como dije antes, trabajaba en una fábrica, en la sección contaduría. Había ingresado en el 79.  Se trabajaba mucho. En ocasión de los cierres mensuales estábamos adentro de la fábrica casi  catorce horas. Cuando me casé y tuvimos hijos, se hacía duro el ritmo de trabajo. Luego de diez años, y gracias a un negocio familiar, decidimos dejar la fábrica. Corría el año 1989. Comencé a encontrarme con tiempo libre: estar al mediodía en casa significaba un momento  invalorable.
Por aquellos días mi hermano me alcanzó un libro, La elección, de  Og Mandino. La historia trataba de un hombre que trabajaba en una oficina y dejaba su trabajo para dedicarse a escribir. Remontando las opiniones contrarias el hombre se compraba un faro y se instalaba ahí para encarar su nueva actividad. Obviamente le fue muy bien. Esta novela me produjo gran impacto. Corría el año 1991. Luego supe que, a este tipo de literatura, algunos la consideraban menor. Es más, si ahora tuviera que leerla, me costaría. Posiblemente esté mal escrita, a lo que hay que agregarle las traducciones que suelen ser inadecuadas para este lado del planeta. Sí es justo señalar que, a partir de este libro, yo decidí comenzar a escribir para compartir con los demás. Dicho de otro modo: comencé a pensar en publicar.
Cuando tomé esta decisión, tuve la gracia de que alguien me recomendara asistir a un taller literario: y lo hice. Viajaba a la Capital cada quince días. Los frutos de esta siembra se vieron a los tres años. A partir de ahí obtuve algunos reconocimientos, luego participé en concursos de libros de cuentos y me fue bien y así pude publicar mi primer libro, El ojo del ciclón (1994). Para llegar hasta aquí tuve que remontar serias dificultades con mi ortografía y mi sintaxis (todavía arrastro algunos errores). También, entre otras cuestiones, tuve que aprender a no imponer un clima, sino a sugerirlo. De manera que tuve que trabajar para conseguir mi estilo y mi voz narrativa.






Jorge Sagrera presentará "Gloria Dixit, su película", en la Feria del Libro de Buenos Aires 2013. La presentación se llevará a cabo el martes 30 de abril y el miércoles 1 de mayo, a las 20.00 y a las 14.00 respectivamente, en los stands 116 y 118 del Pabellón Azul de La Rural.