LECTURAS A CONTRATIEMPO

LITERATURA UNIVERSAL. EL “BILDUNGSROMAN” DE SABINO MÉNDEZ

ANNA MARIA IGLESIA

6 de agosto 2017. (Felices vacaciones. Regresamos en septiembre)

Jukebox. Vargo. The Moment

Queremos irnos muy lejos

Revistas. Cien números de Álbum. (De ABC cultural, 3 de julio 2010)


Álbum
Andrés Ibáñez

Hace muchos años que cayó en mis manos por primera vez un ejemplar de la revista Álbum, que acaba de llegar a un glorioso, dorado número 100. Álbum dedica sus páginas a las artes y a los libros, y destaca en el mundo de las revistas en español por una decidida defensa del arte como belleza. No es que Álbum sea una revista combativa ni pretenda luchar contra nada. Su tono es, por lo general, más enunciativo que argumentativo. Sus artículos nos hablan, reposadamente, de aquello de lo que tratan. En el número 100 los temas son un escritor (y pintor) un tanto olvidado hoy en día y muy importante en su época, Wyndham Lewis; la pintura neoclásica de maravillosos, reverberantes colores, de Lord Leighton; un paseo por el Museo de Bellas Artes de Berna; un artículo sobre Paul Klee y el Oriente, una recensión de la exposición Monet y la abstracción y unas selecciones del libro Ética y estética, de Eugenio Trías.


Un serio problema

Cuando uno dice que se siente maravillado por los cuadros de Mark Rothko, ya no tiene que decir nada más. Está bien, está dentro del canon. Pero si uno dice que se siente maravillado ante la pintura de Lord Leighton, puede encontrarse en un serio problema. Tendrá que explicar que le gusta Leighton pero también Rothko, que no está en contra de la modernidad sino plenamente a favor, y a pesar de todo seguirá siendo sospechoso, y en cuanto se despiste vendrá alguien y dirá que es un fascista. Tengo que confesar que cuando apareció el número 100 de Álbum, una revista que siempre me ha interesado y que he seguido a lo largo de los años (con la misma avidez visual, por ejemplo, con que seguía la célebre Franco Maria Ricci, cuyos números atrasados compraba a montones en VIPS), y cuando pensaba escribir una columna sobre el número 100 de Álbum, había un pensamiento que me detenía: el temor a ser catalogado de reaccionario o de fascista.
Creo que deberíamos prestar atención a este miedo. Para mí, toda esta situación absurda y anacrónica se había solucionado ya, realmente, con el advenimiento de la estética posmoderna. Siendo un admirador furioso de todas las ramas de la vanguardia, del surrealismo a la música de Schönberg, de Joyce a Broch, de Faulkner a Wallace Stevens, el advenimiento de la estética posmoderna supuso para mí una especie de maravilloso compromiso de la modernidad con la tradición.

El chicle de Lolita

Tomemos el ejemplo de Nabokov: ahí estaban, para mí, todos los deslumbramientos del modernismo pero también los colores cambiantes del simbolismo, la gran novela decimonónica (Flaubert, Dickens, Tolstoi), la poesía romántica rusa e inglesa. El chicle de Lolita junto con los purple patches de Wilde. Es decir, la libertad. La misma libertad que encontramos en Borges, por ejemplo, que puede escribir sobre Milton, sobre las rosas o sobre Ariosto y convertirse, al mismo tiempo, en origen del movimiento cyberpunk.
Con su paso mesurado y sus deslumbrantes reproducciones, Álbum nos propone un remanso de calma y de introspección y una visión maravillada del arte de todas las épocas, e insinúa una y otra vez que el arte y la sabiduría han de estar unidos. «Por mucha que sea la suspicacia que el término espiritualidad suscite en medios agnósticos, o de una modernidad poco flexible, no se me ocurre llamar de otro modo a aquello que se descubre como una plusvalía de sentido en ciertas manifestaciones personales, místicas, gnósticas, pero también artísticas», escribe Eugenio Trías. No puede decirse mejor, ni con más claridad. Personal, místico, gnóstico, artístico. Suave, sabia sucesión de sinónimos.

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