LA MÁSCARA DE DIMITRIOS

EL HIJO DEL CLÉRIGO

FERNANDO MARTÍNEZ LAÍNEZ

25 de junio 2017

Jukebox. Ben E. King. Don't Play That Song

Buscadores de tesoros: François Marcantoni o un gángster a la francesa. Por Luis de León Barga




Si cada país tiene su idiosincrasia que afecta en mayor o menor medida a todos los ámbitos, qué duda cabe que François Marcantoni, fallecido el pasado agosto en el hospital militar de París, a los 90 años, representa bien cierto tipo de gangsterismo a la francesa y que podíamos definir como "ilustrado". Desde luego cierta cultura tenía, pues escribió unos cuantos libros y al decir de sus amigos, en cuyo listado se encontraba Jean Paul Belmondo y Alain Delon, era un hombre aficionado a la lectura.

A lo mejor por eso nos resulta difícil imaginar a Marcantoni como un jefe de un cartel del narcotráfico cubierto de oro y sangre, o incluso de la Mafia ítaloamericana que, pese a los intentos de la serie de "Los Soprano" de verlos desde una perspectiva más "humana" (al fin y al cabo los mafiosos también son personas de carne y hueso con las mismas preocupaciones, o parecidas, que el resto de los humanos), nada tienen que ver con este digno representante del milieu francés.

Corso de nacimiento (1920) como todo buen gángster francés, alto y de complexión fuerte, cabello castaño, ojos azules de mirada fría, bon vivant, aficionado a los trajes caros y el habano, siempre con sombrero, cumplía bien con los cánones estéticos de lo que entendemos por un gángster de cierto renombre, un poco como si quisiera representar bien el papel que se le había adjudicado en esta vida.

Nuestro héroe, padre militar y familia numerosa mantenida con disciplina cuartelaria y bastante pobreza llevada con dignidad, cambió el domicilio familiar por la metrópoli antes de la Segunda Guerra Mundial. El conflicto le sorprende como trabajador en los astilleros militares de Tolón. En 1942 participa en el sabotaje a la flota francesa anclada en el puerto de Tolón y, al año siguiente, para eludir el Servicio de Trabajo Obligatorio alemán, entra en la Resistencia y pasa a la clandestinidad. En mayo de 1944 es detenido por la policía francesa con un coche robado. Él dice que trabaja para la Gestapo (esta versión será corregida después de la guerra diciendo que confesó que era miembro de la Resistencia) y la policía, que por aquel entonces colaboraba con entusiasmo con el ocupante, le entrega a la Gestapo.


Debido a este episodio, habrá gente que ponga en duda su pasado de resistente, pero François Marcantoni siempre dijo que Michel Hacq, por entonces jefe de la policía, había dado testimonio de su heroica conducta en la clandestinidad. La Gestapo le tortura pero Marcantoni aguanta el tipo y no habla, lo que le valdrá luego una Cruz de Guerra, la medalla de la Resistencia y una pensión de invalidez que le será muy útil al final de su vida. Enviado a la prisión de la Santé, cumplirá la primera reclusión de una larga serie, pues a lo largo de su vida se pasará trece años en la cárcel en periodos alternos. Pero la cárcel, como dirá luego nuestro héroe, lo mismo que la masonería, "es un sitio que favorece la relaciones". Y a François siempre le gusta estar bien relacionado. No sólo en el mundo del hampa, donde conoció y llegó a ser socio de los gángsters más famosos de los años cincuenta como Pierre Loutrel, el mítico Pierrot le Fou, sino también del mundo del cine.

Pero de momento, con la derrota alemana llega la hora de la venganza, en la que participa activamente sobre todos en los primeros meses cuando entre 8.000 y 9.000  colaboracionistas, según los cálculos más optimistas, fueron ejecutadas extrajudicialmente. Como muchos compañeros de aventuras, Marcantoni podía haber vuelto a la vida civil o alistado en alguna de las nacientes formaciones políticas que hicieron de la Resistencia su razón de ser, como los gaulistas, pero "Monsieur François" como le conocerán en el "milieu", echa de menos la vida del hombre de acción. "A quien le gusta el champán no puede conformarse con una limonada", explicará más tarde. Sin embargo, en aquellos años, para los hombres ansiosos de acción quedaba la guerra de Indochina o... la delincuencia. Marcantoni tira por el camino de en medio y se dedica a extorsionar a los antiguos colaboracionistas. Gracias a la amplitud del fenómeno (más de 125.000 personas fueron enjuiciadas luego por colaboracionismo), y como muchos seguían vivos, nada como pedir dinero a cambio de no ser ejecutado o "interrogado" por los comunistas. En cualquier caso, les ofrece "protección". Una actividad rentable que, desafortunadamente, no dura lo suficiente pues pronto la legalidad se restablece y los comunistas reemplazan a los fascistas como enemigos del poder con motivo de la naciente guerra fría.

¿Qué hacer? He aquí una pregunta clave para la que "Monsieur François" tiene una repuesta inmediata que conlleva las primeras detenciones. Y así hasta que, en 1951, uno de sus socios, Leybus Sclimer, "León el judío", es detenido y acusado de haber robado una sucursal del Banco Argelino en París. Son años en que la policía judicial francesa no se anda por las ramas y el que cae, canta. Marcantoni sale a relucir y en el juicio Leon es condenado a cinco años de cárcel contra los tres que sufre Marcantoni. Al salir de la cárcel, “Leon el judío” es ametrallado y nunca se encontrará al culpable del asesinato. Sin embargo, "Monsieur François" siempre dirá que sus manos sólo están manchadas de sangre alemana.

En 1953 conoce a un Alain Delon, ex-combatiente de Indochina, en un bar de Tolon. Surge la amistad entre dos tipos duros. François dirá de Delon que es un hombre de una profunda amabilidad, aunque parezca frío y altanero. Cuando Delon triunfa en el cine no se olvida del viejo amigo. Marcantoni se define como su protector, aunque sigue con la mala vida y algún robo, como el gran golpe a un banco en la rue d' Anjou, donde se lleva 30 millones de francos de aquel entonces. También tiene tiempo para convertirse en el dueño del club nocturno Les Calanques, con el hermano de Tino Rossi.


Situado en los Campos Elíseos, este club se pone de moda en los años cincuenta y entre su clientela se encuentra gente del mundo del cine como Fernandel, Jean Gabin, Michel Simon, Eric von Stroheim, Pierre Brasseur, las guapas oficiales del momento como Viviane Romance, Martine Carol..., e incluso la gente importante del "millieu" como Jo Attia y "Pierrot el loco".

Gracias a uno y otros, Monsieur François puede presumir de que Romy Schneider lloró sentada en sus rodillas cuando Alain Delon empezó su idilio con Natalie. Su fidelidad al amigo Delon trajo también la conquista de Mireille Darc, que vivió con él cuatro años. Su lista es amplia. François entiende a las mujeres. Sabe cuando hay que mostrarse tierno y cuando duro. También conoce cómo premiarlas y hacerlas sentir el centro del universo. Cuenta también que anduvo con Ava Gardner después de que la actriz lo dejase con Luis Miguel Dominguín y recaló en París para olvidar al torero. Pero la mano de la actriz, según contará François, iba demasiado rápida de una copa a otra. Aunque acusado de haber tenido lazos con el proxenetismo de lujo, François asegura que nunca ha levantado un brazo contra una mujer. Y en los últimos años de su vida, se arrepentirá de no haberse casado, pues así se sentiría menos solo.

En los años sesenta, como muchos corsos parece que es partidario de la Argelia francesa y de la OAS, pero más tarde se le relacionará con los "barbouzes" de las escuadras especiales, los delincuentes que hacían de policía paralela para reprimir a la OAS al margen de toda ley. Pero será en 1968, cuando nuestro amigo se haga de veras famoso al descubrirse en un vertedero el cadáver de Stefan Markovic, guardaespaldas de Alain y Natalie Delon. En sus investigaciones, la policía encontrará una carta del asesinado en la que avisa que, en caso de acabar mal, los culpables son Marcantoni y el matrimonio Delon. Él dirá que se trata de un corso que se hace llamar François y que se encontraba en guerra con el "clan de los yugoslavos" del que formaba parte Markovic, por el tráfico de cocaína. Preguntado años después sobre este asesinato, Marcantoni dirá:

"¡Ojalá Markovic fuese Lázaro para poder decirle: levántate, habla y no me enmierdes más!".



Después salen a relucir fotos de orgías y fiestas con personalidades del mundo de la política y del espectáculo. El asunto se complica más cuando en una de las fotos aparece una mujer que resulta ser la esposa de Georges Pompidou, el antiguo primer ministro que desea disputar la presidencia del país a Charles De Gaulle. Pompidou dirá que es una foto trucada hecha por los servicios secretos para desacreditarle como candidato, dentro de la lucha feroz que mantiene contra De Gaulle por hacerse con la presidencia de la República, un clásico del poder en Francia como hemos visto hace poco con Sarkozy y Villepin. Tras pasar un año en la cárcel, François resulta absuelto en el juicio por insuficiencia de pruebas. "Si yo hubiera dicho lo que la policía quería, no habría permanecido mucho tiempo en la cárcel pero Pompidou no habría resultado elegido presidente", explica.

Todavía con 74 años vuelve a la cárcel por un asunto de falsificación de cuadros. Después la edad prejubila a François. Escribe libros de memorias, el último el año pasado, y uno se lo dedica a Sarkozy que quiere concederle la legión de honor o, al menos eso publica el periódico France Soir. Monsieur François es un hombre anciano y solitario que no tiene miedo a la muerte. Una vidente le ha dicho que a los 96 años sería la víctima de un marido celoso, pero que sobreviviría a sus heridas. Cree tener tiempo por delante, pero las cuentes no le salen bien.

Francois Truffaut, André Cayatte y Claude Berry intentarán llevar su vida al cine sin éxito y será otro hombre del mismo mundo, alegre y divertido como lo definió su amigo François, el actor Jean Paul Belmondo, quien escriba en el prólogo de su último libro el mejor epitafio para François Marcantoni: "Respetamos el talento, el coraje, la palabra y la amistad".


"Strass et voyous" coescrito con Christian Chatillomn
Prefacio de Jean Paul Belmondo
Les portes du Soleil
351 páginas, 20,90 euros

2 comentarios:

  1. Anónimo9/25/2010

    Sandra Ávila
    Esta muy buena la nota,sumamente interesante .Felicitaciones!Saludos

    ResponderEliminar
  2. Muy interesante. Gracias.

    ResponderEliminar