LECTURAS A CONTRATIEMPO

LITERATURA UNIVERSAL. EL “BILDUNGSROMAN” DE SABINO MÉNDEZ

ANNA MARIA IGLESIA

6 de agosto 2017. (Felices vacaciones. Regresamos en septiembre)

Jukebox. Vargo. The Moment

Queremos irnos muy lejos

Nocturnidad. Esta noche vamos a Le Palace

ROLAND BARTHES.




Después de frecuentar un teatro-discoteca de París, que estuvo de muy de moda a finales de los años setenta y comienzo de los ochenta, el filósofo y ensayista francés Roland Barthes (1915-1980) escribió un texto que publicamos a continuación. Fue recogido, junto a otros textos más, en un libro póstumo que se llamó Incidentes y que fue publicado, en español, por la editorial Anagrama. Nada mejor que traerlo a esta sección del blog para recordar cuando París era una fiesta distinta a la de Ernest Hemingway pero más divertida.
Jean Pierre M.

Confieso que soy incapaz de interesarme por la belleza de un lugar si no hay gente dentro (no me gustan los museos vacíos), y, recíprocamente, para descubrir el interés de una cara, de una silueta, de un traje, para saborear el encuentro de estas cosas, necesito que el propio lugar del descubrimiento posea su interés y su sabor. Esta es, posiblemente, la razón por la que me seduce el Palace. Estoy a gusto allí. Es moderno, ¿muy moderno? Y, sin embargo encuentro en el Palace el antiguo poder de la verdadera arquitectura, que consiste al mismo tiempo en embellecer los cuerpos que se mueven y bailan en su interior y en animar los espacios y los edificios.

En nuestros días, los teatros mueren con facilidad. La sala donde vi interpretar a Beckett por primera vez se ha convertido en un garaje; otras salas pasan a ser cine, dejan su lugar a nuevos inmuebles. El Palace es un teatro salvado. Primero, porque en él se van a ofrecer espectáculos. Luego, porque, del teatro que fue en sus orígenes (y en reiteradas ocasiones), se ha salvado todo: el escenario, el telón, el anfiteatro, la platea -transformada en un parqué elegante, pero desde la que podrá verse el espectáculo, de pie o sentado sobre cojines-, los amplios accesos forrados de terciopelo rojo. Emoción siempre: subir unas escaleras y desembocar en un espacio amplio, recorrido por luces y sombras; entrar de repente, como un iniciado, en lo sagrado de la representación (incluso, o sobre todo, cuando, como aquí, el espectáculo está por toda la sala). Teatro: esta palabra griega procede de un verbo que significa ver. El Palace es, por cierto, un lugar dedicado a la vista: uno pasa un buen rato mirando la sala, y , cuando deja de bailar, mira de nuevo.




El Palace está bien proporcionado. Eso significa que no se pasa miedo (se dormiría a gusto). Si es demasiado pequeño, un teatro se vuelve sofocante; si es demasiado grande, resulta glacial. Se puede circular de arriba abajo, cambiar de sitio a discreción, libertad siempre frustrada en los demás teatros, donde a cada uno se le asigna una butaca, la que corresponde a su entrada. Sin embargo, la libertad no es suficiente para que nazca un buen espacio. Algunos experimentos han demostrado que una cobaya blanca daba señales de  gran ansiedad cuando lo colocaban en un escenario vacío, desprovisto de toda referencia. Para sentirme a gusto en un lugar es necesario, en efecto, que pueda pasar de una referencia a otra, instalarme lo mismo en un rincón que en una plataforma, y, como un Robinson feliz en su isla, poder pasar cómodamente de una casa a la otra. En el Palace, los lugares reconocibles se multiplican: salón para conversar; bares para las citas, para descansar entre dos bailes; mirador para sumergirse, más allá de la regularidad de las balaustradas, en el inmenso espectáculo de la danza de luces y cuerpos. En cualquier lugar en que me sitúe tengo la misma impresión divertida de estar ocupando una especie de palco imperial, desde el que dirijo los juegos.
El gran material del arte moderno, del arte cotidiano, ¿no es acaso la luz en nuestros días? En los teatros ordinarios, los focos de luz están situados a distancia, y ésta incide plana sobre el escenario. En el Palace, el escenario es la totalidad del teatro; la luz ocupa un espacio profundo, en cuyo interior ella misma anima e interpreta su papel como actor.

Un laser inteligente, de espíritu sofisticado y fino, como un titiritero de figurines abstractos, produce rasgos enigmáticos, con mutaciones bruscas: círculos, rectángulos, eclipses, rieles, cuerdas, galaxias, espirales. Lo más notable no es la proeza técnica (por lo demás, todavía rara en París), sino la aparición de un arte nuevo, en su material (una luz móvil) y en su práctica, pues se trata de un arte público en la medida en que se desarrolla entre el público y no frente a él, y de un arte total (viejo sueño griego y wagneriano) en el que se combinan centelleos, músicas y deseos. Eso quiere decir que el arte, sin romper con la cultura del pasado (la escultura de un espacio con laser recuerda bastante las tentativas plásticas de la modernidad), se despliega fuera de los límites de la sumisión cultural. Liberación marcada por un nuevo modo de consumo: se observan las luces, las sombras, la decoración, pero entre tanto se hace también algo más (se baila, se habla, se mira), práctica que ya conocía el teatro antiguo.


En el Palace no estoy obligado a bailar para estalecer una relación viva con el lugar. Solitario o, por lo menos, un poco, un poco aparte, puedo soñar. En este espacio humanizado puedo exclamar de pronto: "¡Qué extraño es todo esto!". Extraño el viejo telón del escenario, donde puedo leer un anuncio ilustrado de la French Line: Le Havre-Plymouth-New Cork (me resulta curioso que de todos estos sitios, Plymouth es el que excita mi imaginación, ¿debido tal vez al mito romántico de la escala?). Raros son los bailarines sombríos (por los efectos del contraluz) entre la niebla que cubre por momentos la pista, articulados como marionetas bajo un techo de rayos verdes y rojos. Curioso el espejo oscilante. Curiosos los frescos de color pardo, vagamente griegos, que corren como una sabiduría un poco retro a lo largo del friso.
El Palace no es una boîte como las demás, reúne en un lugar original los placeres habitualmente dispersos: el del teatro como edificio amorosamente preservado, que resulta un gozo para la vista; la excitación de lo moderno; la exploración de nuevas sensaciones visuales, debidas a técnicas nuevas; la alegría del baile; la magia de los encuentros posibles. Todo ello, reunido, se convierte en algo muy antiguo llamado fiesta, algo muy distinto de la distracción: todo un dispositivo de sensaciones destinado a hacer feliz a la gente durante una noche. Lo nuevo es esta impresión de síntesis, de totalidad, de complejidad: estoy en un sitio que se basta a sí mismo. Por este suplemento, el Palace deja de ser una simple empresa y se convierte en una obra, algo que permite a los que los han concebido que se consideren unos artistas.
¿Le hubiera gustado a Proust? No lo sé, ya no hay duquesas. Sin embargo, asomándome desde arriba a la platea del Palace sacudido por rayos de colores y siluetas que bailan, adivinando a mi alrededor en la oscuridad de las gradas y de los palcos descubiertos un permanente vaivén de cuerpos jóvenes sumergidos en circuitos desconocidos, me parece encontrar otra vez en el Palace, traspasado a nuestros días, algo que leí en Proust: aquella velada en la ópera cuando la sala y los palcos formaban, bajo la mirada apasionada del joven narrador, un medio acuático, suavemente iluminado por broches, miradas, diamantes, caras, gestos esbozados como los de las diosas marinas, en medio de las cuales reinaba la duquesa de Guermantes. En definitiva, sólo una metáfora que acude desde un lugar distante de mi memoria y viene a ofrecer al Palace un último encanto: el que heredamos de las ficciones de la cultura.

1 comentario:

  1. Me deleite con el contenido, sentí que estaba ahí entre los palcos, butacas y escenarios, tal vez era yo quien se encontraba sacudiendo mi silueta entre rayos de colores dentro del Palacete. Me sumergí, me magnetiza la descripción desde su iniciación hasta el final .Estar dentro del teatro me hizo sentir feliz y no caben dudas que esta sensación durara mucho. AMO LA FICCIÓN .Las fotografías están son perfectamente seleccionadas. Un saludo.

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