LA MÁSCARA DE DIMITRIOS

EL HIJO DEL CLÉRIGO

FERNANDO MARTÍNEZ LAÍNEZ

25 de junio 2017

Jukebox. Ben E. King. Don't Play That Song

INGENIEROS DE ALMAS. ARTHUR KOESTLER Y LAS MUJERES.


Luis de León Barga.



Arthur Koestler

nos cuenta en su autobiografía (1) que su búsqueda constante del amor le llevó de una mujer a otra sin que, en la mayoría de las ocasiones, pasara de ser una relación esporádica. Sin embargo, como creía enamorarse siempre, no se consideraba un libertino pues le salvaba esa pasión momentánea. Esa continúa búsqueda y huída en el terreno amoroso tiene también, según él, otra explicación. Cuando podemos predecir la respuesta de nuestra pareja, sostiene, todo ha muerto porque nuestra curiosidad hacia esa persona está acabada.
Arquetipo del ingeniero de almas del siglo pasado, Koestler nació en Budapest, en 1905, en una familia de origen judío. De joven vio el final del imperio austrohúngaro como estudiante en Viena. Simpatizó con la revolución comunista húngara de Bela Kun. Dejó los estudios y se hizo sionista. Trabajó en un kibutz en la Palestina que entonces se encontraba bajo el dominio inglés. Desencantado con el sionismo, regresó a Europa y se afilió al Partido Comunista Alemán, en 1931. Viajó por la Rusia estalinista, se convirtió en periodista y cubrió la guerra civil española. Corresponsal del diario "News Chronicle" fue detenido en Málaga en 1937 por las tropas de Franco. Condenado a muerte, fue liberado gracias a un canje. Tras abandonar el Partido Comunista (influido por las purgas estalinistas, el pacto Hitler-Stalin y la actuación soviética en la Guerra Civil, entre otros motivos), se convirtió en un furibundo anticomunista. Durante la Segunda Guerra Mundial fue detenido en Francia por los alemanes. Gracias a la ayuda del Servicio de Inteligencia británico, con el que colaboró, fue puesto en libertad condicional y lograr llegar hasta Inglaterra, país cuya nacionalidad adoptó y donde vivió hasta su muerte.
En los años finales de su vida, Koestler mostró un gran interés por el misticismo, la ciencia, el esoterismo, la parasicología, además de la sicología y el psicoanálisis, materias en las que llegó a tener un gran conocimiento y que le sirvió para redondear muchos personajes de sus novelas, como en "El cero y el infinito", su gran obra y una de las grandes novelas del siglo XX. Enfermo de leucemia y parkinson se suicidó en 1983, en Londres, junto a su tercera mujer, Cynthia. En su testamento dejó dinero para financiar una cátedra de parasicología en la Universidad de Edimburgo, que puso un busto de bronce en su honor.

Ilustración de Pierre Zarcate

En su autobiografía Koestler da mucha importancia a lo sicológico. También hay páginas en que explica con excesivo detalle hechos que hoy día no importan demasiado, algo corriente en memorias y autobiografías, pegadas al tiempo de quien las escribe. Otra inconveniente es que las numerosas referencias a otras obras suyas distraen un poco la atención del lector. Y siempre subyace la impresión de que es incapaz de responder a la pregunta que le atormenta sobre su pasado estalinista:
-¿Cómo pude caer tan bajo y en semejante falacia?
En sus explicaciones echa mano del sicoanálisis. Dice que, en su caso, esa entrega total a una sola causa fue una terapia contra el sentimiento de culpa que había arraigado en él desde la infancia.
Su autobiografía es uno de los mejores testimonios acerca de la turbulenta primera mitad del siglo XX  sin acudir a maniqueísmos banales o prejuicios ideológicos. Además se lee con agrado, resulta interesante y tiene buenas explicaciones de actitudes y modelos desaparecidos. Por ejemplo, la diferencia entre el rebelde y el revolucionario. El primero, nos dice, "dirige su indignación de pronto contra esta injusticia, de pronto contra aquella; el revolucionario es un hombre que odia con método, que ha reunido toda su capacidad de odio en un sólo objeto. El rebelde siempre tiene algún rasgo quijotesco; el revolucionario es un burócrata de la utopía. El rebelde es entusiasta; el revolucionario es fanático. Generalmente, son los revolucionarios lo que modifican el curso material de la historia; pero algunos rebeldes dejan en él una huella más sutil y, sin embargo, más duradera”.

Cartel de Josep Renau, 1937


Pero en nuestros días interesa tanto o más lo privado que lo público, sobretodo si es conflictivo, oscuro o sirve para "ampliar" nuestra visión sobre el personaje y, de paso, bajarle del pedestal de lo singular. Esta afición, acentuada por una corrección política que juzga el pasado con los valores del presente sin tener en cuenta el contexto histórico, implica que el deber de cualquier buena biografía es el de "revisar" el personaje a la luz de nuevas revelaciones, documentos, lo que de paso sirve para promocionar el libro si hay algún motivo de escándalo.
En la biografía escrita por el profesor David Cesarani (2), que es una obra seria y bien documentada sobre la vida de Koestler, al entrar en lo privado nos descubre las miserias humanas de su biografiado, especialmente en el campo sexual. Para el profesor Cesarani, la violencia era casi un "sello" del personaje Koestler. También nos enteramos de que era un bebedor empedernido y que, una vez ebrio, a veces intentaba conseguir favores sexuales incluso con cierta violencia.
Sin embargo esto era un secreto a voces en el círculo íntimo del escritor. Tres años antes de aparecer esta biografía, un dirigente del partido Laborista, Michael Foot (1913-2010) le acusó en 1995 de haber intentado violar a su mujer. Podemos imaginarnos las consecuencias si esta acusación si hubiese sido hecha con Koestler vivo, pero hacía más de diez años que se había suicidado. Lo primero que pensamos es que no entendemos bien la intención de divulgar ese "desagradable incidente", en palabras de Foot, tanto tiempo después. Al hilo de ello, un periódico inglés, el Sunday Observer citó sin nombrarlo a un ex ministro que decía que "Koestler fue un hombre terrible, hizo proposiciones a mi esposa..." Y otro político confirmó que "Koestler era un reconocido mujeriego". Entonces, algunos estudiantes de la Universidad de Edimburgo explicaron que se sentían incómodos con el hecho de tener que pasar todas las mañanas delante de la efigie de su ilustre benefactor y tiraron el busto al suelo.

Ilustración de Pierre Zarcate


Una atenta lectura de todo ello permite llegar a la conclusión de que nadie acusa de violador a Koestler en el sentido real o penal del término. Tampoco era un maltratador e incluso, su tercera mujer prefirió, libremente, suicidarse con él pese a que no tenía enfermedad alguna. Desde luego era un mal bebedor, de esos que se transforman en unos pelmazos agresivos, y que se insinuaba a las mujeres, estuvieran solteras, casadas o acompañadas (y por lo visto con cierta predilección por las mujeres de los políticos). Casi nos atrevemos a decir que Koestler fue más bien un mujeriego al que los años, como le ocurre a tantos otros ilustres seductores, les impide conseguir sus objetivos y mucho menos si están bebidos. Lo que si conocía bien era la sicología femenina, y suya es la frase que "se aprende a pensar mediante los libros, pero las mujeres nos enseñan a vivir". O que de una mujer se puede esperar todo y su contrario.
Para quien ha leído a Koestler, resulta evidente que era un hombre que huía de sí mismo, lo que demuestra con creces su increíble vida repleta de entregas y fugas, no sólo amorosas, sino ideológicas y profesionales. Además resulta fácil imaginar que su adicción al alcohol, como a la acción (que con frecuencia implica violencia) y el sexo le ayudaban en ese movimiento perpetuo.
Koestler creía que el impulso sexual es irracional y se encuentra condicionado por la infancia y el inconsciente. Posiblemente fue mas allá de lo que es lícito hacer para seducir a una mujer aunque tampoco  lo sabemos a ciencia cierta. Pero siguiendo la costumbre de nuestros días, más que preguntarnos sobre cómo fue capaz de caer en el estalinismo, podemos hacerlo sobre cómo un hombre tan inteligente y valeroso pudo en algún momento de su vida emplear la violencia contra una mujer. 
Dejemos la respuesta a él mismo:  
"El sistema cerrado de pensamiento agudiza las facultades mentales, como una piedra de afilar ultraeficaz, hasta un filo increíblemente frágil; produce un tipo de inteligencia escolástica, talmúdica, minuciosa, que no ofrece ninguna protección cuando quieres cometer las más toscas imbecilidades. La gente de este tipo se encuentra a menudo entre los intelectuales."


1) "Flecha en azul" y "La escritura invisible". Debate, 200
2) Cesarani, David. "Arthur Koestler. The homeless Mind".
‎London: William Heineman, 1998.

Ilustración de Pierre Zarcate

Entre sus obras destacan:


Diálogo con la Muerte. Testamento español.
Espartaco: Los gladiadores (1940).
Oscuridad a mediodía. El cero y el infinito (1941).
La espuma de la tierra (1941).
Llegada y salida (1943).
Ladrones nocturnos (1946).
La edad de la insatisfacción (1950).
Flecha en el Azul (1952).
La escritura invisible (1954).
Reflexiones sobre la horca (1957).
Los sonámbulos(1959).
El espíritu de la máquina (1968).
Las call girls (1973).
El Imperio Kázaro y su herencia (1976).
Janus: A Summing Up (1978) (traducido al español: Jano, Debate, 1981).

1 comentario:

  1. Anónimo3/26/2011

    Me ha resultado muy interesante este artículo. Tomo nota e intentaré leerme la biografía para poder hacer un comentario al respecto. Muchas gracias por acercarnos a la cultura..

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