LECTURAS A CONTRATIEMPO

LITERATURA UNIVERSAL. EL “BILDUNGSROMAN” DE SABINO MÉNDEZ

ANNA MARIA IGLESIA

6 de agosto 2017. (Felices vacaciones. Regresamos en septiembre)

Jukebox. Vargo. The Moment

Queremos irnos muy lejos

Buscadores de tesoros. Alexander Trocchi, el situacionista escocés. Por Luis de León Barga



 Como el falso barón Corvo o Aleister Crowley y otros muchos escritores británicos excéntricos, Alexander Trocchi (1925-1984) tuvo una vida mucho más rica que su obra. De orígenes italianos e hijo de un músico, nació en Glasgow en una familia donde la bohemia servía para esconder la miseria. Su juventud escocesa, en los duros años cuarenta y cincuenta del siglo XX, está bien descrita en su novela El joven Adán y en la que se basó el realizador Adam Mackenzie para hacer la película Joung Adam (2003).
En la novela, Trocchi cuenta la historia de un joven desarraigado que seduce a cada mujer que conoce gracias a que despierta sobre ellas una gran atracción erótica. El protagonista se sitúa por encima de las convenciones morales comunes, lo que le permite acometer todo tipo de excesos viviendo en un estado de falsa inocencia gracias a la hipocresía de su entorno, lo que le hace pensar que por lo menos él es más auténtico que ellos.
Y si el joven Adán, incapaz de soportar la intolerancia de la sociedad escocesa, huye a Londres, Trocchi, tras abandonar mujer y dos hijos, se traslada a París, en 1952. Allí frecuentará los ambientes del existencialismo y será un asiduo de los locales nocturnos del barrio latino. Para sobrevivir, trabaja en los más distintos oficios, escribe novelas pornográficas que firma con seudónimo, y publica una revista en inglés, Merlin, de la que se editaron siete números entre 1952-1954. Allí colaboraron, entre otros, Samuel Beckett, Jean Genet, Paul Eluard, Jean-Paul Sartre, Jean Genet y Henry Miller.
Maggie Taylor. It All seened Quite Natural, 2006

Trocchi es un joven escritor con un futuro prometedor, según los que le conocieron entonces. Además, como se ve por sus colaboraciones, la revista consiguió cierto prestigio ya que representaba a la modernidad inglesa del momento y rompía con el socialrealismo de la posguerra mundial. Ello permitió a Trocchi hacerse un hueco en la entonces capital mundial de los libros y conocer a los grandes hombres de letras del momento que vivían en París, como Miller, Beckett, Ionesco, Genet, Adamov, Neruda e incluso Sartre, al que declara su admiración, y que le permite poner en Merlin cualquier artículo que aparezca en su revista Les temps modernes.
En las noches del barrio latino, Trocchi se hace amigo de Guy Debord, http://www.nothingness.org/SI/debord.htmlun joven que procedía de diversos grupos de la extrema izquierda francesa y que fue el primero en comprender las claves del capitalismo consumista y su poder de seducción. Gracias a su carisma, Debord tiene un círculo de adeptos con los que forma la Internacional Letrista. Sin embargo, no son mas que un grupúsculo de surrealistas que han llegado tarde a la cita con André Breton y que, en sus ilusiones revolucionarias, creen posible minar los valores burgueses reduciendo la palabra escrita a sílabas onomatopéyicas.

 Debord explica a Trocchi los fundamentos de su secta letrista, pero antes le hace romper con cualquier vínculo precedente para poder abrazar el verdadero ideal revolucionario. Una vez iniciado en los arcanos letristas, este joven que se parece a Burt Lancaster, se incorpora como militante de pleno derecho.
Alexander Trocchi. Foto de Sally Child

Pero si unos teorizan la transgresión y el exceso, Trocchi lo practica desde un nihilismo que defiende la preponderancia del juego sobre el trabajo, ve solo el lado amable de las drogas, y detesta la ley y la moral común. Los conocidos cuentan que sus novelas pornográficas, editadas por la Olympia press de Maurice Girodiashttp://en.wikipedia.org/wiki/Maurice_Girodias, que también publicó la Lolita de Nabokov, a Genet, Burroughs, Durrell..., son autobiográficas, lo mismo que sus experiencias con las drogas son reales.


 Su dependencia de la heroína le conduce por la senda de la incesante búsqueda de dinero a cualquier precio, incluidos los sablazos a sus amistades y conocidos. París se empieza a hacer irrespirable y Trocchi  se marcha a Nueva York. 
  
Vivirá en una gabarra anclada en el río Hudson lo mismo que en su juventud escocesa vivió y trabajó en distintas barcazas por los canales brumosos de Glasgow y Edimburgo. En 1960 publica El libro de Caín.


 El libro de Caín es una novela autobiográfica que miente lo indispensable, ya que para su autor, la escritura debía rechazar cualquier artificio literario y juzgarse únicamente en términos de vida vivida para que fuese representativa de su época.




Foto de la portada de Trocchi. Jane Langee Bryant

Esta novela es uno de los dos libros (el otro es  El almuerzo desnudo de William Burroughs) que pasó pagina a la literatura sobre las drogas, que hasta entonces era deudora del concepto romántico de Thomas de Quincey y sus Confesiones de un comedor de opio inglés.

Tanto Burroughs como Trocchi ven en la droga el paradigma de nuestras sociedades. La heroína es la mercancía por excelencia que se vende sola y la adicción representa la quintaesencia del consumidor alienado.

Trocchi toma partido por Caín frente a Abel y con su nihilismo amoral embiste contra una sociedad que detesta sin caer en falsos victimismos. No son tiempos políticamente correctos y el escocés está dispuesto a todo con tal de conseguir sus fines,  incluido el prostituir a su segunda mujer en Las Vegas. Como él mismo asegura, "el problema no es la heroína, a pesar de todas esas cosas tan melodramáticas que se dicen sobre el síndrome de abstinencia. Es el jinete pálido".

En todo caso, si de algo se abusa en El libro de Caín es de intentar convertir en sinónimos heroinómano y héroe. Pero la droga no es todo en esta novela. Trocchi quiere cierta distancia para ver otras cosas y se aleja del escenario, el Nueva York marginal de finales de los años cincuenta, para contarnos el conflicto emocional del protagonista y alter ego suyo, Joe Necchi. Así nos habla de sus orígenes familiares, el sexo, la homosexualidad o el desarraigo de todo ser perdido en la gran ciudad.

En Estados Unidos trafica con heroína a pequeña escala, y acaba siendo detenido por la policía. Sus amigos europeos que tras un intenso periodo de análisis teórico, publicaciones y expulsiones recíprocas, habían dejado la Internacional Letrista y creado en 1965 la Internacional Situacionista, menos "literaria" y más "política", lo defienden y publican manifiestos en su defensa, y piden a Henry Miller que interceda por él.






 Conseguida la libertad condicional, Trocchi huye de los Estados Unidos a través de Canadá y regresa a Europa. 
De vuelta en Londres, Trocchi fundó un movimiento sicodélico, el proyecto Sigma para unir las distintas disidencias artísticas y culturales que preconizaban el uso del LSD y que por entonces estaba tolerado. Coopera con Timothy Leary, Allen Ginsberg, Kenneth White... Pero Debord los define cretinos místicos y los expulsa de la Internacional Situacionista. Para Trocchi, que no deja de ser una cabeza pensante del movimiento, significa un duro golpe.
Antes de ser olvidado y morir en Londres con 58 años a causa de un cáncer de pulmón, Trocchi escribió varias novelas. Una vez más se cumplió la leyenda de la joven promesa perdida en el laberinto de una rebeldía sin salida. Pero Trocchi, que desde luego no era pusilánime, siempre rechazó la compasión de sus antiguas amistades. Incluso se encaraba a quien le echaba en cara haber cambiado su talento literario por la heroína. Para él se trataba de una libre elección que, por lo tanto, nadie podía juzgar. 

El rescate del olvido llegó en 1991 con la aparición de una biografía suya, The making of a Monster de Andrew Murray Scott y la posterior reedición del Libro de Caín, prohibido en 1963, y el resto de una obra irregular que supo ver algunas claves de nuestro tiempo.


Hanjiro Sakamoto. Máscara y partituras, 1947

1 comentario:

  1. Felicitaciones por la nota,muy interesante.Me gustó leerla.Un saludo

    ResponderEliminar