LA MÁSCARA DE DIMITRIOS

EL HIJO DEL CLÉRIGO

FERNANDO MARTÍNEZ LAÍNEZ

25 de junio 2017

Jukebox. Ben E. King. Don't Play That Song

Fotografía. Andrea Castro.

SANDRA ÁVILA 





¿De haber elegido otra profesión cual pensás que hubiese sido?
Si hubiera continuado con las clases que comencé a tomar de niña, estoy segura que bailarina clásica. 

A los cinco años mis padres me llevaron al Teatro Colón a ver a Maia Plisétskaia, al llegar a mi casa me puse a bailar imitándola y, gracias a esa anécdota, empecé a tomar clases con María Fux. A pesar de tener las condiciones físicas y todas las ganas, yo era muy chica, el ballet no era una carrera que tuviera una aceptación tan masiva como ahora y mi familia decidió que era mejor que me concentrara en estudiar, cosa que he hecho toda mi vida hasta el día de hoy y no me arrepiento.

¿Qué satisfacciones te da este trabajo?
La principal satisfacción que me da mi trabajo es que no es convencional, aunque esto también me da bastantes dolores de cabeza. Yo me formé como Diseñadora de Interiores y luego me especialicé en la Historia del Diseño (fundamentalmente de la Moda) y del Arte. Me dediqué durante muchos años a la docencia en el ámbito privado hasta que diferentes motivos me alejaron de ella, luchar contra la mediocridad de alumnos, colegas y directivos me agotó y pudo más la satisfacción que me daba el hecho de lograr que mis alumnos descubrieran un mundo nuevo al acercarse a esa maravillosa creación humana que es el arte. Al tener más tiempo libre comencé a visitar asiduamente muchas exhibiciones y a escribir sobre ellas en mi blog personal y en diversas publicaciones on-line. Además de tomar notas empecé a sacar numerosas fotos en cada una de las muestras que visitaba, focalizando toda mi atención sobre todo en las esculturas. En ese momento descubrí un mundo y una pasión totalmente nuevos para mí, junto a la satisfacción que me daba el poder captar de manera artística y no solo informativa las obras de numerosos creadores. 
 


¿Cómo y cuándo decidiste dedicarte a la fotografía?
En realidad la fotografía llegó a mí a través de mi admiración por ciertas obras de arte. Cuando una obra me conmueve, tanto estética, como conceptualmente, debo retratarla desde todos los ángulos y formas posibles. De esa manera la hago mía, me la apropio para siempre. Debo aclarar que mi madre se dedicaba a la fotografía artística en blanco y negro, realizando tanto las tomas, como el revelado y el copiado de cada una de sus obras. Asique supongo que algo de su trabajo ha terminado hoy influyendo en el mío.

¿Qué es lo más difícil de manejar en este oficio?
Sin lugar a dudas la gente y los honorarios profesionales, más que nada cuando se trabaja free-lance como es mi caso en este momento.

¿Qué cosas cambiarias aunque sea por un instante?
Una sola: que mi madre no se hubiera muerto en el comienzo pleno de su carrera como fotógrafa y que hubiera estado un buen tiempo más a mi lado.

¿A qué fotógrafos admiras?

Uh?. a muchos: Ansel Adams, Tina Modotti, Frank Cappa, Annemarie Heinrich, Josef Koudelka, Grete Stern, Horacio Coppola, Brassaï, Robert Mapplethorpe, Richard Avedon, Man Ray, Cartier Bresson, Robert Doisneau, entre otros.
¿Cuáles son las cosas de la vida que te inspiran?

La música, los libros, las buenas películas, la naturaleza, el conocimiento y por sobre todo las obras de arte.

¿Qué significa la fotografía para vos?


Fotografiar el mundo que nos rodea es aprender a observarlo desde una mirada particular, subjetiva y muy focalizada. Uno puede descubrir nuevas formas y colores a través del lente de una cámara; crear nuevos universos, reales o imaginarios; revivir recuerdos olvidados; y, porque no, imaginar el futuro.

¿Cuáles son las herramientas básicas de trabajo indispensables para empezar?

Para mí la principal herramienta es el conocimiento, formarse a todo nivel y no quedarse solamente con lo aprendido en las instituciones educativas. Nadie puede crear desde una página en blanco. Llegamos a este mundo sin saber absolutamente nada, somos la especie más dependiente y menos instintiva del planeta, por eso nuestro aprendizaje debe ser constante a lo largo de toda nuestra vida. La cultura humana es tan vasta, hay tanto para conocer y aprender que ya no nos alcanza una vida. Pero para desarrollar nuestra creatividad y merecer ser llamados artistas, primero debemos nutrirnos intelectualmente, no hay otra manera. Una carrera sólida y una obra que sea recordada a través de los siglos, no se construye solo con dotes innatas, técnicas perfectas, aparatos tecnológicos que nos solucionen la vida y dinero. Esto es así aunque nuestra sociedad hipermoderna se empeñe en hacernos creer lo contrario.




En cada fotografía, ¿qué intentas transmitir?
Mi pasión por el arte. Y mi necesidad de dar a conocer que el arte no es algo destinado a públicos privilegiados y con plata. Que el arte enseña, recuerda, sana, comunica y entretiene, a la vez que eleva la mente y el espíritu humano. No hay que ser un entendido para poder apreciar una buena obra de arte, solamente hay que tomarse unos minutos para observar, dejarse invadir por su mensaje y sentir.

¿Podría decirse que cada obra es una historia diferente pero similar en relación a las anteriores o cada una es única?
Cada obra es única porque depende de los numerosos factores que se ponen en juego en el momento en que fue creada, tales como el contexto que conformó ese momento y el estado de ánimo del creador. A veces uno tiene que ir a ver una muestra un día determinado sí o sí porque cierra y no está de ánimo, o viene de hacer otras cosas a las corridas, o simplemente está de mal humor por el tránsito, el clima o problemas personales. Con todo en contra, si la muestra es excelente, uno puede olvidarse en un segundo del mundo y de todos los problemas y sacar las mejores fotos de su vida. Otras veces, por lo general en las inauguraciones, es tanto el despelote de gente que es imposible conectarse con las obras y la mitad de las fotos van a parar a la papelera de reciclaje. Hay muestras que he recorrido dos o tres veces a lo largo de su estadía en un museo y siempre, a pesar de que estaba viendo lo mismo, la experiencia me ha resultado diferente.




Si tengo un ritual que respeto a rajatabla: cada vez que voy al MALBA paso por la sala donde se encuentra exhibido el autorretrato de Frida Kahlo, me detengo ante él unos minutos y muy bajito saludo a esa mujer de cejas pronunciadas que me mira fijamente por detrás del vidrio que la protege.

¿Un sueño por cumplir?

Viajar, recorrer los museos del mundo y ver cara a cara las obras que durante años he visto en las páginas de los libros o en el monitor de mi computadora. Me sueño maravillada ante la inmensidad del Guernica o la pequeñez de La Gioconda (que importa que sea chiquita si es una obra maestra!!!!), acostada sobre el frío piso de la Capilla Sixtina para poder apreciar mejor su verdadera dimensión pictórica y encaramada en lo más alto de la Torre Eiffel admirando París.

Andrea Castro

Y para saber más de Andrea Castro y su obra:


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