ALEVOSÍAS

VACACIONES DE VERANO O LA ESCAPADA DE DINO RISI

LUIS DE LEÓN BARGA

18 de junio 2017

Jukebox. Nico Fidenco. Legata a un granello di sabbia

Libros en construcción. Celia Dosio. Por Sandra Ávila


Shadi Ghadirian. Mis fotos de prensa, 1999


Celia Dosio (Buenos Aires, 1972), escritora argentina publicó el libro El día que perla voló (2007) publicado por la editorial Tamarisco que narra la historia de dos adolescentes que comienzan una amistad en la escuela secundaria, una historia entretenida muy bien recreada por la autora. "La historia exploraba un universo pre-adolescente y tenía la intuición de que todo a esa edad se vive con intensidad, a todo o nada", cuenta la escritora. También publicó el libro Tenemos que hablar. Actualmente es crítica de teatro. Celia nos cuenta un adelanto de su próxima novela en la que está trabajando y trata algo más que el arte culinario.  



¿Venís de una familia relacionada con el arte?
No para nada. Más bien, todo lo contrario. Mi padre y mi madre podrían ser considerados los seres menos artísticos que existen.

¿Quiénes fueron tus maestros?
A pesar de que aprendí con muchas personas, no establecí buenos vínculos de maestro-alumna. En determinados momentos, incluso viví esta circunstancia con pesar, como una falla personal o algo por el estilo. Podría decirte que aprendí a leer teatro con Javier Daulte y a no criticarme tan duro con Mauricio Kartun.

¿Quienes marcaron tu carrera?
La persona que más me determinó, me estimuló y me guió fue mi marido, Juan Terranova. Él confió en que yo podía escribir y publicar incluso antes de que yo misma lo hiciera. Aprendí también siendo testigo de su propio desarrollo profesional. Ha sido muy generoso conmigo. Siempre.

¿Cuando eras pequeña con qué soñabas?
Solía tener pesadillas terribles. Mis sueños se poblaban de violencia, sangre, cuerpos mutilados. En especial de manos cuyas uñas se habían desprendido. Conservo una fobia al respecto. Cualquier frase escuchada al pasar se transformaba en mi pequeña imaginación en algo apabullante que me tenía en vela toda la noche.

Walton Ford. The Orientalist


¿A qué jugabas?
A ser otro. Amaba la ropa y vivía disfrazada. Revolver en el armario de mi madre o de mi abuela era la felicidad.

¿Quién es Dios?
No lo sé muy bien pero muchas veces hablarle me ayuda. Recuerdo los últimos días de mi abuelo materno. En realidad, era el segundo marido de mi abuela pero fue la figura de abuelo que conocí. Él era un ingeniero italiano, racionalista y anarco fervoroso. Cuando le diagnosticaron cáncer y conforme su enfermedad avanzaba, sus convicciones ateas fueron severamente probadas. Lo recuerdo ya ciego y al borde de la muerte manteniendo largas conversaciones con mi madre que lo instaba a creer, a bautizarse, a buscar alivio en Dios y él, aun sabiendo que se enfrentaba a un final sin atenuantes, sin segundas vueltas, reencarnaciones u otras representaciones eligió morir como había vivido. Respeto mucho eso aunque me angustia bastante. Tuve una educación católica temprana. Tuve un período de ateísmo implacable. Hoy reconozco que ciertos ritos, ciertas tradiciones y ciertas ideas forman parte de mi vida y de quién soy.

¿Cuál es tu mayor virtud?
Una absoluta falta de orgullo.

¿Qué significado tiene para vos la literatura?
Palabra escrita como vehículo para llegar a otros.

¿Cómo es un día de trabajo como crítica teatral?
Es un poco más complicado cuando tengo que ir a cubrir determinadas funciones: debo concertar quién va a cuidar a mi hija esa noche, dejar el auto en algún lugar más o menos seguro –ya me robaron tres veces el estéreo en lo que va del año– y disponerme a disfrutar de la función, a dejarme afectar, conmover, influir. Luego, escribo por las tardes, cuando mi hija está en la escuela o por las noches, cuando ella duerme. Por las mañanas juego con Pierina a las Barbies.

Alex Gross. Desesperación, 2007

Eres la autora de el cuento  "El día de que Perla voló" y la novela "Tenemos que hablar". ¿Cómo surgieron ambas ideas?
Con Perla... me había propuesto la consigna de exagerar. La historia exploraba un universo pre-adolescente y tenía la intuición de que todo a esa edad se vive con intensidad, a todo o nada.
Con Tenemos que hablar el proceso fue distinto. Quería escribir una novela –ya había escrito y publicado dos libros de investigación sobre teatro argentino– y me interesaba trabajar con un género.

¿Cómo fue el desarrollo de las mismas? ¿Cuánto tiempo te llevó desde su inicio hasta la publicación?
Tenía el proyecto de novela ya bocetado cuando me enteré de que la editorial Random House Mondadori tenía previsto lanzar una colección de chic-lit. Les mostré lo que tenía, les interesó y con la tranquilidad de saber dónde se iba a publicar me dispuse a escribir mi novela. Todo el proceso fue muy fluido. Tardé más o menos un año en terminar el libro. Estoy muy agradecida con mi editora, Florencia Cambariere. Ella siempre fue muy receptiva y respetuosa en sus devoluciones. Fue una experiencia muy placentera.

¿Hay más escritores que antes o más gente que escribe?
No sé si hay más o no. Lo que creo es que hay más soportes para difundir aquello que escribís y más posibilidades de contacto con tus lectores. Eso está buenísimo. Vivimos una época única y maravillosa.

¿Qué libro te gustaría leer por segunda vez?
No suelo concederme la posibilidad de releer. Reincido, sobre todo, en material de estudio. La obligación va siempre primero. Por eso no tengo una idea súper entusiasta de la relectura, sino más bien un doble estándar. Hecha la salvedad, quiero releer a Kurt Vonnegut.
Henri Matisse. Mujer con agenda, 1944


¿Te gusta el personaje heroico o víctima? ¿Por qué?
Heroico. Odio las víctimas.

¿Qué preferís una villana o una caritativa? Por qué?
No se contraponen. Una villana puede ser caritativa. Te digo más, la única manera de que me resulte interesante una “caritativa” es que pueda intuirle su villanía, su maldad.

¿Cómo es ser critica de teatro y escritora?
No se contraponen. No es que alterno entre el teatro y el submarinismo de alta competición. Escribir es escribir. Tratar de cerrar un texto de la mejor manera posible, delinear una idea, transmitir una imagen.

¿Celia Dosio es primero escritora o crítica teatral?
Soy de géminis, no tengo problemas con la dualidad.

¿Qué es Internet?
La marca de la época que nos tocó vivir. La posibilidad inaudita de conectar, acercar, acelerar. Todavía no logro comprender cómo pude hacer toda la carrera de Letras sin Google. Hoy por hoy no concibo mi vida y mi trabajo sin la web.

¿En qué estás trabajando ahora?
Tengo un proyecto de investigación sobre la obra de Rafael Spregelburd que consiste en mi tesis de doctorado. También estoy trabajando en una novela sobre el mundo de la cocina. La protagonista es una cocinera cuya vida se derrumba en pocos meses. Quería retratar un mundo donde las tradiciones que se vuelven obsoletas rápidamente. ¿Qué queda en pie cuando creemos perderlo todo? ¿Cómo concebir lo nuevo sin manipular lo que ya conocemos? ¿Dónde reside la satisfacción emocional de un buen plato de comida?

Celia Dosio


No hay comentarios:

Publicar un comentario