ALEVOSÍAS

VACACIONES DE VERANO O LA ESCAPADA DE DINO RISI

LUIS DE LEÓN BARGA

18 de junio 2017

Jukebox. Nico Fidenco. Legata a un granello di sabbia

Extra II aniversario (23 abril 2010-2012). Alevosía. A vuelo de pájaro, un recorrido breve por la historia de la belleza. Por Santiago Ocampos



José de Ribera. Orígenes, 1614

Cyprian Norwid, poeta polaco,  hablaba de la belleza en función del compromiso social del artista, del trabajo artístico como una contribución al desarrollo cultural de un pueblo, de resurgir, de renacer, de una especie de ave fénix que se identificaba con la persona dotada por el talento para crear de la nada.

Haciendo un recorrido histórico encontramos que en el judaísmo, este concepto reside en las facultades interiores del hombre y en especial en la mujer, que debe defenderse practicando ciertas virtudes referentes a los quehaceres domésticos y sobre todo aprender a escanciar el vino de la vida.

En los pueblos antiguos, la belleza estaba asociada a la magia. Se pensaba que dibujando los atributos de la divinidad se tomaban posesión de ellos logrando que pase al hechicero o figura de autoridad que ejercía así su dominio al resto de la población. Son conocidos los jeroglíficos egipcios. Había una estética religiosa que se respetaba fielmente.

Ya adentrados en la Grecia de los grandes filósofos, surge el concepto de Kalogathia, que significa bondad y belleza al mismo tiempo. Es decir todo lo que poseía una cierta utilidad podía denominarse bello. El bien era una condición sine qua non para lograrlo y se expresaba justamente en las cosas armónicas. Para Platón era la idea, lo justo. Pitágoras hablaba del número, la proporción matemática que daba la armonía.


José de Ribera. El tacto, 1615


La Edad Media vuelve su mirada a Dios y se centra en él. El artista es un instrumento de la divinidad que guía sus manos y sus pensamientos hacia las formas más excelsas por eso no firmaba sus obras. El alma en gracia será la belleza y el alma pecadora un reflejo de lo disociado. Es importante resaltar que también la búsqueda de la perfección era habitual en esta época.

El renacimiento encuentra la libertad creadora, la autonomía del autor que se abre a la fantasía y a las ideas que van surgiendo de su mente. El realismo en la representación trae a los observadores la posibilidad del goce estético. Del teocentrismo al humanismo, aparece el capitalismo, las reformas, las contrarreformas, la conquista de América, entre otros eventos que marcarían a fuego a la humanidad.

El barroco es sorprendente, desproporcionado, recargado, ingenioso y agudo. Lo feo pasa a ocupar un lugar destacado, se retratan enanos y personas que escapan del canon de belleza cultural. La sensibilidad y la agitación intelectual son parte de esta nueva etapa. Es época de guerras eternas, pestes, diseminación religiosa y social.

En el siglo XX, encontramos nuevas premisas para definir la belleza. Bajo el mando de los dos grandes filósofos que tuvo la centuria, Martin Heidegger y Jean Paul Sartre, se vuelve a reflexionar sobre la conciencia de existir del hombre. En esta disyuntiva encontramos a Héctor Tizón, escritor argentino, cuando escribe “La belleza del mundo” en 2004.

José de Ribera. El tacto, 1612


Este libro que emula la proeza homérica de Ulises, toma el nombre del personaje griego pero lo convierte en un humilde apicultor que sale de su casa, en algún lugar del norte argentina y, realiza un itinerario más o menos desventurado y regresa a su casa envejecido pero conocedor del mundo.

La belleza aquí está dada por la libertad, por la conciencia de existir, de formar parte, de comprometerse con un destino, con la capacidad de llamar a las cosas por su nombre.

De alguna forma este pequeño repaso histórico nos indica la importancia del artista, de todo tiempo, que refleja en su quehacer diario, el contexto social en el que vive, con su visión propia que permite transformar la realidad del  hombre y la mujer. Retomando a Cyprian Norwid, el compromiso social que adquiere el poeta logra que su pueblo no olvide el color al transformar la tierra y el cielo en la tradición de sus mayores.



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