ALEVOSÍAS

EL DESCUBRIMIENTO DE LA LENTITUD

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

23 de abril 2017

Jukebox. Casablanca. As time goes by. Dooley Wilson. (Subtitulos en español)

Ray Bradbury. Las muchas caras de un genio inalcanzable.


GIANFRANCO DE TURRIS

Du Zhenjun. Día nacional, 2010



Hablar de Ray Bradbury significa pensar inmediatamente en sus dos obras maestras, Crónicas marcianas (1950) y Fahrenheit 451 (1953), aunque el escritor, muerto en el 2012 en Los Ángeles a los casi 92 años (que habría cumplido el 22 de agosto), ha tenido una carrera literaria larga, de más de setenta años (tras haber empezado en 1941 a la edad de 21 años, con Weird Tales), durante la que publicó historias de todo género, y no sólo de ese tipo de ciencia ficción particular que en su tiempo se definió como "humanista".  


Sin embargo, todas ellas con el añadido de su toque personal, su estilo único, sugestivo, a partir de adjetivos singulares que sin darse cuenta envuelven al lector.


Con él desapareció uno de los últimos representantes de la gran y única "edad de oro de la ciencia ficción." Son muy pocos los que lo saben, pero en los últimos años vivía en una silla de ruedas, aunque continuó escribiendo con regularidad, aunque con la ayuda de una tercera persona: todas las mañanas, durante tres horas, dictaba por teléfono a su hija Alejandra, porque ya no podía usar su vieja máquina de escribir debido a que tenía el brazo inutilizado.

Alejandro Marco Pietá, Irene García-Inés Aguado. Fotografía de maniquíes 2010


En su momento, en los años cincuenta-setenta del siglo pasado, lo que sorprendió de Bradbury fue la visión melancólica y trágica del destino del hombre contemporáneo y futuro, prisionero de la masificación total, del desarraigo del yo individual y de su personalidad, súcubo de la masificación de la vida, entendiendo con esto no sólo los artefactos mecánicos y robotizados, sino también la virtualidad que en América ya se estaba imponiendo a mitad del siglo pasado, mientras que en cambio, nosotros sólo nos daríamos cuenta a partir de los años ochenta con la multiplicidad de los canales de televisión. Por ello no tenemos que maravillarnos si el escritor, en sus últimas intervenciones públicas, haya criticado los aparatos electrónicos que han invadido nuestra vida y la condicionan. "Tenemos demasiados teléfonos móviles, demasiado internet. Tenemos que liberarnos de esas máquinas" dijo en una entrevista por su nonagésimo cumpleaños al periódico Los Angeles Times. ¿Por qué maravillarse como hizo alguno? Es la lógica consecuencia de las críticas a las "máquinas", aunque sean de otro tipo y que Bradbury ha hecho en todas sus obras y especialmente en Fahrenheit 451: también están los teléfonos celulares, Ipod, Ipad, lectores electrónicos, smartphone, lo son y producen consecuencias. De los chats y Facebook, dijo: "¿Por qué tanto esfuerzo para hablar con un idiota con quien no nos gustaría que estuviera en nuestra casa"?. Su cruzada contra la ignorancia arranca desde los inicios de su carrera. En definitiva, un precursor de algunas de las críticas que hoy son moneda corriente.


Antonio Barroso. Declaración canina, 2011
Todo está en esa obra maestra y antiutopica que es Fahrenheit 451. Un libro que es la exaltación del hombre y de la verdadera cultura del hombre, la que ha sido transmitida por los libros y no por las ficciones virtuales de la televisión. Ya en 1951-53 Bradbury imaginaba pantallas gigantes como paredes y la vida falsa que transmitían a través de lo que ahora se llaman sitcom y siguen durante décadas, como si se tratara de una realidad paralela a la del espectador, o reality show donde la gente corriente se convierte en protagonista activa (asunto este de muchos de sus trágicas historias como La séptima víctima). Es en contra de la pandemia televisiva que el escritor arremete en defensa de otro tipo de cultura que esta intentaba sumergir o anular. Él no tenía en el punto de mira al senador McCarthy o una específica dictadura para-fascista, como querían dar a entender cierta crítica "comprometida" aquí en Italia. Fue el mismo autor, para decepción de algunos aficionados, quien lo confirmó: en 2007, en otra entrevista concedida al diario Los Angeles Times, dijo que su famosa novela no podía ser interpretada como una crítica a la censura o específicamente contra el senador McCarthy, sino más bien una crítica en contra de la televisión y el tipo de (in)cultura que transmite. En resumen, Bradbury ha estado siempre en contra de la pseudoinformación, la pseudovida, los pseudos hechos, lo que Dorfles ha apodado "leyendas urbanas", y que ahora es normal en todos los canales de televisión y webs del mundo, especialmente en Italia.


En otra entrevista dijo: "Los libros y las bibliotecas son de verdad una parte muy importante de mi vida, por lo que la idea de escribir Fahrenheit 451, fue algo natural. Soy una persona que nació para vivir en las bibliotecas". Profunda desesperación, entonces, para sus lectores que quieren verlo con lentillas ideológicas progresistas: no hay motivación política y/o ideología detrás de su famosa novela, que fue manipulada en esta dirección durante décadas, aunque, leyendo bien lo que Bradbury escribió, resulta imposible comprender. Tanto es así que, a menudo, en los Estados Unidos, Bradbury se enfadaba cuando alguien quería explicar las intenciones de lo que había escrito. Bradbury siempre ha sido un defensor de la cultura humanista y nos dio una cienciaficción de este tipo con verdaderas obras de arte...



Ray Bradbury



Gianfranco de Turris (1944) es un periodista, ensayista y escritor italiano, especializado en la literatura fantástica y ciencia ficción.


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