ALEVOSÍAS

EL DESCUBRIMIENTO DE LA LENTITUD

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

23 de abril 2017

Jukebox. Casablanca. As time goes by. Dooley Wilson. (Subtitulos en español)

Alevosías. Todo tipo de nubes


ENRIQUE LÓPEZ VIEJO




Cirros y altocúmulos. Cúmulos blancos y nimbos oscuros. A todos los lleva el viento,  cada uno en su altura, unos rápidos, otros lentos. No recuerdo bien ahora si era De Quincey o Baudelaire, quien decía algo así como que el opiómano mide la inmensidad del cielo por la altura de las nubes. Era de Quincey quien amaba los largos inviernos, que esperaba con ansia la llegada de las oscuras nubes que traían el largo invierno a los páramos y montes que rodeaban a su cabaña junto al lago, en la que vivía con sus cinco mil libros. Leer y pensar. Qué buen invierno. (Sí sé por qué este autor vuelve y revuelve a mis escritos.)


Estratos, nubes altas, muy altas, masas de nubes en la bóveda tormentosa sobre nuestras cabezas. Unas están a kilómetros de distancia en el cielo, arriba, a dos, tres, cinco mil metros y más. No lo sé y me da igual. Otras están justo encima, tenebrosamente, cargadas de agua, observándote. Me gustan las nubes todas, me gusta como visten el cielo y transforman el tiempo. Verlas llegar, tenerlas en el horizonte, presentarse desafiantes, ponerse encima de mi cabeza. Amenazantes, sean de denso algodón, sean marengos o turquís. Me gustan todas las nubes, incluso la más negra y tremebunda, la gota fría, el tornado, verme sumido en la lúgubre oscuridad sobrevenida, en la plena estampida de lluvia y vientos giróvagos. Como ahora, que los truenos y relámpagos no tardarán en iluminar los cielos, este cielo oscuro que tengo encima y que respiro con cierto ahogo y una desasosegante ansia.

Nubes barrocas y rococó, nubes románticas. Las celeste, las azul coeli, las azul cosmos. Las nubes rosas con un sol de poniente, las perla sin sol, hijas del amanecer. Los cúmulos que se alejan rápidos arrastrados por el viento del norte. Las que, más cercanas, se envuelven unas en otras, las que como algodones se entremezclan; los cirros y estratocúmulos jaspeados en lo más alto rasgándose como sedas en la inmensidad inalcanzable. Las que son blanco puro, algodón, las que brillan casi, las que no; las marengo, las cobalto, las plúmbeas, las tintadas por el alba, el orto, las que apaga el ocaso, cuando se convierten en pantallas de horizontes lejanos, de horizontes de grandeza, perdidos, o todos esos emocionantes panoramas que -como pantallas de la eternidad- ahora disfruto. A mí me gustan todas, todas las nubes. Soy un obnubilado.




Enrique López Viejo (Valladolid, 1958-Madrid 2016). Es el autor de  Tres rusos muy rusos. Herzen, Bakunin y Kropotkin (Melusina, 2008) Pierre Drieu la Rochelle. El aciago seductor (Melusina, 2009) y La Vida crápula de Maurice Sachs (Melusina, 2012), Francisco Iturrino, memoria y semblanza y La culpa fue de Baudelaire (El Desvelo, 2015)

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