ALEVOSÍAS

EL DESCUBRIMIENTO DE LA LENTITUD

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

23 de abril 2017

Jukebox. Casablanca. As time goes by. Dooley Wilson. (Subtitulos en español)

Buscadores de tesoros. Porfirio Rubirosa. Por Luis de León Barga

Porfirio Rubirosa y Zsa Zsa Gabor en la Costa Azul


  No sabemos si encontró la muerte o la buscó en un accidente con su deportivo. A simple vista parecía como si la vida, tan generosa con él, le hubiese pedido de pronto la vuelta de todo lo que le había regalado. En cualquier caso  murió como había vivido. Incluso su joven viuda, la actriz francesa Odile Redon, dijo que a él no le hubiese disgustado morir así. Con el viento de madrugada en la cara y a toda velocidad, lo mismo que había vivido. Se llamaba Porfirio Rubirosa y por orígenes de cuna y geografía estaba condenado a vegetar en su país, la República Dominicana. Sin embargo, supo regalar muchos titulares a la prensa del corazón. No todo el mundo puede matarse en un Ferrari descapotable después de una noche de fiesta por la victoria de su equipo de Polo. Porfirio, al salir de Jimmy´s, un local nocturno del París de los años sesenta, se montó en su coche y poco después se estampó contra un árbol en el Bois de Boulogne. Un accidente que recuerda al de otro rebelde sin causa, James Dean. Por aquel entonces, en 1965, los controles de alcoholemia en calles y carreteras eran inexistentes y uno podía conducir bebido y sin cinturón de seguridad. Otros tiempos. Pero a Rubi, como le llamaban sus íntimos, o el último playboy como le denominaba la prensa rosa, le gustaba pisar el acelerador en general, y sobrio o borracho, sabía que cada cosa y persona tiene su momento.


  Rubirosa dejó un hueco que nadie consiguió rellenar, en parte porque al acabar los años sesenta del siglo pasado los aires eran otros y en el playboy de turno predominaba más lo sexual sobre lo cortesano, poniendo en evidencia el lado más fácil del oficio, empezando por el creador de la revista Playboy, Hugh Heffner. De este modo, París se quedó sin la presencia incansable de Rubirosa en las fiestas de postín, los locales nocturnos de moda, las carreras de coches o los partidos de polo. Tal vez por eso fueron muchos los que lloraron su pérdida, pero sobretodo cierto tipo de mujer que tampoco ya existe. La que creyó en la existencia del príncipe azul y se encontró a un héroe de la factoría Marvel, sin otros poderes sobrenaturales que las ganas de divertirse.

  Rubirosa nunca ejerció oficio alguno, salvo el que inventó él. Pero no por eso se esforzó en vestir impecablemente en toda ocasión, jugar bien al polo, pilotar aviones, competir con automóviles de carrera y conquistar mujeres, ricas y pobres, feas y hermosas, jóvenes y mayores. Para conseguirlo tenía esa suerte de inteligencia natural que algunos llaman picardía y otros astucia. Sea lo que sea, supo jugar bien sus cartas y cuando en los años veinte vivió en París con su familia, pues su padre, militar de carrera, era diplomático de la República Dominicana, comprendió enseguida que vivir bien exige unos conocimientos más amplios de lo que parece.

Porfirio Rubirosa y los dos caballos favoritos de su escudería

  Pulió modos y formas, aprendió idiomas, cultivo el físico, las fiestas y las amistades, como el príncipe Ali Khan. Todo ese movimiento exige un dinero que Rubi no tenía. Y no era cuestión de ponerse a trabajar de empleado o funcionario, las dos opciones a las que se enfrentaba nuestro héroe en Santo Domingo. Por eso cuando conoció al dictador Rafael Leónidas Trujillo en un partido de Polo, hizo alardes de toda su simpatía e ingenio hasta hacerse un asiduo del círculo íntimo de Trujillo. Después comenzó un idilio con su hija mayor, Flor de Oro, lo que le facilitó acceder a algunos puestos secundarios de la burocracia estatal. Sólo cuando se casó con ella (1932), Trujillo le nombró diplomático en París.

  Trujillo le nombró embajador en Alemania, como lo fue en Argentina y Cuba tiempo después, lo que le permitió ascender en el status social antes de regresar a París, divorciarse de Flor de Oro en 1937, y casarse al comienzo de la Segunda Guerra Mundial con una mujer más cosmopolita que resultó ser la estrella naciente del cine francés, Danielle Darrieux. Rubi decidió quedarse en la embajada dominicana y se dedicó a vender pasaportes y documentación de su país para los que deseban huir del peligro nazi. Oscuros tráficos que complementaron sus ingresos y le pusieron en contacto con el mundo de la colaboración, tan extendido cuando el vencedor del momento se encontraba en su apogeo.

  Las malas lenguas, que siempre las hay en toda leyenda, dijeron que Rubi sabía complacer una mujer, y que sus artes amatorias no tenían parangón.  El escritor Truman Capote tuvo a bien precisar el tamaño del miembro viril de Rubi. Pero Rubirosa disponía también de otras armas. Era divertido, tenía conversación, sabía escuchar, hablaba cinco idiomas, sus modales resultaban impecables, y su apetito por las señoras estupendas no tenía fin. Él prefería que fuesen ricas y hermosas, pero en un apuro, no desdeñaba a la chica del guardarropas del local de turno, una camarera o una prostituta de tres al cuarto.

Porfirio Rubirosa bailando con su última mujer, Odile Redon, en una fiesta en Paris, 1961

  Al final de la guerra se encontraba en una excelente posición de partida. Pero para rematar la faena y dar el salto hacia la fama y el lujo verdadero necesitaba  mucho dinero. Si le faltaba tiempo para trabajar, como él mismo explicaba, la mujer podía ser un billete para la isla del tesoro. Europa se encontraba en franca decadencia por lo que debía mirar hacia el nuevo imperio americano. De este modo nuestro héroe puso en el punto de mira a la heredera del imperio tabacalero Reynolds, Doris Duke, una de las mujeres más ricas del mundo y con la que se casó en 1947. Ella se divorció poco después harta de sus infidelidades, pues nuestro querido Rubi no descuidaba el placer de rodearse de otras mujeres que representaban un papel secundario en su vida, pero no por eso menos importante. Ya lo dijo su ex mujer francesa a la prensa: Rubi necesita un harén.

  Rubirosa salió bien librado del divorcio. Su ex mujer le regaló una finca, un avión, un palacete… Poco después Rubirosa volvió a poner en el punto de mira en otra multimillonaria norteamericana, Barbara Hutton, con la que se casó en 1953. Era una mujer inestable, alcoholizada y con una larga lista de fracasos amorosos a sus espaldas. El matrimonio duró 75 días, pero Rubi consiguió 3,5 millones de dólares, una cantidad suficiente para financiar su tren de vida una larga temporada. Entre medias, Rubirosa tuvo innumerables romances. Apenas había una actriz o princesa viva cuyo nombre no esté vinculado con Rubi en algún momento en la década de 1950 y hasta la década de 1960.

  "Él despliega su encanto alrededor de tus hombros como un abrigo de marta cibelina en una noche fría de invierno” escribió de Porfirio la columnista de cotilleos Hedda Hopper. Incluso las mujeres decididas a resistir, sucumbieron cuando Rubirosa atacó con fuerzas. También Zsa Zsa Gabor, la actriz húngara y maestra en conseguir favores sexuales, acabó cediendo tras una intensa persecución por parte de Rubi.

  Pero la vida siempre se acuerda de quienes la disfrutaron en exceso para pedir cuentas. Dicen las lenguas viperinas que estaba mal de dinero y que había algo patético en Rubi por mantener el ritmo con su quinta esposa, la actriz francesa Odile Rodin, con la que se casó en 1956, cuando ella tenía 19 años y él 46. Diez años después, Odile dejaba a su marido cuidando el jardín de casa y su chihuahua para salir de noche. Pero a nuestro buscador de tesoros tampoco parecía importarle mucho. Y así cuando le preguntaron una vez cual era el secreto de su éxito con las mujeres, Porfirio lo reveló. Como todos los secretos, que siempre imaginamos complejos y muy escondidos, estaba a simple vista de todo el mundo. “Las mujeres quieren ser felices y yo intento que lo consigan”. No es una máxima para esculpir en la lápida de una tumba, pero a veces lo fácil es lo mas difícil.

Porfirio Rubirosa en un club nocturno de París en 1953


1 comentario:

  1. Anónimo2/26/2015

    CON MUCHO PORFIRIO RUBIROSA HA SIDO Y SERÁ EL MEJOR "PLAYBOY" DE TODOS LOS TIEMPOS. LA FAMA DE SUS CONQUISTAS CON LAS MUJERES Y SU INCOMPARABLE ELEGANCIA PARA VESTIR LLEVARON, SEGÚN SE DICE, AL PROPIO IAN FLEMING HA CREAR AL INMORTAL AGENTE 007, EL PERSONAJE DE MÁS ALTO RENDIMIENTO EN TAQUILLA A LO LARGO DE LOS ÚLTIMOS 53 AÑOS Y TODOS LOS ÍCONOS MASCULINOS DE CADA GENERACIÓN (DESDE MAURICIO GARCÉS HASTA JORGE RIVERO) TIENEN DESTELLOS DE RUBIROSA EN SU PORTE Y PERSONALIDAD. CREO QUE NO ES DESCABELLADO LLAMARLO "EL ÚLTIMO PLAYBOY"; EN TODO CASO YO LE LLAMARÍA "EL ÚNICO PLAYBOY". LUIS DE MAULEÓN

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