ALEVOSÍAS

EL DESCUBRIMIENTO DE LA LENTITUD

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

23 de abril 2017

Jukebox. Casablanca. As time goes by. Dooley Wilson. (Subtitulos en español)

Libros. Ignacio Colina, el escritor escondido. Por Sandra Ávila


Roberto González Fernandez. N de Nilo. 1997



Ignacio Colina es el seudónimo de un escritor de Buenos Aires que mantiene su anonimato a rajatabla y cumple con esa figura del escritor que, de cuando en cuando, surge en las letras hispanas y desde su escondite ejerce de justiciero, un poco como si fuera el Zorro sólo que sin antifaz y espada. Sus armas son otras. Evidentemente, se puede argumentar que desde la clandestinidad se juega con ventaja, lo cual es cierto. Pero también en un mundillo tan cerrado y pequeño como es la república de las letras en el ámbito hispanoamericano permite decir lo que muchos piensan y no se animan a decir en público. Según los datos que ha publicado en las redes sociales, Colina estudió filosofía y letras en la Universidad Nacional de Tucumán. Lo que queda claro es que se pasea por las redes sociales, sabe mucho de libros, sus afirmaciones pueden ser tan excesivas como inteligentes, y lee más de lo que escribe. Pero tras mucho pensarlo, y siendo este un blog abierto a los cuatro mares (¿o son cinco?) le hacemos unas preguntas para que nos hable de libros y de él, que ya sabemos que la vanidad es la sal de las letras.


¿De qué manera recordás tus primeros acercamientos la literatura, cuándo te sentiste atraído por ella?
Mis primeros acercamientos fueron durante la niñez. Mi padre había trabado amistad con un empresario naviero polaco que, sin saber uno por qué, comenzó a traerle libros, clásicos, del Viejo Mundo.
Ahí es donde mi padre comienza a interiorizarme sobre los grandes clásicos de autores como los Homéridas, la triada trágica Helénica por antonomasia, el gran Virgilio.
Al mismo tiempo también se inicia en mi hogar paterno un proceso de politización importante donde ganaron lugar los textos de corte más filosófico: desde Nicolás Copernico, pasando por los Paisajes infernales, David Hume, Nicolás de Cusa, Marcus Borel, Rudolph Steiner, Julius Evola o Karl Jung.
Aclaro que los alemanes cuando entienden, lo entienden todo. Como verá, ecléctica biblioteca de filosofía, pero que de algún modo, después de un largo tiempo, la pienso como una forma terrible de la literatura fantástica.
Mi padre, un comunista devenido en peronista de Perón, a muy temprana edad también me inició en el recorrido de obras de contenido político. De aquellos años recuerdo con mucho cariño las discusiones sobre el accionar del Gringo Tosco, por ejemplo.
También mi abuela, que en su juventud había trabajado como traductora para un sello extinto de Buenos Aires, operó en mi formación.
Ella, Lleana Andonov, me insertó de lleno en la obra de escritores búlgaros como Cernorizec Hrabar, Constantino de Preslav o Juan el Exarca, autor de la deliciosa Shestodnev.

¿Qué autores te deslumbraron y por qué?
En mi respuesta anterior di algunos nombres. Creo que todavía me deslumbran, y menciono como de lectura obligatoria, a la obra de hombres como Dante Alighieri, Wolfgang Goethe, Franz Kafka, William Faulkner o Welson Berrais, además de, claro, Edgar Allan Poe. Todos excepto el último, de un terrible regionalismo y particularismo europeo, pero no menos interesantes
¿Qué me deslumbra de estos escritores? Sin dudas, su originalidad. La potencia creativa para iluminar senderos desconocidos. Hablamos de inventores. Pensemos qué había antes. Sin dudas que cambiaron la historia, ¿no?


Cris O´Really. Árbol con libros.

¿Tenés  escritores contemporáneos que te gustan?  ¿Por qué los elegís y quiénes son?
Seguro apunta a la literatura local. Bueno, he de confesar que me gusta mucho lo que hacen estos señores: Martín Kohan, Ignacio Molina, Rey Larva, Iván Moisseff, Naty Menstrual, Sergio Fombona, Nicolás Correa, Rolando Revagliatti, Sandra Ávila, Andrés Castañé, Julio Iscariote, Azucena Galettini, Patricio Pron, Gonzalo Romano Gálvez, Diego Grillo Trubba, Cecilia Szperling, Diego Trelles Paz, Pablo Gianera.
Los elijo porque trabajan. Es insólito, pero ahora hay que privilegiar el trabajo y luego vemos si hay o no talento. Eso lo dirá el tiempo, que es tan tirano como el gobierno de Cleómbroto I en esa Esparta que sucumbió ante Tebas.
No queda otra que esperar.
No sé si le conté que, por lazo familiar, fui muy amigo del maestro Adolfo Bioy Casares. ¿Sabe qué decía él de la literatura del 90 para acá? “¿Libros nuevos? ¿Para qué? Con lo interesante que viene el diario ahora. No me hagás perder el tiempo que para eso ya estuvo Silvina…”.
Yo me reía y le decía que era un malpensado, un exagerado. Él siempre agregaba lo mismo, y mire que yo sacaba el tema de la literatura local una y otra vez. Bioy me decía: “¿Querés que te recomiende un libro nuevo? Fijáte, ahí me trajeron la guía de teléfonos de este año”.
Era un pillo genial.

¿Cómo es el desarrollo de tu escritura? ¿Trabajás en borrador y luego vas agregando o terminás el manuscrito y dejás las correcciones para otra etapa?
Rara vez corrijo. Trato de escribir el manuscrito sin demasiadas vueltas. Los borradores implican disponer de mucho tiempo. Yo no tengo esa ventaja. Al único al que no le escatimo tiempo es a mi hijo Timmy.

¿Qué similitud tiene Ignacio Colina con la construcción de sus personajes?
Nunca hice ese análisis, sería pretender que la literatura dependa de un análisis psicológico, pero rara vez el autor se encuentra completamente separado de su obra.
También debo reconocer que nunca pensé que iba a transformarme en una celebridad.
Una cosa es el reconocimiento que fui cosechando sobre todo en América Latina y otra esto que pasa acá, en Argentina, sobre todo a través de canales como las redes sociales.
Prácticamente mi escritura quedó relegada respecto de mi nombre. Es un poco fuerte. Que escriban sobre uno, como leo últimamente en muchos medios, impacta.
Es curioso, pero es un caso de una persona a la que el entorno transformó en personaje.
Quién sabe si esa metamorfosis no será mi mejor obra.

¿Qué es la literatura?
Un arte que en la Argentina se extinguió a mediados de la década del 90.



Roberto González Fernandez. W en Rainbow (detalle) 1997

¿Cómo ves la narrativa corta actual?
Si se refiere a la local, muy mal. Me salió un verso. Hay una pobreza discursiva y temática importante. Prácticamente se repiten los mismos tópicos en la última década y el grueso de los nuevos autores refleja una carencia en su formación que realmente preocupa.
Gente que escribe sin leer. O que, de leer, lee mal. Nuevos autores que se leen entre sí en un círculo muy pobre. Porque si usted no va a la fuente, no conoce el recorrido ni los errores que la literatura ha ido superando, entonces reinventa mal un universo ya pulido. Lo mancha.
Escritores mediocres que se retroalimentan de pares. Es un diálogo de enfermos del que nada bueno puede salir. También falta cultura general. Por más bueno que haya sido, no alcanza con leer a Cortázar, jóvenes. Les parecerá tonto, pero saber cómo era el Paraguay de Roa Bastos también aporta herramientas para posteriores textos.

¿Qué es lo más lindo de ser un escritor reconocido?
No tener que volver a pagar por ningún libro, prácticamente. También, que te invitan a viajes y conferencias y te dejan alojarte en buenos hoteles. La gente reniega del confort pero es una de las grandes inversiones del capitalismo.
También me acerca a muchas mujeres, que son un de las principales razones de mi supervivencia en este planeta.
El sexo me mantiene tan vivo como la literatura.

¿Qué estás escribiendo ahora?
No suelo hablar de lo que estoy desarrollando, pero sí puedo anticiparte que trabajo en un proyecto multicultural que combinará teatro, musical y cine. Me estoy tomando un respiro de la literatura. Los últimos libros, sinceramente, me dejaron exhausto.
También está el tema de la salud mi hijo, que necesariamente requiere de mucha energía de mi parte.

¿Sobre qué tema te gustaría enfocar en tu próximo libro?
No lo he pensado todavía. Creo que habrá algo de devastación moral en la Argentina matizado con el quiebre del modelo democrático local. Estimo que lo trabajaré en clave de poesía en verso. Hay una destrucción ininterrumpida de instituciones que merece contarse. Para esto tengo pensado radicarme en otro país. Escribir sobre Argentina hoy, estando en Argentina, me parece muy peligroso.



Césare Barzacchi. Puesto callejero, 1941


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