ALEVOSÍAS

EL DESCUBRIMIENTO DE LA LENTITUD

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

23 de abril 2017

Jukebox. Casablanca. As time goes by. Dooley Wilson. (Subtitulos en español)

Especial erotismo y crisis económica (y 3). La economía de un sexo en crisis. Por Ana Gálvez


Manet. Ninfa sorprendida (1859-1861)



Si planteamos un discurso economicista del sexo, y no voy a entrar en disquisiciones sobre si es correcto o no porque este no es el fondo de este artículo, podemos decir que en líneas generales los hombres se interesan más por el sexo que las mujeres lo que proporciona a estas últimas una cierta ventaja competitiva. Y esto es así  porque hombres y mujeres estamos hechos de una manera diferente: una mujer que mantiene relaciones sexuales se puede quedar embarazada y la maternidad tiene un coste mucho mayor para una mujer que para un hombre. De todas formas, también los datos empíricos sugieren que la motivación y el deseo sexual masculino es -por lo general- más alto que el de las mujeres. Ambas explicaciones (que son compatibles entre sí) explican la asimetría del comercio sexual.

En cualquier caso, lo que nos interesa es lo que nos puede permitir analizar las relaciones sexuales desde un punto de vista económico. Y esto es posible porque aunque la economía clásica se centra en el intercambio de mercancías materiales mediante un pago monetario, en la actualidad el horizonte se ha ampliado a lo inmaterial, aunque sólo sea porque somos una sociedad doblegada por lo económico. Por eso se puede hablar de la economía del sexo como de tantas otras cosas intangibles y que no implican necesariamente un comercio monetario.

Entonces si la oferta y demanda de este recurso deseable pero escaso debe adaptarse al mercado, los compradores y vendedores competirán entre sí, lo que implica que los ofertantes tiendan a maximizar los propios beneficios.

Además, el sistema cultural por un lado hace de la sexualidad femenina un recurso muy solicitado (véase la publicidad, por ejemplo), y por otro reafirma que no se trata de un intercambio equitativo, ya que el sexo se suele ver como algo que el hombre consigue de la mujer. Para igualar el intercambio, el hombre debe ofrecer también algo a cambio, un “algo” que está fuera de la relación sexual en sí. Esta forma de pago, que salvo el caso de la prostitución no es de tipo económico, varía según las condiciones del mercado.

José Jiménez Aranda. Una esclava en venta (1897)

También hay que tener en cuenta que en todas las sociedades tradicionales los hombres detentan el poder económico mucho más que las mujeres. Por eso las mujeres utilizan (de una forma consciente-inconsciente) el sexo  para reequilibrar esta distribución de los recursos.

Una confirmación parcial de esta hipótesis se encuentra en algunos estudios recientes publicados por sicólogos sociales http://usatoday30.usatoday.com/news/health/wellness/story/2011/08/More-gender-equality-leads-to-more-sex-global-study-shows/49854176/1, que revelan que en las sociedades con mayor igualdad entre hombres y mujeres, hay más sexo. La idea subyacente es que cuando las mujeres tienen las mismas oportunidades que los hombres para acceder a los recursos económicos, la necesidad de economizar el sexo es menor, y su comportamiento sexual se parece más al de los hombres.

Por supuesto se deben tener en cuenta otros factores como que en  las sociedades con mayor igualdad de género son las que tienen las costumbres más permisivas, ya que la emancipación femenina permite una mayor conciencia de la anticoncepción.

Entonces si la demanda es más alta que la oferta y el sexo se convierte en un recurso escaso, en épocas de crisis económica como la actual lo es aún más debido a factores “ambientales”, como puede ser un menor interés por la actividad sexual por parte de parados, gente con problemas o menos recursos económicos… pues no hay que olvidar que el comportamiento de cualquier individuo está inmerso en un contexto en el que hay costes, beneficios y preferencias bastante estables. Todo esto que llamaremos “mercado” se ve afectado por una menor capacidad económica y síquica de los consumidores.

Así podemos decir que si el sexo es una mercancía más, la crisis económica le afecta de lleno. El que los consumidores de sexo tienen menos recursos materiales y más problemas sicológicos debido a la crisis para lanzarse a consumirlo en un momento como el actual, es algo que ha notado la industria pornográfica, tradicional mercado de los “excedentes” masculinos que no logran comprar sexo en el mercado libre, y cuyos ingresos, según diversos estudios, ha disminuido en España más de un 27% respecto a años anteriores a la crisis económica.

Mariano Fortuny. Viejo desnudo al sol (1871)



Ana Gálvez es licenciada en sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en Psicología Social y estudios de la mujer, ha desarrollado su carrera profesional en la investigación sociológica, así como ha impartido talleres psicosociales en liderazgo personal, educación en valores e igualdad, desde una perspectiva psicológica, social y de género.



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