ALEVOSÍAS

EL DESCUBRIMIENTO DE LA LENTITUD

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

23 de abril 2017

Jukebox. Casablanca. As time goes by. Dooley Wilson. (Subtitulos en español)

Ítaca. La Puerta del Sol neozelandesa. Por Concepción M. Moreno





“Y en el reloj de antaño
como de año en año
Cinco minutos más para la cuenta atrás.
Hacemos el balance de lo bueno y malo…”
(Mecano, “La Puerta del Sol”)


El reloj de la Casa de Correos, situada en la madrileña Puerta del Sol, marca el ritmo de los últimos latidos de cada año. No deja de ser simbólico que el lugar donde se sitúa el “kilómetro cero”, el punto del que arrancan las seis carreteras radiales españolas, sea el mismo que establece el paso de un año al siguiente. Cuatro cuartos, doce campanadas. Ya no es más la Nochevieja de 2013, sino el 1 de enero de 2014.


Desde comienzos del siglo XX, en España tenemos la tradición de comernos las doce uvas correspondientes a cada uno de esos tañidos de campana. Hay que terminarlas todas para alcanzar la buena suerte en el año siguiente, como también colocar dinero bajo el plato para atraer dinero a la familia, como también meter un anillo (o cualquier otra pieza) de oro en la copa de champán (o cava o cualquier otra bebida espumosa), como también sentarse sobre una pierna para empezar el año con el pie correcto... Una superstición tras otra que logran estresar ese momento inicial del nuevo año.

Son miles de personas las que se acumulan cada 31 de diciembre a los pies de la torre que marca ese ritmo global. Algunas menos decidimos ese mediodía, es decir, 12 horas antes de que expire el año, reunirnos en el mismo lugar. Los responsables del mantenimiento del reloj efectúan el último ensayo general antes del gran momento, el de la medianoche: los mismos cuatro cuartos (din-don, din-don, din-don, din-don) y las mismas doce campanadas (tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan). Y desde hace unos cuantos años, algunas decenas (quizá cientos en ciertos momentos) de personas nos comemos las uvas a esa hora: apetece mucho más tomarlas como una suerte de desayuno tardío y no como postre tras una (con suerte) copiosa cena; y es más agradable hacerlo a la luz del sol que en la noche profunda agobiadas por la acumulación de gente.

Y, no lo olvidemos, también se trata de festejar que a las 12 del mediodía en Madrid ya es 1 de enero en Nueva Zelanda...

Desde este blog queremos agradeceros el apoyo y el seguimiento durante este año. Prometemos seguir esforzándonos por traeros buenos contenidos y esperamos vuestros comentarios para continuar creciendo. ¡¡¡FELIZ 2014!!!


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