LECTURAS A CONTRATIEMPO

LITERATURA UNIVERSAL. EL “BILDUNGSROMAN” DE SABINO MÉNDEZ

ANNA MARIA IGLESIA

6 de agosto 2017. (Felices vacaciones. Regresamos en septiembre)

Jukebox. Vargo. The Moment

Queremos irnos muy lejos

Ítaca. Momo en Montevideo. Por Concepción M. Moreno


Desfile llamadas. Foto de Concepción M. Moreno


Que no se apague nunca el eco de los bombos
Que no se lleven los muñecos del tablado
Quiero vivir en el reinado del dios Momo
Quiero ser húsar de su ejército endiablado
Que no se apaguen las bombitas amarillas
Que no se vaya nunca más la retirada
Quiero cantarle una canción a Colombina
Quiero llevarme su sonrisa dibujada
(Jaime Roos, “Colombina”)


No es el de Río de Janeiro, con su fastuosas escolas do samba en el Sambódromo; ni el de Tenerife, con sus deslumbrantes brillos; ni el de Venecia, con sus elegantes máscaras. El carnaval más largo del mundo se celebra en un rincón de un pequeño país. Cuarenta días marcados en el calendario de Montevideo, en los que propios y ajenos pueden ir del Desfile de Llamadas, que hunde su raíz en la tradición afroamericana, al Teatro de Verano, en los que las murgas y otros conjuntos despliegan su creatividad, su ironía y su talento musical para concursar por el título anual y que tiene su origen en el carnaval de Cádiz, pasando por los tablados de barrio, en los que el público puede admirar mucho más de cerca a esos húsares de Momo, como los llama Jaime Roos en su canción “Colombina”.

Desfile llamadas. Foto de Concepción M. Moreno

Quien viaje a Montevideo para vivir el carnaval tiene que hacerlo libre de prisas, con sus ganas abiertas a la posibilidad de aplazamientos por lluvia y con el alma predispuesta a una marea de emociones que van de la carcajada a la lágrima.

La lluvia es una presencia constante en Uruguay en estas fechas, tanto como para que el desfile inaugural del Carnaval 2014 haya sido retrasado en dos ocasiones (hasta su celebración definitiva el pasado 25 de enero). Pero ese dato, lejos de desanimar a locales y visitantes, añade una pizca de azar a ese combinado saturado de colorido, sarcasmo y ritmo.

Pese a que las murgas son las favoritas de la mayoría del público, y que, como bien explica el Museo del Carnaval (sito en la montevideana Ciudad Vieja), tienen su origen en un grupo gaditano que empezó a hacer representaciones por las calles uruguayas cuando se quedó sin dinero para regresar a España en 1908, uno de los momentos más importantes de la fiesta de Momo es el Desfile de Llamadas.

Mamavieja y gramillero. Foto de Concepción M. Martínez

La calle Isla de Flores, que cruza los barrios Sur y Palermo, se inunda de las agrupaciones de negros y lubolos (blancos pintados de negro) que hacen sonar sus tambores (chico, piano y repique) al ritmo del candombe, una música que remite a los tiempos de los esclavos negros en la colonia americana y que, durante dos noches seguidas, hace retumbar las calles y, por supuesto, los corazones de los presentes.

Espléndidas vedettes, manos ensangrentadas, rostros desencajados, cuerpos sudorosos, banderas gigantes, niños que tocan tambores como mayores, mayores emocionados como niños, caderas oscilantes, ternura y tradición en las figuras del escobero, la mamavieja y el gramillero, pies imparables en un público que es de todo menos pasivo...

Sumergirse en el carnaval montevideano es conocer una parte muy importante de su cultura (de hecho el candombe fue declarado en 2009 Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco) y permite descubrir muchos de sus particulares códigos.

Un año más, por estas fechas, Montevideo vive su gran momento. Pidamos que las bombitas amarillas sigan luciendo y que la retirada aún tarde en llegar. ¡¡¡Seamos húsares de Momo!!!

Desfile de llamadas. Foto de Concepción M. Moreno



1 comentario:

  1. AMO TUS VIAJES,LLÉVAME EN TU BOLSILLO CONCHI!!

    UN ABRAZO GRANDE

    ResponderEliminar