ALEVOSÍAS

EL DESCUBRIMIENTO DE LA LENTITUD

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

23 de abril 2017

Jukebox. Casablanca. As time goes by. Dooley Wilson. (Subtitulos en español)

El día que murió P.K. Dick


MALCOLM LARDER




El día que murió P.K. Dick, el 2 de marzo de 1982, fue un golpe duro para el joven veinteañero que entonces era yo, como imagino que fue para todos los seguidores de este escritor de ciencia ficción. Yo tenía planeado ir a verle, ya que vivía cerca, en Santa Ana (California), aunque sentía cierto miedo de su reacción, pues se contaban muchas cosas sobre él y sus recibimientos a fans que, a veces, podían degenerar debido a sus paranoias. No obstante, era un buen tipo, según decía la gente que le conocía. Por eso había que buscar un intermediario, alguien que le conociese bien y alejase cualquier suspicacia suya, o confundirme con un agente del FBI.

Pero más que un golpe duro por la muerte de un hombre de 54 años, lo fue porque, egoístamente, nunca podría volver a leer nada suyo y, seamos sinceros, al menos en el ya lejano año de 1982, ¿qué mejor autor que Dick en el campo de la ciencia ficción?

Así que solo quedaba imaginarlo en un reino oscuro y misterioso, aunque nos deja su legado de obras buenas (y malas) como un profeta de cierta irrealidad real, y esas locuras fronterizas que Dick siempre buscó en pos de experiencias esclarecedoras protagonizadas por héroes desamparados, sabios y perdedores que siempre logran sobrevivir, un poco como él, y que hizo de la paranoia y la realidad las palabras claves de su obra.

Para Dick, como él mismo explicó, la paranoia es un intento de entender el sentido de cosas que no lo tienen. O dicho de otro modo, en este mundo hay muchas cosas que aparentemente no sirven para nada, carecen de utilidad y solo le damos cierta coherencia por pura funcionalidad.

P.K. Dick

Dick explicó que cuando miramos por la ventana necesitamos ser capaces de determinar que se trata del mismo cartero de siempre. “Es el cartero. Orden y regularidad. Esas son las palabras claves. Vemos algo que se repite y de ahí deducimos esquemas. Y la única razón que tenemos para hacerlo es la de permitirnos funcionar en nuestra vida diaria. No se trata de tener una certeza absoluta sobre el universo entero. No creo que necesitemos saber muchas cosas. La necesidad de saberlo todo es una necesidad mal dirigida”.

Por eso Dick aseguraba que escribió sus novelas para plantearse qué era lo real y propuso una cantidad de respuestas para llegar a la conclusión de que las partes reales de su universo que le importaban como reales eran las que le resultaban convincentes. Para P.K. Dick hay ciertas personas que parecen reales mientras que otras parecen carentes de realidad. Son los que tienen “ojos de lagarto”, dijo. Cuando se los observa se ve que no son reales, sus ojos están muertos, su mirada vacía y pueden haber sido automatizados por ellos mismos u otra cosa, como la droga, una ideología, una insuficiencia hormonal… El caso es que se han convertido en objetos y no podemos sentirlos como humanos, como tampoco un muñeco puede convertirse en un humano.

Para P.K. Dick la realidad es el ser humano y por eso la realidad es contradictoria, lo mismo que los seres humanos presentan comportamientos contradictorios, más que cualquier otra cosa o ser vivo del universo. A veces somos capaces de entender esos comportamientos y a veces no. Lo mismo le sucedia a Dick con el concepto de real.

Por eso, creo uno de los méritos de Phillip K. Dick es que su obra aborda conceptos nuevos y temas desconocidos y se atreve a aventurarse en la oscuridad. Y eso es lo que hizo este escritor que fue hasta una tierra desconocida capaz también de destruir las amables teorías del prójimo como, por poner un ejemplo, que las drogas destruyen la potencia creadora del artista. Yo creo que las experiencias de P.K. Dick con el LSD y las anfetaminas han dado lugar a buenos relatos y novelas. No quiero decir con esto que sea una condición previa para imaginar mundos lejanos capaces de ejercer sobre nosotros una influencia poderosa. Pero tampoco me apunto a la teoría contraria. Así que olvidemos todo ello y adentrémonos en alguno de los libros de P.K. Dick (mis favoritos son los de la trilogía Valis) y disfrutemos de la clarividencia y potencia creativa de ese hombre corpulento y barbudo que no llegué a conocer, pese a ser casi vecinos.




Novelas de P.K. Dick

1955: Lotería solar (Solar Lottery).
1956: El tiempo doblado (The World Jones Made) y Planetas morales (The Man Who Japed).
1957: Ojo en el cielo (Eye in the Sky) y Muñecos cósmicos (The Cosmic Puppets).
1959: Tiempo desarticulado (Time Out of Joint). Inspiró la película “El show de Truman”.
1960: Dr. Futurity y El martillo de Vulcano (Vulcan's Hammer).
1962: El hombre en el castillo (The Man in the High Castle). Ganadora del premio Hugo en 1963.
1963: Torneo mortal (The Game-Players of Titan).
1964: La penúltima verdad (The Penultimate Truth), Tiempo de Marte (Martian Time-Slip), Los simulacros (The Simulacra) y Los clanes de la luna alfana (Clans of the Alphane Moon).
1965: Los tres estigmas de Palmer Eldritch (The Three Stigmata of Palmer Eldritch) y El doctor Moneda Sangrienta (Dr. Bloodmoney, or How We Got Along After the Bomb).
1966: Aguardando el año pasado (Now Wait for Last Year), The Crack in Space y The Unteleported Man.
1967: La pistola de rayos (The Zap Gun), El mundo contrarreloj (Counter-Clock World) y The Ganymede Takeover (en colaboración con Ray Nelson).
1968: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Do Androids Dream of Electric Sheep?). Inspiró la película “Blade Runner”.
1969: Gestarescala (Galactic Pot-Healer) y Ubik.
1970: Laberinto de muerte (A Maze of Death) y Nuestros amigos de Frolix 8 (Our Friends from Frolix 8).
1972: Podemos construirle (We Can Build You).
1974: Fluyan mis lágrimas, dijo el policía (Flow My Tears, the Policeman Said). Ganadora del premio John W. Campbell Memorial.
1975: Confesiones de un artista de mierda (Confessions of a Crap Artist). Adaptada al cine en 1992.
1976: Deus irae (en colaboración con Roger Zelazny).
1977: Una mirada a la oscuridad (A Scanner Darkly). Inspiró la película homónima en 2006.
1981: SIVAINVI (VALIS) y La invasión divina (The Divine Invasion).
1982: La transmigración de Timothy Archer (The Transmigration of Timothy Archer).
1984: The Man Whose Teeth Were All Exactly Alike.
1985: Radio Libre Albemuth (Radio Free Albemuth), Ir tirando (Puttering About in a Small Land) y En busca de Milton Lumky (In Milton Lumky Territory).
1986: Humpty Dumpty in Oakland.
1987: Mary y el gigante (Mary and the Giant).
1988: The Broken Bubble y Nick and the Glimmung (novela infantil).
1994: Gather Yourselves Together.
2004: Lies, Inc.


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