LECTURAS A CONTRATIEMPO

LITERATURA UNIVERSAL. EL “BILDUNGSROMAN” DE SABINO MÉNDEZ

ANNA MARIA IGLESIA

6 de agosto 2017. (Felices vacaciones. Regresamos en septiembre)

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Queremos irnos muy lejos

Queríamos un Calatrava. Viajes arquitectónicos por la seducción y el repudio. Llàtzer Moix

LUIS DE LEÓN BARGA





Desde finales del siglo pasado hemos visto como se han construido conjuntos arquitectónicos parecidos a piezas de una ciudad dentro de la ciudad, en una especie de juego de mecano gigantesco. Pueden ser auditorios, museos, palacios de congresos, torres y puentes que destacan en el horizonte urbano de una forma excéntrica o al menos exagerada, y que buscan ante todo la visibilidad. Si preguntas quien es el autor te dirán el nombre de un arquitecto estrella.


Uno de ellos es Santiago Calatrava (Benimámet, 1951), un valenciano que logró escalar hasta la fórmula uno de la arquitectura mundial en los tiempos de bonanza económica. Calatrava ganó grandes concursos y ha firmado obras como el intercambiador de transportes de Manhattan sur en Nueva York, el palacio de Congresos de Oviedo, la ciudad de las Artes y las letras de Valencia, el Museo de Arte de Milwaukee o el puente de la Constitución en Venecia, por poner algunos ejemplos. Y esto es lo que, entre otras cosas, nos cuenta en Queríamos un Calatrava (Anagrama), el periodista cultural, subdirector y crítico de arquitectura de La Vanguardia Llàtzer Moix.  

Pero este libro, subtitulado Viajes arquitéctonicos por la seducción y el repudio, no sólo es un recorrido alrededor de la obra de Calatrava y sus peripecias, sino también una investigación minuciosa sobre el personaje Calatrava, pues un arquitecto estrella es ante todo un protagonista. Y la vida de Calatrava, desde sus modestos orígenes, tiene tanto interés como el puramente arquitectónico, porque refleja la historia de las corruptelas arquitectónicas y urbanísticas de estos últimos tiempos. Además, todo ascenso social es siempre algo complejo ya que exige múltiples habilidades y resulta evidente que Calatrava las tiene, como le cuenta a Llàtzer Moix la gente que colaboró con él, lo trató o le hizo algún encargo. Todos estos múltiples testimonios construyen el personaje Calatrava y nos permite conocer su medio ambiente.

Llàtzer Moix. Foto de La Vanguardia de Pedro Madueño


Leemos así el despegue de Calatrava, sus años de formación, influencias y primeros pasos desde Zurich (Suiza), país en el que estudió y conoció a su mujer, una persona decisiva en su vida personal y profesional. No se le puede negar a Calatrava tesón y empeño, lo que junto a sus artes de seducción, le abrieron el camino hacia la cumbre.

Pero con los años Calatrava pasó de ser un arquitecto codiciado y objeto de prestigio a tener que declarar en los tribunales por los retrasos, defectos y costes de sus obras, que siempre han excedido lo presupuestado con creces.

Llàtzer Moix ha sumado durante cinco años viajes, visitas y entrevistas por todo el mundo para ofrecernos una entretenida  crítica en donde tampoco falta el humor, de la obra y vida de un arquitecto que representa lo que denomina la arquitectura icónica. Aunque Calatrava no quiso responder a las preguntas del autor de esta buena investigación, los lectores también podemos buscar respuestas a la pregunta de cual debería ser la función del arquitecto hoy día.



Pero dejemos que Llàtzer Moix nos responda sobre todo ello:

¿Cómo surgió tu interés por la arquitectura y Calatrava en particular?
Hace ya unos treinta años, cuando en Barcelona empezó a gestarse el proyecto olímpico, que tenía un importante correlato arquitectónico y urbanístico. Pocos periodistas culturales se dedicaban entonces a este ámbito, y me pareció que daba mucho de sí. Creo que no me equivoqué. Calatrava, en concreto, es uno de los arquitectos proveedores de arquitectura icónica, una de las variantes de esta disciplina que ha logrado más presencia mediática en los últimos lustros. Me sorprendió que alguien tan bien valorado, años atrás, se convirtiera en alguien tan criticado. Y quise saber a qué se debía ese cambio de percepción.

En tu libro se cuentan muchas cosas del carácter de Calatrava, un elemento esencial en su ascenso social y laboral, ¿lo definirías como un voluntarista simpático o un seductor con suerte?
 Es un hombre muy trabajador, con vocación de singularidad, con ambición y con un alto concepto de sí mismo. En su carácter conviven diversos rasgos. Puede ser un seductor imbatible en las fases iniciales de sus tratos con el cliente. Y puede, en fases posteriores, a base de retrasos, modificaciones de proyecto y sobrecostes, generar en dicho cliente decepción y repudio.

Si el exceso de encargos es lo que traza una línea divisoria a menos entre el Calatrava del comienzo y el de hoy, ¿le falló tener un buen equipo junto a él o el saber delegar?
Creo que se ha rodeado siempre de profesionales muy competentes. Pero no está claro que lo hiciera en el número adecuado como para responder a los muchos encargos que asumía a plena satisfacción del cliente. No es hombre que guste de compartir la autoría de sus proyectos. Gusta, por el contrario, de supervisarlos muy de cerca, lo cual está bien, siempre y que no demore mucho los procesos.

Calatrava explicando uno de sus proyectos


En sus últimas obras, ¿crees que Calatrava se repliega sobre sí mismo desde un punto de vista formal y se repite, o mantiene algún tipo de innovación?
 Toda capacidad creativa, incluso las muy desarrolladas, tiene un límite. Algunos creadores plásticos muy destacados han sido capaces de reinventarse varias veces, de romper con su propia tradición, de dinamitarla y alumbrar una nueva. Son los que realmente han hecho evolucionar el arte. Calatrava posee unos conocimientos y un lenguaje particulares. Los primeros, los meramente ingenieriles, no son visibles para el profano. Pero su lenguaje se va reiterando, incluso a ojos de los no expertos. Esto tiene una ventaja: él ha creado una marca arquitectónica reconocible, que es la que le compran. Y una desventaja: pasan los años y la sorpresa que causó al principio su obra se difumina.

Cuál ha sido el elemento más importante en la vida de Calatrava y que le ha facilitado llegar hasta la cumbre de la arquitectura mundial: el empeño de lograrlo, su estilo arquitectónico o su mujer?
 Todos esos elementos han sido capitales. En sus inicios, que no fueron fáciles, se comportaba ya como un director de orquesta, guardaba sus bocetos como si supiera que un día se convertiría en una estrella. El lenguaje propio le ha sido muy útil para competir en la Champions de la arquitectura estelar. En ella, si no dispones de un estilo propio, pierdes pie. Con su esposa ha formado un tándem muy efectivo, con los roles repartidos, él al frente de la creación arquitectónica, ella al frente de su rentabilización.

¿Piensas que las obras de Calatrava permanecerán a lo largo del tiempo o sus costes de mantenimiento y fallos acabarán en algunos casos siendo remodeladas sin su concurso?
 Los costes extraordinarios de sus obras, doblando o triplicando a menudo los presupuestos iniciales, han minado el atractivo de Calatrava, al menos entre los clientes públicos, que nunca debieron haber tolerado, una vez tras otra, desvíos presupuestarios tan cuantiosos, aún cuando la coyuntura económica fuera otra. Ahora, sencillamente, no están en condiciones ni de planteárselos. Se ha producido a menudo un gran desfase entre la inversión de fondos públicos y su rentabilidad social. Los costes de mantenimiento ya han hecho que algunas de sus obras se vieran privadas, por ejemplo, de sus movimientos característicos. Algunos proyectos –los tres rascacielos de Valencia, por ejemplo- naufragaron porque no hubo promotores privados que quisieran aventurarse a sufragarlos. Ya conocían el paño. No me extrañaría que, en algunos casos, y ante la necesidad de proceder a reformas de sus obras, su exclusión fuera una condición sine qua non para inicial tales reformas.

Palacio de Congresos de Oviedo



En qué momento se encuentra ahora Calatrava, ¿es un ídolo caído o mantiene su prestigio internacional?
 Ha dejado un rastro de descontento en muchas obras, de Venecia a Nueva York, de Oviedo a Valencia. No calificaría como ídolo caído a alguien que aparece en la lista de millonarios residentes en Suiza de la revista Bilanz. Pero esos descontentos no han mejorado su percepción en Europa ni en Estados Unidos. Ahora desplaza su cartera de pedidos hacia Oriente, hacia los Emiratos, China o Taiwán. Es algo que suele suceder con los proveedores de servicios de elevado coste que empiezan en el primer mundo y luego son reclamados en otras partes del planeta. Los proyectos que tiene ahora en Dubai o Qatar, por ejemplo, son de unas dimensiones enormes. Su carrera no ha terminado.

A qué crees que se ha debido el auge de los arquitectos estrella en estas últimas décadas, como Calatrava, Foster, Nouvel, Hadid...
Al deseo, por parte de los clientes públicos, de reproducir el éxito de la Ópera de Sydney, proyectada por Jorn Utzon, o, después, del Guggenheim de Bilbao, obra de Frank Gehry. Ambas ciudades hallaron en tales edificios un talismán, un agente regenerador extraordinario. Pero la mayoría de las que las imitaron no obtuvieron el mismo resultado. Es comprensible: cuando uno trata de distinguirse con algo que es inusual, tiene posibilidades de triunfo. Cuando, por el contrario, se acomete esta operación después de que la hayan acometido muchos, ya no se sorprende a nadie. Lo que fue único se ha convertido en corriente. La excepcionalidad desaparece y, con ella, sus presuntos beneficios.

En este tipo de arquitecturas y arquitectos, ¿es mas importante la ingeniería que la arquitectura?

Algunos colaboradores de Calatrava dirían que ni una cosa ni otra. Que Calatrava es, ante todo, un proveedor de formas escultóricas, a las que hay que se da un uso arquitectónico. Calatrava es ciertamente un profesional único, en el sentido de que se reclama, a un tiempo, arquitecto, ingeniero y creador plástico. Y quizás sea las tres cosas. Pero parece olvidar que estas tres profesiones se rigen por protocolos distintos. Un artista plástico es libre de hacer lo que quiera. Un arquitecto debe atender los requerimientos del cliente y del entorno. Un ingeniero se vanagloria de hallar la línea recta entre el encargo y el producto, al precio más ajustado posible. ¿Qué ocurre cuando Calatrava hace arquitectura basándose en sus inquietudes plásticas y olvidándose del procedimiento canónico ingenieril? Pues que el artefacto construido, primando la estética, y fuera de cualquier standart constructivo, acaba respondiendo con alguna deficiencia a su compromiso arquitectónico, y hace saltar por los aires ese afán ingenieril por realizar obras muy razonables en términos de coste y rendimiento.

¿Por qué ese interés de las instituciones por "decorar" las ciudades con una obra arquitectónica que, en ocasiones, desentona con el contorno por su extravagancia?
 Probablemente, porque no saben cohesionar a una sociedad alrededor de un proyecto común, de tal modo que puedan extraer lo mejor de cada uno de sus miembros. Y, en ausencia de eso, creen que con una obra llamativa, que va a cambiar algún aspecto de su fisonomía, se va a producir una transformación mágica. Algo de eso puede lograrse. Pero hay que ver a qué coste. En la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia se han invertido alrededor de 1.300 millones de euros. Y es verdad que va más turismo a Valencia del que iba a antes. Pero el déficit de explotación de esa obra ronda los 700 millones. No es una inversión que se caracterice por su rentabilidad. Los poderes públicos han administrado mal, con Calatrava de por medio, los recursos públicos. Si hubieran sido suyos no lo hubiera hecho. Un promotor catalán, que estaba a punto de firmar un contrato de 15 millones con Calatrava por seis edificios, quiso introducir una cláusula por la que el arquitecto se comprometiera a no pasar de una cantidad por metro cuadrado construido. Calatrava se negó, diciendo que él no firmaba cláusulas que comprometieran su libertad creativa. El promotor replicó: yo no firmo contratos que comprometan la viabilidad económica de mi proyecto. Eso, que entiende cualquier persona que vaya a hacerse una casa, no lo han entendido, en demasiados casos, quienes administraban el dinero de todos.

Santiago Calatrava






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