ALEVOSÍAS

EL DESCUBRIMIENTO DE LA LENTITUD

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

23 de abril 2017

Jukebox. Casablanca. As time goes by. Dooley Wilson. (Subtitulos en español)

Alevosía. “Psicosis”, de Hitchcock, o una excusa para hablar de cualquier otra cosa. Por Lucas Damián Cortiana


Janet Leigh en la película Psicosis de Alfred Hitchcok

(Advertencia: este texto abunda en sarcasmo, pretenciosidad, delirios de grandeza, argentinismos, lunfardo y voseo. Es probable encontrar también algo de intolerancia cultural).

Apenas cumplió veinte años, Jeanette Helen Morrison comenzó a pasear su hermosa figura por la pantalla grande. Estamos hablando de 1947, cuando toda Norteamérica hablaba del “caso Roswell”; mismo año en que los modernistas llorarían a Manuel Machado, alguien encontraría a Al Capone muerto en una bañera y Henry Ford dejaría de ser un nombre y un apellido para convertirse definitivamente en sinónimo de industria automotriz.


Pero más allá de conspiraciones gubernamentales, secretos de Pentágono y obituario célebres, aún faltaba mucho para que entraran en el vocabulario popular palabras como inyecciones de bótox, liposucción, rinoplastia y lifting facial. Jeanette era pura belleza natural, ciento por ciento original, sin quirófanos, sin cirujanos metiendo bisturíes y sacando imperfecciones, sin anestesias ni dolor. Belleza, simplemente, que no es poco decir.

Un tío mío, el chistoso, uno como el que todos tenemos, me dijo una vez: "Hay dos palabras que te abrirán muchas puertas en la vida: TIRE y EMPUJE". A Jeanette, dos palabras con mucho más poder le abrieron las puertas que su incipiente carrera en psicología no le hubiesen abierto nunca: RUBIA y HERMOSA. Tanto fue así que la actriz Norma Shearer quedó tan maravillada por el atractivo físico de la joven después de ver una foto de ella en un centro de esquí, que inmediatamente pasó el dato ni más ni menos que a la Metro Goldwyn Mayer. Entonces, allí terminó la vida de Jeanette y comenzó la vida de Janet Leigh, pues el primer paso a la fama, es sabido, es borrar todo rastro del pasado, y eso comienza con un buen nombre, vendedor, llamativo, lustroso y principalmente fácil de recordar -como Marilyn (Monroe) o Yvonne (de Carlo), por las menos efectivas y mas insulsas Norma y Margaret, los verdaderos nombres de esas divas-, algo que pocos padres atinan hacer desde un principio, para ahorrar futuros rebautismos si su hijo resulta ser una estrella del cine o de TV, y eso es precisamente lo que el sr. Mayer hizo. Sin embargo, la cima del mundo no se logra solo con tener un nombre que estrenar y cabellos dorados y un busto legendario para la época, no; se necesita talento y una rueda de la fortuna que sonría de vez en cuando. Entonces el golpe de suerte llegó de manera impredecible, porque, claro está, de eso está hecha la materia del azar, y más impredecible de lo que fue no podría haber sido. La ruleta se detuvo en la casilla de la muerte.

Anthony Perkins en la película Psicosis

Dicen que, a partir de ese día, ella nunca más pudo bañarse en una ducha sin primero cerrar absolutamente todas las puertas de su casa y, si se podía evitar, se bañaba en una tina. Dicen que algunos admiradores le mandaban cartas en las que fantaseaban con repetir su muerte... su muerte más famosa, la de Janet Leigh interpretando a Marion Crane en la ducha del Motel Bates. La ducha de “Psicosis”.

¿Qué tal comenzar este párrafo con una sentencia? Bueno, podrá parecer un poco frívolo, pero ahí va: lo que no se inventó antes, se inventó en los 60. ¿Por qué? Vamos a meternos en la ardua y poco gratificante tarea de desasnar. Si sos de la generación MTV, tal vez creas que el pop lo inventaron Madonna, Michael Jackson o el artista antes conocido como Prince. O si sos de la generación “Crepúsculo”, pensarás que no hay nada más cool que unos pibitos carilindos, léase Jonas Brothers, Justin Beaber, One Direction y demás engendros corporativos, tocando la guitarra. ¡Pobre cretino ignorante! Ni siquiera estás cerca si pensabas en Elton John vestido de Pato Donald actuando la canción "Benny and the jets". Los Beatles estaban tocando "Please, please me" y "I want to hold your hand" con sus sonrisas esponsoreadas para Ed Sullivan mucho antes que Madonna pudiese decir "Like a virgin". Ah, ¿creíste que nada se asemeja a Lollapalooza o Coachella en cuestión de festivales de rock con música de vanguardia, quilombos de infraestructura y malos servicios sanitarios? Mmm, creíste mal. Ahí estaban el Monterrey Pop Festival, Woodstock y la isla de Wight primero. Claro, pensaste que la guerra en Irak era el conflicto bélico mas inverosímil, ilógico, sin sentido y escalofriantemente dominado por la avidez del que se tuviera registro. Sin duda, lo es en este siglo XXI, pero la huella se dejó en los 60. No sé si escuchaste de algo llamado Vietnam, Charlie, Nixon o “la batalla de la Colina de la Hamburguesa” y si no, realmente estás viviendo adentro de una burbuja y mereces vivir encerrado en un limbo con soldados llevándote comida y cartas que tu mamá te escribió hace un mes… o lo que sería más o menos lo mismo, en Ho Chi Minh escapando de ataques de napalm. Esos fueron los 60, cuando se inventó todo menos la pólvora y la rueda, Elvis y la rebeldía sin causa. Porque de estrellas de cine imperecederas también estuvo colmado: Mia Farrow, Brigitte Bardot, Virna Lisi; y ni que hablar de iconografía: las rejillas de ventilación levantando la falda de Marylin Monroe, Sean Connery pidiendo un Martini en la piel del 007, Hendrix incendiando su guitarra o, si sos más bien un necromaníaco, tal vez tengas en tu cuarto un póster de Sharon Tate o de JFK paseando por última vez en su coche por la Plaza Dealey, junto a algunos pájaros disecados y un cráneo que te regaló un primo que estudia kinesiología.

Una escena de la película Psicosis

Pero si hablamos de iconos de la cultura en los 60, el primero fue Janet Leigh gritando como loca bajo la ducha que le había preparado el maestro Hitchcock. El asunto ahora sería: ¿cómo fue que esta mujer, venida de películas poco memorables como Luces de Broadway” y Scaramouche”, se convirtió en sex symbol y provocó noches con sueños mojados para toda una generación de jóvenes adictos al suspense y a las provocaciones blondas? Digamos que en los 60, si eras mujer, había solo un par de maneras para alcanzar la gloria en el cine. Para ser más justos, digamos que tres: ser una chica Fellini, una chica Bond, o una chica Hitchcock. Janet, ya lo sabemos, se metió desnuda, mojada y a los gritos en el Hitchcock Athletic Club (para ponerle un nombre bonito), y tan cierto fue ello como que jamás pudo salir de allí.

Ella ya no sería ella, nada de lo que dijese tendría la misma intensidad de su grito, ninguna foto familiar ni ninguna perpetrada por paparazzi serían tan convincentes como el póster publicitario; pedirle una nueva gracia hubiese sido pedirle a la Gioconda una nueva sonrisa, a la Venus de Milo una nueva pose o a María un nuevo Cristo.

Alfred Hitchcock


  Lucas Damián Cortiana (Chivilcoy, Argentina, 1983) es estudiante de Profesorado de Lengua y Literatura. En 2007 obtuvo una mención de honor en un certamen nacional organizado por la Editorial de Los Cuatro Vientos y la publicacion de los siete poemas premiados en una antología titulada El decir textual. En la página de Facebook “Rata Carmelito” pueden encontrarse retales de su poesía y su locura.




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