ALEVOSÍAS

EL DESCUBRIMIENTO DE LA LENTITUD

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

23 de abril 2017

Jukebox. Casablanca. As time goes by. Dooley Wilson. (Subtitulos en español)

Ingenieros de almas. El cuaderno negro de Joë Bousquet o la poesía del cuerpo en el amor. Por Luis de León Barga.


Oscar Domínguez. La Boule rouge, 1933

Los actos de estos días pasados en torno al centenario de la Gran Guerra y su corolario de muerte y destrucción me hicieron recordar a un gran poeta francés al que una bala dejó parapléjico para el resto de su vida tres meses antes de terminar la contienda.


En algunas de las fotos que existen de Joë Bousquet (Narbona 1897- Carcasona 1950) se le ve postrado en la cama de una habitación con las contraventanas cerradas, iluminada por la luz de una lámpara y una pequeña mesa redonda de pedestal, repleta de medicinas, drogas, libros y cuadernos. Detrás de él, una estantería.

En esta habitación, que hacía las veces de salón, enfermería, tocador y despacho, vivía el poeta tendido en su cama, reposando la espalda sobre una serie de almohadones, como si fueran su caparazón. Él se refería a su habitación como la "mazmorra", aunque más bien parece la cripta de un culto particular.

Joë Bousquet inválido en su cama


Bousquet recibía a sus amistades y visitantes en la cama, en medio de los vapores de opio y los perfumes, mientras escuchaba a través de las voces de sus amigos el ruido de un mundo lejano, ya fuesen André Gide, Paul Valéry, Paul Eluard, Simone Veil o otros como Magritte, Max Ernst, Tanguy y Dubuffet, que se acercaban en peregrinación hasta Carcasona y dejaban como ofrenda libros y algún lienzo.

En la obra de Bousquet la experiencia del dolor es algo central, un sufrimiento tanto físico como psíquico, y del que intenta sustraerse con la lectura, la escritura y las drogas. Podría pensarse que un hombre así siempre tuvo una vida estática, pero Bousquet había vivido una breve e intensa primera juventud durante los primeros años de la guerra.

Hijo de un médico, el joven Joë, al que las chicas de su pueblo apelaban "el perro" por su afición a morderlas, recalará en París donde engarzará sus días con la mala vida y una relación con una mujer casada que no termina bien.

Joë Bousquet el año que se alistó

Entonces se produce el gesto que pagará caro. En un ambiente de efervescencia bélica, como ocurre esos años, abraza la mística del guerrero por despecho y se enrola en un batallón disciplinario formado por presidiarios  a los que se les ofrece la redención de la pena, no por el trabajo como ocurre en las cárceles, sino por actos de valor en la guerra.

Jugar con el destino de esa forma es una apuesta arriesgada y Bousquet, después de bastantes hazañas bélicas, resulta gravemente herido por una bala que le atraviesa los pulmones y le alcanza la médula espinal. Lo que parece una herida mortal acabará suponiendo la invalidez permanente.

Autor de una larga y tardía obra en la que aparte de poesía, hay ensayos, memorias y novela, su escritura se caracteriza por un sentido metafísico y la búsqueda de la lucidez que le proporcionan las noches de insomnio. Es entonces cuando reflexiona acerca de su condición y en la que intenta ver no tanto un final como un comienzo al transformarse en otro, un hombre libre de ataduras físicas que lee, escribe y reflexiona.

Su libro más conocido es Traducido desde el silencio, una obra fragmentaria y reflexiva sobre “la herida", como llama a su invalidez, pero que también es la historia de una pasión amorosa intensamente vivida hasta tomar la forma de un sentimiento imposible, algo constante en sus novelas.

El único libro de Bousquet traducido al español es El cuaderno negro, imagino que por su matriz sadiana y frenética búsqueda del placer. Aquí los cuerpos se aparean y unen, a pesar de la imposibilidad de la fusión total entre perversiones sadomasoquistas y voyeurismo.

 
Oscar Domínguez, retrato de Roma, 1933

Bousquet nos describe los sonidos, los olores y el tacto que conducen al placer; pero es solo con la mirada como puede penetrar en la esencia del cuerpo que está delante de él, pues el protagonista, como él, es impotente. Es una mirada poderosa, que cede paso al voyeurismo para espiar a su amada uniéndose con otro.

Todo el libro es un intento de hacer que la compleja unidad entre el cuerpo y la mente, la pasión y lo físico, la crueldad y la ternura, se conjuguen para sorprender no tanto a la mujer en poses obscenas como la luz que emana de los cuerpos, que así es como titula el primer capítulo: La poesía del cuerpo en el amor.

Libro afrancesado, con ese gusto a lo Bataille por cierto erotismo intelectual y discursivo, se desliza en cambio hacia lo irracional, una tendencia que forma parte del temperamento de Bousquet, y que en su caso entronca con el romanticismo alemán y el surrealismo.

En las páginas de Bousquet hay que adentrarse como en una jungla, machete en mano, para abrirse camino entre la maleza, pero de pronto accedemos a un claro, porque aquí no se busca excitar o complacer al lector sino poner en la escritura, como decía Bousquet, "toda su vida y persona", lo que consigue con creces.


1 comentario:

  1. Me interesa sobremanera su poesía; la novela "El cuaderno negro" estará en el caos que es mi biblioteca, tengo el domingo para buscarlo; y Georges Bataille tambien.Gracias.

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