LECTURAS A CONTRATIEMPO

LITERATURA UNIVERSAL. EL “BILDUNGSROMAN” DE SABINO MÉNDEZ

ANNA MARIA IGLESIA

6 de agosto 2017. (Felices vacaciones. Regresamos en septiembre)

Jukebox. Vargo. The Moment

Queremos irnos muy lejos

Libros. Espías de Franco. Josep Pla y Francesc Cambó. Por Luis de León Barga.


Josep Pla. Foto de Toni Vidal

En su libro Espías de Franco (Fórcola, 2014), Josep Guixá logra desenrollar la madeja de la parte más oculta de la vida del escritor catalán Josep Pla y que había emergido en la biografía que escribió años atrás la filóloga Cristina Badosa. Como en todo buen trabajo de investigación histórica, Guixá descubre datos desconocidos de Pla (1897-1981) y de los hombres de la Lliga Catalana que colaboraron con Franco durante la Guerra Civil y crearon un servicio de espionaje, el Servicio de Información del Nordeste de España (SIFNE). A estos catalanes, más o menos autonomistas, una vez acabada la contienda, el dictador no les agradeció los servicios prestados como ellos se creían merecer, y mientras algunos se retiraron de la vida pública otros ocuparon distintos cargos.


En el caso de Pla se corrió un tupido velo sobre esta cuestión. Sus datos biográficos oficiales dicen que nació en una familia acomodada de Palafrugell (Gerona), fue periodista desde muy pronto y estuvo políticamente cercano al regionalismo de la Lliga catalana del magnate catalán Francesc Cambó. Corresponsal en Madrid del diario La Veu, es el autor de una historia bastante crítica de la República española. Al comenzar la Guerra Civil en 1936, amenazado por elementos anarquistas, huyó a Francia y pasó la Guerra Civil en Marsella. Regresó a España en 1938, se afincó en San Sebastián, donde se hizo amigo de los falangistas catalanes que editaron la revista Destino y entró en Barcelona, poco después de ser conquistada por las tropas franquistas en 1939. Desencantado por lo que vio luego, se retiró a vivir a la casa familiar del Ampurdán, donde estuvo hasta su muerte, en 1981. Y colorín colorado... este cuento se ha acabado.

Foto de  Francesc Català-Roca

Badosa rompió el hechizo en 1994 con su biografía Josep Pla: El difícil equilibrio entre literatura i política (Curial), aunque se refirió al espinoso asunto del espionaje en tono menor, como un pecado de juventud producto de las circunstancias bélicas. Por lo demás, la colaboración de Pla con el franquismo, incluso después de la guerra, era bien conocida y esa fue la razón por la cual nunca recibió muchos honores con la llegada de la democracia, empezando porque no se le concedió el Premi d'Honor de les Lletres Catalanes. Sin embargo, gracias a su trabajo en favor de la lengua y literatura catalana fue situado entre el grupo de "arrepentidos o pseudoarrepentidos", como señala Manuel Trallero en el prólogo del libro.

Por su parte, la intelectualidad de izquierdas que dominaba la cultura catalana en los años setenta y ochenta del siglo pasado siempre le echó en cara que nunca levantase la voz contra el franquismo, ni siquiera para pedir un indulto, como le reprochó Manuel Vázquez Montalbán.

Guixá no se anda por las ramas y, en su exhaustivo trabajo de investigación en distintos archivos, nos descubre otras facetas de Pla que van mas allá de su trabajo de espía a favor de Franco. Incluso ha conseguido hacerse con informes del SIFNE, un servicio de espionaje que terminó adscrito al Servicio de Información y Policía Militar franquista, por cierto, dirigido por otro catalán, el general Ungría. Así nos deja con la boca abierta al desvelar los contactos entre los franquistas y los independentistas radicales de Estat Catalá durante la Guerra Civil.



No es el de Guixá un libro anticatalán ni mucho menos, una cuestión que interesa precisar en estos momentos, no vayamos a ser acusados de agarrar una parte por el todo, pero enseña de forma indirecta el espejismo de esos espíritus que aparecen como setas venenosas, bajo determinadas circunstancias en todos los lugares y épocas.

De Pla se sabían cosas, pero se desconocía su colaboración con la Falange y que llegó tan lejos como hacerlo regularmente en la prensa falangista de primera hora, ya sea en FE o el diario Arriba donde escribió artículos a favor de Mussolini y visitó a José Antonio en la cárcel. ¿Pla fascista? No, más bien un conservador descreído que al igual que otros prohombres patrios vio en el fascismo la única reacción eficaz en contra del peligro rojo. Una lectura difícil de entender hoy día, donde las interpretaciones interesadas del siglo pasado han producido una lectura sin matices de ningún tipo.

El conservadurismo de Pla hundía sus raíces en su tierra, que no era tanto España o Cataluña como el Ampurdán y sus habitantes, esos payeses (campesinos) en los que vuelca su mordacidad y ternura, y que forman una clase antigua y estática, a diferencia del hombre moderno, el blanco del escritor catalán que lo define como material humano "standard",ya sea de Madrid o Barcelona.

Barcelona años cincuenta. Foto de Francesc Catalá-Roca

Tal vez por ello Pla oscilará entre el cosmopolitismo y su terruño, pues después de cada viaje periodístico siempre vuelve a su comarca. En el fondo, Pla es el hombre de las dos caras que se reflejan en su afición por el movimiento y lo estático, la vida anárquica y el conservadurismo, la misoginia y su larga relación con una mujer moderna, sustituida con queridas y prostitutas.

Esta puede ser una explicación somera de la personalidad de este excelente periodista, autor de buenos libros de viajes, y que dijo no tener imaginación para dedicarse a escribir una novela. Gracias a ello fue el autor de una inmensa obra literaria donde logró confundir vida y obra, persona y personaje. Publicada por su amigo y editor Josep Vergés, en la editorial Destino (cuyo origen está en aquella revista falangista), bordó memorias y biografías como si fuera un pintor de paisajes, solo que en lugar de pinceles y colores empleó las  palabras.

Y en cuanto a sus pecados de juventud, sean mortales o veniales, debemos leer también las hagiografías que circulan por ahí sobre este hombre viejo con boina que se distrae con las cosas de su tierra. Nada grave, pues la historiografía reciente española es un espejismo en el que cada uno ha escrito la Historia a su gusto y medida, y, en honor a la verdad, esta labor la empezó Franco y la siguieron sus sucesores. Por eso hoy día es posible leer el mismo episodio histórico en versiones opuestas, aunque la verdad no campea en ningún lado, pues para que aflore deben sumarse todos los puntos de vista y dejar que el transcurrir del tiempo elimine las pasiones y nos devuelva la objetividad.

Josep Pla. Foto de Toni Vidal


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