LECTURAS A CONTRATIEMPO

LITERATURA UNIVERSAL. EL “BILDUNGSROMAN” DE SABINO MÉNDEZ

ANNA MARIA IGLESIA

6 de agosto 2017. (Felices vacaciones. Regresamos en septiembre)

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Queremos irnos muy lejos

Arte. Francisco Iturrino. 150º aniversario de su nacimiento en la Galería Rembrandt, de Bilbao. Memoria y semblanza. Por Enrique López Viejo

 
Portada de la exposición Iturrino, poeta del color, con la pintura Un español en París (retrato de Francisco Iturrino), de Henri Evenepoel    



Tengo el verde y el azul, los celestes, los índigos y los turquís, el azul aguamarina y el ultramarino. Tengo esmeraldas, el verde veronés y el viridián, el verde oliva que adoré. Los ocres, el color carne y el dorado. El rojo. Todos los rojos que quiero, el rojo almagre y los bermellones de la China y de Holanda, el Burdeos y el carmesí; el Siena tostado y el veneciano, el escarlata, los granates y el rojo persa. Tengo los marrones de la tierra, el ante, el arena, el pardo y el canela. Los amarillos también, ámbar y oro. Los violetas, zafiros y púrpuras. Y los rosas y fucsias. Y los blancos que quiera, blancos y grises nublados, que los quiero todos.
Tengo los colores en mi cabeza, los tengo en el alma, en el espíritu, como se quiera; los tengo dentro de mí. Estallan en mi corazón, explotan en mis pinceles, saltan en mi paleta. Los colores son vida y los tengo, los tengo todos. Son mi latido, recorren mis venas hasta mis manos.

(Extracto de “Momento sentimental en días finales”, texto incluido en el catálogo de la Exposición conmemorativa del 150º aniversario, Iturrino, poeta del color, editado por Galerías Rembrandt, Juan de Ajuriaguerra, 20,  Bilbao.)



Queridos lectores y amigos. ¿Los versos anteriores? El pensamiento fauve, salvaje y libre, el sentir del pintor Francisco Iturrino, nuestro gran artista olvidado que algunos insistimos en recordar.

Mujeres en el jardín. Francisco Iturrino

Desde finales de noviembre, una magnífica selección de la obra de este pintor podrá verse en las salas de la Galería Rembrandt, de Bilbao, en la que se expondrán la soberbia colección del galerista y gran conocedor Emilio Manrique, y otros cuadros de la familia Iturrino, además de una miscelánea documental sobre el gran pintor del que celebramos el 150º aniversario de su nacimiento.

Francisco Iturrino, introductor de las vanguardias europeas en nuestro solar hispano, pintor al que los velos y las sombras de la historia relegaron a un injusto olvido del que algunos renegamos. Fue el hombre que estando allí, pareció no dejarse ver (y eso que era altísimo, con un porte erguido y noble, de fina estampa, con una mirada que magnetizó a los muchos que lo retrataron, artistas no menores… Derain, Picasso, Giacometti, Echevarría, entre otros).

Iturrino fue una figura principal en el surgir del fauve parisino y en las primeras pinceladas de la vanguardia en España, modelo del artista Fin de Siècle y paradigma del bohemio español en ese tránsito de siglo que, iniciándose en la Belle Époque, acabaría en los horrores de las trincheras respirando gas mostaza.

Iturrino fue quien estrenase a Picasso en París con su exposición mano a mano en la galería de Ambroise Vollard; el que trajese a Matisse a España y se lo llevase a Marruecos, amigos del alma hasta que el español murió, siendo el francés su principal socorro, y teniendo otro bastión fraterno en el mismísimo Picasso. Iturrino es un personaje principal que, siendo protagonista, aparece marginal.

Fiesta en el campo. Francisco Iturrino

Un individuo muy especial con un carácter sobresaliente. Francisco Iturrino vicios los tenía todos; y sin embargo, la simpatía que inspiraba era fulminante, decía de él quien era el supremo crítico e historiador del arte (además del cirujano que le amputase una pierna), el prócer francés Élie Faure, que consideraba a su amigo pintor como el hombre más elegante que había conocido.

Sí. En España eran Miguel de Unamuno y todos los prominentes del arte y el intelecto sus amigos más íntimos; en Francia eran la jauría fauve y las estrellas cubistas que irían bajando de Montmartre a Montparnasse, que subieran al Train Bleu que seguía la línea París-Costa Azul, siendo la capital francesa y la galería del famoso marchante Vollard donde estaba su mercado.

Iturrino era querido por todos. Su ámbito social, además de la bohemia, fue el de los industriales vascos de la siderurgia millonaria que lo favorecieron, los califas del toreo andaluz que lo acogieron en sus fincas, y todas las grandes personalidades del Montmartre artístico de su época. Tuvo amigos en todas partes, pues, además, pasaba miles de horas con campesinos y garrochistas, con las mujeres de estos. En Ledesma (Salamanca) retrató a lápiz a la mayoría de sus habitantes.

Iturrino fue singular hasta extremos. Fue feliz e infeliz, fue triste y alegre. Lo llamaban el Pobre Iturrino por su semblante, por determinada disposición suya, por las adversidades que sufrió. Pero lo consideraban como a nadie, siendo como era un elegante loco preso de un desafuero nómada que vivió permanentemente en tránsito. Bruselas, París, Bilbao, Salamanca, Sevilla, Córdoba, París, Madrid. Barcelona, Málaga, París, Bilbao, Salamanca, Sevilla… él decía: nous partons, una vida buscando la mejor luz.

Autorretrato. Francisco Iturrino

Iturrino pintó desaforadamente, kilómetros de telas que llevaba enrolladas a París, recorriendo permanentemente el círculo descrito toda su vida, su corta vida y en mucho triste. A pesar de formarse como artista en la bohemia del champán y el cancán, sufrió horrores distintos como la pérdida de dos hijos y el internamiento de por vida de su mujer en un hospital psiquiátrico, su preciosa mujer belga, Marie Joséphine Delwit, madre de sus cuatro hijos. Una vida triste económicamente, pues tampoco con los dineros tuvo demasiada suerte, entregando su obra al famoso Vollard, que las guardaba en su “sótano mágico”, minusvaloraba su obra y, por ello, no pudo verse cotizado justamente en vida pese a estar rodeado de las mejores compañías y condiciones, de ser sus amigos del alma Henri Matisse y Pablo Ruiz Picasso, nada menos.

Francisco Iturrino, cántabro y vasco, belga y parisino, emigraría al campo salmantino, a la Tierra Charra, a la Andalucía fulgente pletórica de luz y sensualidad, a sus ciudades Córdoba y Sevilla; con los Miura, en el Brillante cordobés, en los jardines tropicales de La Concepción en Málaga. De La Butte y las riberas del Sena a la mística de las dehesas y el baile de las romerías.

Iturrino pintaba y pintaba, lo hizo convulsamente incluso cuando la enfermedad –la gangrena en una pierna- le entregó a los brazos de la morfina y de una grave minusvalía. Pintó toros y galgos, gitanos y piqueros, caballos y bañistas, jardines, muchos jardines, y mujeres miles. Señoras y odaliscas, manolas y majas, vestidas y desnudas, solas o en compañía, muchas amándose. Una maravilla Iturrino, una fantasía las miles de mujeres que pintó, mujeres libres y muchas… muy alegres, lo que nos hace felices también. Iturrino es un pintor del eterno femenino, algo que rima estupendamente. De él dijo Unamuno que tenía la concupiscencia en la sangre, lo que es mucho decir, mucho.

Vida en extremo bohemia la de Iturrino, que en su permanente vaivén pudo disfrutar del peculiar mundo del Montmartre histórico y observar el inicio del totum revolutum de Montparnasse, como del ambiente intelectual de la España del 98. A la vez disfrutó de las mejores fincas y escenarios a los que sus amigos industriales vascos y ganaderos andaluces le invitaron generosamente, siempre un invitado especial, pues Francisco era un ser adorable según el testimonio de muchos, de todos; son muy escasos los que señalan algunos defectos de egoísmo y compulsión, típicos por otra parte del artista pintor.

Jardín con surtidor. Francisco Iturrino

Francisco Iturrino fue un gran pintor y un personaje a recordar. Nosotros lo hemos intentado y estamos encantados por ello.

Particularmente, puedo decir que Iturrino me ha dado muchas satisfacciones. En primer lugar fue el placer de conocerlo y cómo lo conocí nadando en el mar conociendo a su nieto en las aguas. Un personaje y amigo que me atrajo a esta aventura, y con el que he trabajado estupendamente los últimos meses. Ahora, el placer de darlo a conocer a otros a través de la publicación de su biografía. Satisfacción por la belleza compartida y por recordar la existencia de hombre tan singular. Observar su arte apasionado y al personaje que fue, compulso nómada, artista absoluto.

Pendientes del reconocimiento que Iturrino nunca tuvo en su medida a pesar de su indiscutible grandeza, apasionados como el galerista Emilio Manrique, los nietos y el bisnieto del pintor, Alberto y David Robles, y el que esto escribe, insistimos en el personaje, un artista principal en los inicios de nuestro siglo pasado, siglo XX, y un pintor eterno.

Bien, amigos, quiero anunciaros la celebración de esta emocionada exposición en la ciudad vasca, y la publicación de un relato de la vida del artista que se ha titulado Francisco Iturrino. Memoria y semblanza, trabajo que con la colaboración de su nieto como documentalista, firmamos con el orgullo de contar la historia de este artista olvidado, libro que pronto estará a vuestra disposición en las librerías (edición realizada por David Robles y Fundición Gráfica, Palma de Mallorca, y Txemisa, Zamudio, Bizkaia).

La exposición en la Galería Rembrandt se inaugura el 21 de noviembre y permanecerá hasta el 10 de enero de 2015.




En esta aventura biográfica doy las gracias especialmente a los protagonistas Emilio Manrique, Elvira y Alberto Robles Iturrino, a David Robles Fernández, y a Tomás Moré, corrector y amable observador.






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