ALEVOSÍAS

VACACIONES DE VERANO O LA ESCAPADA DE DINO RISI

LUIS DE LEÓN BARGA

18 de junio 2017

Jukebox. Nico Fidenco. Legata a un granello di sabbia

Álvaro Colomer y el sentido de la historia

ANNA MARIA IGLESIA





“Los sucesos”, escribe Jacques Rancière en Los nombres de la historia, “están atados a aquello que se ha vuelto a decir, a aquello que se dice fuera del contexto, fuera de lugar”. La historia son los sucesos narrados cuando ya forman parte del pasado, una vez transcurridos; la historia se entiende solamente así, como el relato que se narra desde ese afuera que constituye el presente y, por tanto, desde ese afuera que implica reconstruir unos sucesos de los que no se ha sido partícipe o que permanecen alejados temporalmente de la propia experiencia únicamente como recuerdo. 

Desde ese afuera Tácito evoca en los Anales las palabras de Percenio acerca de la revuelta en la región de Panonia y desde ese mismo afuera habla también Michelet cuando describe la Revolución de 1789. Consciente, sin embargo, de que escribir desde fuera significa enfrentarse con una historia que, si bien ajena temporal y experencialmente, ya ha sido ya dicha y, por tanto, ya constituye para quien escribe, así como para quien lee de un relato –“lo conocido”, dirá Vattimo, “está ya dentro del horizonte del conocimiento”-, el periodista Álvaro Colomer no sólo busca narrar lo acontecido en 2004 en la Batalla de Nayaf, sino recuperar todas las voces –todos los relatos- de lo acontecido.

En otras palabras, Aunque caminen por el valle de la muerte (Literatura Random House) es una novela construida a partir de todos los relatos, principales y secundarios, conocidos públicamente o anónimos, que terminaron por construir lo acontecido el 4 de abril del 2004, cuando el ejército del Mahdi ataca el cuartel español en Irak y, en plena transición de poderes (Aznar acaba de perder las elecciones y Zapatero todavía no ha formado gobierno) el alto mando del ejército español se lava las manos cual Poncio Pilatos poniendo en jaque la defensa del cuartel y de los otros ejércitos –el americano y el puertorriqueño- que allí se encontraban.

¿Es, por tanto, Aunque caminen por el valle de la muerte la narración de cuanto sucedió en Nayaf? No, a pesar del gran trabajo de investigación realizado por Colomer –más de doscientas entrevistas y consulta de los documentos oficiales relativos a aquel día- y, sobre todo, no porque ni ese es el objetivo de la novela ni ese es el objetivo que la ficción –e incluso podría decirse la historiografía- puede plantearse. Si aceptamos que, como dice Hyden White, la historia “es una ficcionalización en cuanto la narrativización le impone a la realidad la forma y la sustancia del tipo de significado encontrado sólo en los relatos”, la novelística es una ficcionalización al cuadrado cuyo sentido no reside en la perfecta referencialidad de los hechos, sino que éste reside en la escritura misma. Y el mérito de Colomer es precisamente el poner el acento en la palabra como centro a partir del cual se construyen los relatos: la figura del narrador se disuelve entre las voces de los distintos personajes de la novela –desde soldados rasos hasta alto mandos-que hablan desde lugares: desde la frustración de no poder volver a casa, donde espera la mujer enferma, hasta la ciega convicción de lo heroico de la empresa en Irak; desde el cinismo mercantilista del mercenario hasta la ineptitud de algunos altos cargos; desde el fervor juvenil de los más jóvenes hasta la decepción de quien ha dejado de ver sentido a su trabajo militar.

 
Álvaro Colomer


Pronunciadas desde lugares distintos, las palabras llevan consigo el relato de cada uno de los interlocutores, la experiencia intransferible de cada uno de aquello que estuvieron en la Batalla de Nayaf, que, como el relato, deja de ser una para multiplicarse. “La palabra”, decía Roland Barthes, “ha labrado la historia, la ha hecho existir como una retícula de trazos”, pero ni hay una palabra ni una única batalla, sino muchas, tantas como relatos de experiencias que, si bien similares, ninguna idéntica de la otra.

Álvaro Colomer deja hablar a sus personajes, aparentemente, se mantiene alejado, escondiendo del texto cualquier mínimo indicio de intervención; el autor parece ser consciente de que, en verdad, él tampoco es ajeno a lo que se narra, de que él está determinado por aquello que conoce, no puede prescindir de ello, de ese relato que él mismo se ha construido y que le precede e, incluso, precede a la novela. Por esto, se omite narrativamente en una especie de estilo indirecto libre, donde la tercera persona es, en verdad, la voz del personaje al que se refiere. Y, por esto, no hay finales de capítulo, tampoco de novela, solo un “fundido en negro” que no admite una única conclusión ni tampoco juicios de valor, pues ¿cómo juzgar globalmente aquello que se narra desde la experiencia individual de cada uno? Y, sobre todo, porque no hace falta juzgar, porque el juicio, como el sentido, está en la propia construcción de la novela, porque sí hay que buscar el autor hay que hacerlo en el gesto, es decir, en la construcción misma de la novela.

Se la ha definido como una novela bélica, sin embargo, Aunque caminen por el valle de la muerte trasciende el adjetivo, no sólo porque pone el acento sobre la experiencia de quienes vivieron la batalla, sino por la elección de narrar lo acontecido desde la “ambigüedad” de los relatos individuales, sin repetir el relato oficial o, como diría Piglia, construyendo una novela “en guerra contra ese pragmatismo imbécil” de la manipulación del relato estatal, ese relato que llevó al olvido la Batalla de Nayaf, los desmanes cometidos y las víctimas provocadas. Para terminar y tomando prestadas las palabras de Piglia en Respiración artificial, gusta pensar que Aunque caminen por el valle de la muerte no sólo ha de servir “para echar luz sobre el pasado de nuestra desventurada república, sino para entender también algunas cosas que vienen pasando en estos tiempos y no lejos de aquí.”





Anna María Iglesia (Granada, 1986, residente en Barcelona) está terminado una tesis doctoral sobre las prácticas urbanas dentro del doctorado de Teoría de la literatura y literatura comparada. Se define principalmente como lectora. Desde hace ya algunos años ejerce el periodismo cultural como freelance, colaborando con distintos medios. El Asombrario (Público), Nueva Revista, Letras Libres, Llanuras o El Confidencial.



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