ALEVOSÍAS

EL DESCUBRIMIENTO DE LA LENTITUD

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

23 de abril 2017

Jukebox. Casablanca. As time goes by. Dooley Wilson. (Subtitulos en español)

Libros. El arte de conducir bajo la lluvia. Garth Stein. Por Berta Ruiz




En Mongolia, cuando un perro muere es enterrado en lo alto de la montaña para que nadie pueda pisar su tumba. (...)
El dueño del perro le susurra al oído que desea que se reencarne, en su próxima vida, en un hombre. Hasta entonces, el alma del perro es libre de vagar por la tierra y sus paisajes, durante el tiempo que quiera. Sólo algunos perros se reencarnan en hombres, únicamente los que están listos para ello”. Así comienza el relato de Garth Stein en el que, a través de sus páginas, se desarrolla la vida de Denny, un chico con aptitudes para ser piloto de carreras.
Denny se enfrentará al arduo camino de lograr notoriedad en el mundo del motor, luchará contra la rivalidad de otros muchos aspirantes como él, intentará conseguir con unas dosis de esfuerzo desmesuradas que alguien le patrocine, que alguien confíe en él y se preparará dar el salto al plano profesional en aquella carrera que cambiará su vida.
Junto a su mujer, Eve, soñará despierto con el movimiento de la bandera a cuadros blanca y negra al atravesar la meta, con el olor a goma quemada, con el rumor de las gradas enfervorecidas y con la gloria de los campeones. Mientras imagina esos momentos por los cuales se deja la vida, Eve y él diseñan su día a día, se van acoplando a la vida en pareja y, resultado de ese amor que se profesan, dan la bienvenida a su hija Zoe en uno de los días más importantes de sus vidas.
Pero esa idílica estampa se verá truncada al caer Eve gravemente enferma. A partir de ese momento, la velocidad de las pistas se transpone a la vida personal de Denny, teniendo que enfrentarse a situaciones inimaginables para él como una paternidad en solitario muy complicada, un enfrentamiento directo con su familia política y unos problemas económicos que le obligarán a sacar el gladiador que lleva dentro.
A medida que se suceden las páginas del relato, la sensación de agobio va en aumento. Agobio que, normalmente, es edulcorado con una narración sencilla  que no resta realismo al fondo de la historia, sólo en su justa medida.
Se produce un cambio de prioridades en la vida del protagonista para las que, a priori, no se encuentra preparado sintiendo que, efectivamente, nadie se encontraría preparado. Tiene que ir improvisando según la marcha al igual que haría en alguna de esas carreras en las que anhela participar y en las que, normalmente, imagina que sale victorioso por muchas piedras y baches que se encuentre en su camino. Los momentos donde la sombra de la rendición se alarga hacen que resurja ese sentimiento de solidaridad que muchas veces permanece oculto en la vida cotidiana.
Denny se da cuenta de que, al contrario que cuando se visualiza flamante piloto, no controla todo lo que le ocurre. Se le acumulan los contratiempos sin apenas tiempo para poder resolverlos. Entra en una dinámica de autodestrucción que encoge el alma del lector, entran ganas de meterse en el libro para echar una mano a aquel chico que, en su día, era feliz. Pero, a la vez (y sorprendentemente), ese mismo chico logra salvar todos los obstáculos que se le ponen por delante. Cada nuevo día es un nuevo reto, una nueva meta a la que llegar no sin antes poner a prueba su propia fortaleza física y mental. Denny se ve obligado a tirar de raza y vena deportiva.
El relato que nos muestra Garth Stein invita a la reflexión. Más de una vez, el que sostiene el libro asiente con la cabeza por sentirse claramente identificado con la forma de obrar y sentir del protagonista y, sin embargo, en el mismo texto, uno logra contrariarse y sucumbir a aquella máxima de “nadie es perfecto”. El autor consigue que, discretamente y casi sin darse cuenta, uno tenga una opinión y, sobre todo, sensaciones y humanidad.
“El arte de conducir bajo la lluvia” se convierte en una historia romántica, sensible, en la que se mezclan sentimientos muy dispares (rabia, euforia, tristeza, alegría), en la que se genera empatía por cada uno de los personajes principales y donde, sin duda, lo más entrañable, curioso y original es la voz del narrador, Enzo, el perro que Danny adoptó siendo un cachorro y que en la víspera de su muerte, rememora, con su voz longeva y curtida, todo aquello por lo que ha pasado su familia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario