ALEVOSÍAS

EL DESCUBRIMIENTO DE LA LENTITUD

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

23 de abril 2017

Jukebox. Casablanca. As time goes by. Dooley Wilson. (Subtitulos en español)

Nocturnidad. La noche de Manhattan. Por Luis de León Barga

William. P. Gottlieb, 52nd Street Jazz Clubs, 1948

Todo el que ha tenido intimidad con la noche, como dijo el poeta norteamericano Robert Frost, (...)
ha visto un luminoso reloj contra el cielo que proclamaba que la hora no era buena o mala, pero los que han tenido tratos con la noche de Manhattan nunca han mirado reloj alguno salvo que estuvieran presos del insomnio en las tinieblas de sus casas. 
Cualquier noche también se nutre de la oscuridad. Incluso en Manhattan, donde todavía existen grandes espacios en los que  la oscuridad reina, aunque justo es reconocer que gracias a su gasto en electricidad, Manhattan  fue una  de las primeras ciudades del mundo que convirtió a la nocturnidad en una fiesta, al explotar sin freno el invento de su compatriota Thomas Alva Edison.
Tal vez por eso Manhattan es mucho más hermosa de noche que de día. O al menos así lo creo. Vista desde el aire con todo su esplendor lumínico, puede parecer que se ha llegado a la capital de otra galaxia, debido a sus edificios gigantescos que se elevan hacia el cielo en señal de agradecimiento hacia el poder y dinero conseguido por las empresas y dueños que los construyeron, pero una vez que pisamos la calle, vemos otras realidades que dependen del dinero que llevas en la cartera de tu bolsillo. Aún así, siempre cabe la posibilidad de buscarse la vida, de  intentar elevarse por encima de tus posibilidades, que es lo que hacen todos los habitantes de esta ciudad y de todo el mundo con  mayor o menos éxito.


Lee Friedlander, 1969

Eso sí, puedes salir solo, porque solos viven una gran mayoría de sus habitantes y eso  propicia que no se pierda el tiempo, hagas lo que hagas y vayas donde vayas. En cualquier local entrarás en conversación con alguien que te examinará de una forma sutil con preguntas que le servirán para hacerse una idea de si sirves para lo que él o ella desea, salvo que tu objetivo sea pasear sin más por la noche, aunque debes andarte con cuidado pues ricos y pobres comparten distancias cortas y cada uno expresa su manera de ser y creer sin cortarse un pelo. No olvides que estás en el país de la gente sin complejos.
Aunque solo, siempre te sentirás reconfortado por el ruido de Manhattan, un bramido que nada tiene que ver con el del ganado o la humanidad, sino mas bien como el de un motor de un avión listo para despegar, y que no cesa nunca. Un símil de energía y potencia que al principio te llama la atención, como el humo que sale de las alcantarillas en invierno, pero luego, cuando te vas de  la ciudad, lo echas de  menos. Es la mezcla del tráfico, el bullicio de la gente, los barcos que surcan el río, los aviones que cruzan el cielo, los helicópteros que sobrevuelan los tejados, las sirenas de los coches de la policía y ambulancias… y que encajonado entre sus torres no tiene forma de diluirse.
Si la ciudad no se para nunca tu tampoco, y menos en la noche que es una  aventura donde todo es posible, solo o acompañado, y la oferta, la mas completa del mundo. Mientras caminas por las amplias aceras, o entras en los teatros, clubs de jazz, bares, locales de copas o donde sea, hay gente de todas las razas, alturas, edades, estilos, pesos y tamaño, y es mejor no sorprenderse ni mirar demasiado si tu vecino es un clon de algún personaje de Mad Max para evitarte complicaciones, salvo que estés en un local cualquiera para conocer gente, y no como aquí, en Europa, donde en la noche se  gasta dinero y poco más. 

Gilles Peress, Nighttown, 2001

Si el norteamericano es pragmático el neoyorquino lo es  hasta la médula. Con los amigos se hace vida de casa, cenas, juegos, fiestas y, si se sale, se va  a ver algún espectáculo o concierto porque la gastronomía no es un tipo de ocio muy extendido y la oferta de espectáculos y conciertos es abrumadora y de calidad. 
Pero justo por eso, los lobos y lobas solitarios siempre vuelven  con una  pieza  entre los dientes a su guarida que puede ser una mansión o un apartamento donde para entrar hay que quitar la bicicleta y dejarla en el descansillo, que los alquileres están por las nubes. Incluso ahora,  con la ayuda de la red, el trabajo previo se hace a través del chat así que nunca sabes lo que te vas a encontrar porque la realidad va siempre por delante de la ficción, como bien sabe todo novelista.
Para los mas osados siempre queda subir mas allá de la calle cien camino de Harlem, que ya está bastante amansado, o bajar al  sur de la punta de la isla donde aun quedan algunos islotes de autenticidad y piedad química. Pero si de verdad quieres jugártela, no te queda mas remedio que ir hacia Brooklyn, no el que mira a Manhattan, donde vivía Norman Mailer,  ni el barrio de los judíos ultraortodoxos, si no mas lejos, o subir hasta el Bronx o cruzar el río camino de  Nueva Jersey
Allí el alumbrado está roto en muchas calles, la pobreza salta a la vista y la oscuridad protege todos los tráficos, desde la prostitución hasta el menudeo de  drogas, aunque cierta gente no necesita de  estas emociones porque puedes conseguir lo mismo en edificios con porteros y traficantes que calzan zapatos de Prada y te sirven lo que quieras sin pistola ni metralletas, lo mismo que las chicas mas guapas pueden ir donde tu pidas, siempre que vivas en lugares decentes, pues en Nueva York rige una ley no escrita que todo el  mundo conoce, y que se podría resumir en aquello de dime donde vives y te diré cuanto ganas, porque no es una cuestión de barrios al estilo europeo, sino de trozos de calles.
Por eso puedes habitar en un barrio de mala fama sin peligro, porque sabes donde puedes ir y donde  no, aunque oigas el chirrido de un freno, tres disparos y las sirenas de los coches de las luces azules. Pero eso hoy día, cada vez ocurre más lejos del centro de Manhattan, convertido en un escaparate de lujo, y a diferencia de los años ochenta, puedes regresar a tu casa sabiendo que has tenido intimidad con la noche, pero no una noche cualquiera, si no la verdadera, la que no quieres saber qué hora es.  

Acquainted with the Night

I have been one acquainted with the night. 
I have walked out in rainand back in rain. 
I have outwalked the furthest city light. 

I have looked down the saddest city lane. 
I have passed by the watchman on his beat 
And dropped my eyes, unwilling to explain. 

I have stood still and stopped the sound of feet 
When far away an interrupted cry 
Came over houses from another street, 

But not to call me back or say good-bye; 
And further still at an unearthly height, 
One luminary clock against the sky 

Proclaimed the time was neither wrong nor right. 
I have been one acquainted with the night.
Robert Frost, "Acquainted with the Night" from The Poetry of Robert Frost, edited by Edward Connery Lathem. Copyright © 1964, 1970 by Leslie Frost Ballantine. Copyright 1936, 1942 © 1956 by Robert Frost. Copyright 1923, 1928, © 1969 by Henry Holt and Co. Reprinted with the permission of Henry Holt & Company, LLC.



Burt Glinn, Pedestrian in Rain on 42nd Street, 1964




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