ALEVOSÍAS

EL DESCUBRIMIENTO DE LA LENTITUD

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

23 de abril 2017

Jukebox. Casablanca. As time goes by. Dooley Wilson. (Subtitulos en español)

La musa oscura de James Ellroy




Cuando en la lluviosa mañana del 15 de enero de 1947 una mujer que paseaba con su hija de tres años encontró un cadáver desnudo y descuartizado en un baldío de Los Ángeles, nadie podía imaginar que empezaba el caso de asesinato sin resolver más importante de Estados Unidos. Un caso comparable - por su morbosidad y repercusión en periódicos, libros y películas-  a la farándula mediática de Jack el Destripador, con resultados, por otra parte, iguales. Es decir, cero.


El cuerpo troceado no tardó en ser identificado. Se trataba de una joven de 25 años, de nombre Elizabeth Short, nacida en Boston en 1924,  a la que pronto las páginas de sucesos apodaron La Dalia Negra. Su vida había sido un compendio de desgracias. El padre desapareció simulando un suicidio, su prometido murió en accidente aéreo cuando la boda estaba a punto, y los sueños de abrirse camino como actriz en Hollywood acabaron en la ruina física y moral.  Los forenses determinaron  que Elizabeth había sido torturada durante días, mientras seguía consciente, y a partir de ahí se desencadenó un delirio de informaciones y teorías contradictorias. Lo real era que el cadáver estaba seccionado por la mitad a la altura de la cintura, y le habían cortado el rostro desde la comisura de los labios hasta las orejas. También le habían arrancado el corazón, el bazo y los intestinos, y le habían fracturado las piernas y la cabeza con un bate. Apenas había sangre y los descuartizados restos aparecían limpios y lavados.

El desconocido asesino, igual que ocurrió con el Destripador de Londres, no resistió la tentación narcisista de anunciarse en los medios. A los pocos días del macabro hallazgo llamó al editor del periódico Los Angeles Examiner para quejarse de que no estaban siguiendo correctamente el suceso. Más de cincuenta hombres y mujeres confesaron ser los autores del asesinato. Las pistas de la investigación policial terminaron embrollándose cada vez más hasta llegar a un callejón sin salida. Una confusión provocada también por el enloquecido amarillismo de la prensa. Uno de los reporteros que siguió el caso declararía que si el asesinato no se resolvió fue debido a los periodistas, que pisotearon pruebas y retuvieron información. Los reporteros entraban libremente en las comisarías, se sentaban en los escritorios de los policías y respondían por ellos al teléfono.  La investigación terminó siendo un circo caótico.

Más de cincuenta años después, James Ellroy se atrevió a novelar el crimen en La Dalia Negra, reeditada ahora por Penguin Random House, primera obra del llamado Cuarteto de Los Ángeles, un clásico del género negro, cuatro novelas que dejan al descubierto la cara oculta y siniestra del entorno de Hollywood, y por extensión de una sociedad podrida por el culto al éxito y al dinero.





Basándose en el triste destino de Elizabeth Short, Ellroy construye un relato de engaño, obsesiones degeneradas, sexo, política y corrupción, que se adentra en las simas más tenebrosas de la condición humana. Sabe de qué habla. Su propia madre  también apareció asesinada en Los Ángeles, arrojada en una carretera,  once años después de que muriera La Dalia Negra. El asesino tampoco fue descubierto, aunque a estas alturas no parezca importarle a nadie.

En el epílogo inédito de esta nueva edición, Ellroy confiesa que lleva el ADN creativo de las dos mujeres, que han asumido para él una única forma fantasmal e inextricable.

“No sé quién mató a esas mujeres-confiesa-. Y ahora tampoco me importa. Ya he hecho las paces con todo eso. Ya he dejado atrás mis trucos de niño atormentado y los he reemplazado por el amor a las historias y a la lectura.”

Eso dice Ellroy, pero no se lo crean. Una madre asesinada, un padre enfermo y una juventud de delincuencia, alcohol y drogas, con paso por la cárcel incluido, no dejan resquicio a la inmunidad psíquica. El mérito de Ellroy es que ha dado salida a sus fantasmas a través de su trabajo como novelista, recreando la realidad  que subyace tras los oropeles de la política y los grandes acontecimientos públicos. Se ha convertido en un alquimista de la historia. “Mezclo lo fáctico con lo ficticio y los transformo en un continuo coherente y por tanto comprensible y psicológicamente complejo”.

Si hay una mejor definición de novela (negro)histórica, yo no la conozco.
                               




La Dalia Negra/ James Ellroy/ Literatura Random House/Traducción Albert Solé/ Barcelona, 2016.



Fernando Martínez Laínez, escritor y periodista de amplia trayectoria, fue uno de los iniciadores de la novela negra en España. Ha escrito también, entre otros géneros, libros de viajes, biografias, guiones de radio y televisión, divulgación histórica y literatura juvenil.



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