ALEVOSÍAS

VACACIONES DE VERANO O LA ESCAPADA DE DINO RISI

LUIS DE LEÓN BARGA

18 de junio 2017

Jukebox. Nico Fidenco. Legata a un granello di sabbia

Arte. La conexión polaca. La exposición “Tadeusz Peiper. Heraldo de la vanguardia entre España y Polonia”. Por Fernando Castillo

Pankiewicz, calle de Madrid, 1916


Un rasgo esencial de los movimientos vanguardistas es la estrecha vinculación entre poesía y artes plásticas, una conexión que se traduce en la realización de manifiestos, (...)


proclamas y proyectos comunes que tienen en las revistas literarias el medio para expresar la voluntad de modernidad de poetas y artistas. También desde sus comienzos es habitual la presencia en la mayoría de los ismos que surgen desde principios del siglo XX de lo que se podría llamar agitadores culturales, en su mayoría escritores y más concretamente poetas, cuya actividad rebasa el ámbito literario.
A partir de Marinetti y el futurismo, la lista de quienes estimulan los movimientos de “lo Nuevo” es amplia: Apollinaire y el cubismo, Vicente Huidobro y el creacionismo, Maiakovsky y el constructivismo, Tristan Tzara y el dadaísmo, André Breton y el surrealismo... Un grupo que, al igual que los artistas, reaccionó de manera muy diferente en el adverso contexto de la Primera Guerra Mundial que había llenado Europa de trincheras, alambradas y recelos, acabando con la libertad, ingenua y decimonónica, en la que, con los luises de oro y el francés, no existían fronteras. Si algunos optaron por el patriotismo que les llevó a proclamas bélicas o incluso al frente, como Apollinaire o Marinetti, otros se inclinaron por un pacifismo que les llevó al exilio.

Julian Przybos, Z Ponad, 1932, club. Strzeminski

La Gran Guerra fue fértil agua de mayo para la incipiente vanguardia española, pues Barcelona y, especialmente, Madrid se convirtieron en destino de artistas y escritores de todas las nacionalidades que huían de un incómodo París en guerra, en el que unas veces caían bombas de los zeppelines y otras del Gran Berta. Los franceses Albert Gleizes, Jacques Lipchitz, Marie Laurencin, Francis Picabia, el matrimonio orfista formado por Robert y Sonia Delaunay, el mexicano Diego Rivera y el chileno Vicente Huidobro dejaron la ciudad del arte y se instalaron en la capital de España llevando consigo la buena nueva de la modernidad. Junto a ellos, abanderados de la novedad que llegaba del norte avanzado, también llegó a Madrid un grupo de artistas y poetas polacos, que al ser súbditos del Imperio Austro-Húngaro o de Alemania habían sido expulsados de Francia. A pesar de ser una nacionalidad un tanto exótica en la España de la época, su vinculación con los partidarios del Arte Nuevo en España fue tan estrecha que el desarrollo de la vanguardia hispana es inseparable de los polacos que llegaron a una Villa y Corte dividida entre aliadófilos y germanófilos y en plena crisis del sistema de la Restauración. Se trata de los artistas Wladislaw Jahl, Lucia Auerbach, Józef Pankiewicz, Marian Paszkiewicz y Waclaw Zawadowski, a los que acompañaba el poeta y teórico cracoviano Tadeusz Peiper. Un grupo que venía de relacionarse con la modernidad más activa que anidaba en París y que estimuló el ultraísmo, el primero y más plural de los movimientos vanguardistas surgidos en España, que no se puede entender sin su presencia.
En Madrid, donde unos permanecieron más tiempo que otros, y donde expusieron en lugar tan insólito como el patio del Ministerio de Estado, el Palacio de Santa Cruz, hoy Ministerio de Asuntos Exteriores, les aguardaban otros inquietos oteadores de lo nuevo como Ramón Gómez de la Serna, ya convertido en Ramón, Guillermo de Torre y Rafael Cansinos Assens, el estado mayor del movimiento ultra tanto en la poesía como en las artes, dispuestos a recibir su visión de la vanguardia. A su estela y a la de otros emigrés de la literatura y el arte residentes en ese Madrid granviario y en renovación de 1918, en el que los tranvías ya eran eléctricos para espanto de Azorín, navegaría una larga nómina de poetas que ha recogido Juan Manuel Bonet en la imprescindible antología Las cosas se han roto, verdadero canon del movimiento que más ismos fagocitó: Rafael Lasso de la Vega, Gerardo Diego, Rogelio Buendía, César M. Arconada, César González-Ruano, Evaristo Correa Calderón, tan próximo al antólogo y poeta, el propio Jorge Luis Borges... Junto a ellos y en estrecha colaboración trabajarían artistas como Rafael Barradas, Francisco Bores, Norah Borges y Daniel Vázquez Díaz, a los que se añadirían luego José María Ucelay, Pancho Cossío, Carlos Saénz de Tejada y Francisco Santa Cruz. La mayoría de ellos coincidiría con sus poemas y sus ilustraciones en muchas de las revistas literarias convertidas en efímeras plataformas de encuentro y difusión de las nuevas inquietudes, tanto en la literatura como en las artes plásticas. Un amplio grupo que está formado por Grecia, Reflector, Alfar y sobre todo Ultra, que destaca como la gran revista del movimiento.


Tadeusz Peiper. Juan Gris, 1924


A este ambiente y a este grupo de artistas polacos, que asistieron a la independencia de Polonia desde Madrid, y tomando como eje a su agitador cultural, el poeta Tadeusz Peiper, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando le ha dedicado recientemente una exposición titulada “Tadeusz Peiper. Heraldo de la vanguardia entre España y Polonia”, comisariada por Juan Manuel Bonet y Monika Poliwka, en la que se recoge su actividad madrileña y polaca, así como la vinculación existente entre los movimientos vanguardistas de los dos países. Esta muestra, la primera dedicada a esta curiosa conexión polaca del movimiento ultraísta, que estuvo siempre presente pero nunca del todo desvelada, revela la importancia que tuvo el grupo de artistas del Este en la vanguardia española entre 1918 y 1921, pero también, y en esto reside la novedad que aporta la iniciativa, la repercusión de su actividad madrileña en el desarrollo de la vanguardia polaca. Un itinerario de ida y vuelta semejante al recorrido por la propia exposición, inaugurada primero en Varsovia antes del verano y luego en Madrid, que ha reavivado anteriores lazos y que sitúa a las dos ciudades en los itinerarios vanguardistas de los años veinte.
La exposición se ha desarrollado a partir de la trayectoria personal de Tadeusz Peiper, iniciada en el París de la Primera Guerra Mundial, continuada con su estancia madrileña y concluida con su regreso en 1921 a la Polonia independiente presidida por el mariscal Józef Pilsudski. A su Cracovia natal llegó Peiper procedente de Madrid después de perder en la estación de Viena su ya celebre maleta -a la que la propia Monika Poliwka hace unos años le ha dedicado un trabajo-, en la que seguramente llevaba una variada muestra de la modernidad europea en forma de libros de tipografía y asunto novedoso, dibujos, grabados, pinturas y probablemente algún manuscrito reunidos a lo largo de unos años de intensa creatividad. Regresaba el poeta a modo de profeta de la modernidad con una amplia experiencia tras su estancia parisina y madrileña, de manera que contribuyó al extraordinario fenómeno de conseguir que la vanguardia polaca, tan próxima a la rusa, compartiera lenguajes con las nuevas ideas desarrolladas en Francia y España, con las que mantuvo el contacto durante tiempo, contribuyendo a darle una especial originalidad.
En el primer apartado de la exposición, se agrupan los trabajos más tempranos de los artistas y escritores polacos realizados tanto en el París anterior a 1914 como en su entorno madrileño tras llegar procedentes de Francia al ser expulsados por ser súbditos del Imperio Austro-Húngaro. En él se han recogido obras tanto próximas al fauvismo como ligeramente cubistizantes, entre las que destacaban varias pinturas de Józef Pankiewicz, especialmente la conocida pero poco contemplada fuera de las reproducciones “Calle de Madrid”, una vista un tanto geométrica de la calle Augusto Figueroa, acompañada de su magnifico boceto al carbón, hasta ahora inédito en exposiciones españolas. Junto a ella sobresalían también la llamada “Terraza en Madrid”, de coloridos geranios, y el titulado “Paisaje español”, también de Pankiewicz, que al igual que el hasta ahora perdido “Paisaje”, de Marian Paszkiewicz, un artista escurridizo, al que Bonet encuentra cierto tono cezanniano, son una novedosa visión de este género en España.


Julian Przybos, Z Ponad


Entre la impresionante papelería ultraísta que ha aportado la exposición complementando la pintura y los dibujos, se han podido ver piezas tan interesantes y curiosas como el Manifiesto ultraísta vertical de Guillermo de Torre, con grabados de Norah Borges y Rafael Barradas, o un número de la revista Horizonte, ilustrada por Ucelay. Junto a él, había un conjunto de ejemplares raros que se ven en pocas ocasiones, como los de la revista madrileña Tobogán o la coruñesa Alfar, como el folleto-catálogo de la exposición de los pintores polacos en el Ministerio de Estado, como el más conocido pero no por ello menos interesante ejemplar de Tour-Eiffel de Vicente Huidobro, con el pochoir de Robert Delaunay de 1918, como el volumen de Hélices, el poemario de Guillermo de Torre con cubierta de Barradas... Como remate, solo hubiera faltado un ejemplar del mítico y casi único La prosa del Transiberiano y de la pequeña Jehanne de Francia, el libro acordeón de Blaise Cendrars y Sonia Delaunay, faro de los libros de artista del que seguro alguno quedó en Madrid perdido en alguna biblioteca, que no tardará en seguir la ruta ramoniana que conduce al Rastro. A modo de consuelo, se puede encontrar una foto en el catálogo.
Mención expresa por su interés y novedad merece el apartado dedicado a la vanguardia polaca, más precisamente, cracoviana, tras el regreso de Tadeusz Peiper a su ciudad natal. Es este un momento en el que la ilustración de revistas y libros con la más espectacular tipografía alcanza una gran brillantez, combinando sus autores influjos de la modernidad del Este y del Oeste. Difícil, muy difícil, escoger entre todo lo que se ha expuesto y que tan infrecuente resulta ver por aquí, aunque es imposible no reparar en las cubiertas de los libros de Julian Przybos, en la de Wladislaw Strzeminski dedicada a una obra de teatro de Peiper, que sirve de monograma al conjunto de la exposición, en la de Kazimierz Sowinski que presenta una obra de Marian Piechal, en los ejemplares de Zwrotnica, la conocida revista peiperiana de preciosas cubiertas equivalente en el este a la de la lionesa Manomètre desde la que proclamó, rodeado de otros poetas futuristas y constructivos de Cracovia, el “principio de las tres emes” –Metrópoli, Masa, Máquina-, que creía debería inspirar toda sociedad que quisiera ser nueva, creyendo aún en la utopía vanguardista que pensaba que la técnica y la ciudad crearían un nuevo mundo en el que la vida sería muy diferente, hasta que Fritz Lang con su “Metrópolis” y la crisis del 29 pusieron las cosas en su sitio.


Noi anuncios


A esta reunión de selecta papelería polaca, habitual en el quehacer de los comisarios, le ha acompañado un despliegue de pinturas tan interesantes como las de León Chwistek, cuyo retrato de Tytus Czyewski, otro destacado artista, es de gran modernidad; las de Leon Dolzycki, que aúna futurismo y expresionismo en sus pinturas, confirmando una tendencia característica de la vanguardia centroeuropea; de Wladislaw Strzeminski, cuya “Composición suprematista” es una mezcla de lo que luego harán Auguste Herbin, Ben Nicholson o Esteban Vicente. A todos ellos se unen piezas de Fernand Léger, Juan Gris, Kazimir Malévich... que han subrayado las relaciones de la vanguardia cracoviana con toda Europa.
La exposición revela la conexión existente en el seno del grupo polaco entre las diferentes manifestaciones artísticas, pues en su actividad no solo estaba presente la pintura o el grabado, sino también las artes decorativas, como demuestra el jarrón pintado por Wladislaw Jahl, una pieza rara que ahora se ha expuesto por vez primera. Se trata de una cerámica de diseño moderno que se vendía en la tienda que abrió Sonia Delaunay en Madrid durante su estancia, un establecimiento tan chic como de moda en el que, junto a los audaces modelos de la llamada “la rusa” que se atrevían a llevar algunas modernas de la aristocracia y la burguesía madrileña –la leyenda dice que hasta hace poco podían encontrarse en el Rastro madrileño vestidos con la etiqueta “Sonia Terk”-, se vendían obras de vanguardia realizadas por los artistas franceses y polacos exiliados.
En la actividad artística del universo ultraísta son fundamentales las ilustraciones, los grabados, en su mayoría xilografías, que pueblan los libros y revistas del movimiento, hasta el extremo de que puede considerarse a esta actividad en la que confluyen arte y literatura la manifestación más acabada de los artistas del ismo hispano. Así lo muestra el magnífico apartado que recoge las cubiertas de la revista de Guillermo de Torre, Ultra, que es quizás el estandarte de la vinculación polaca con el mundo ultraísta pues en sus cubiertas se combinaban todos los ismos convirtiéndolos en propios. Junto a las maderas de aire expresionista de Norah Borges --entre las que se han escogido una vista de Buenos Aires que no está lejos de la cubierta que hará poco después para el mítico libro de su hermano, Fervor de Buenos Aires, y otra dedicada al circo en la que predomina un aire muy a lo Doctor Caligari- y las vibracionistas de Rafael Barradas, se encuentran las muy futuristas xilografías de Jahl y Auerbach como un compendio de los lenguajes nuevos. Un conjunto de ilustraciones que es el apogeo del grabado, de la modernidad y del apetito unitario del movimiento ultra al devorar todos los ismos y digerirlos como uno propio, revelando la prodigiosa capacidad sincrética de sus miembros.


Wladyslaw Strzemiński, Kompozycja postsuprematyczna 2, 1923


Ha sido una gran exposición que ha destacado en un momento especialmente parco en este tipo de iniciativas que culmina anteriores muestras del mismo comisario –verdadero Champollion del movimiento ultra-, como las dedicadas al ultraísmo y las artes en el IVAM, a Rafael Alberti y a los Ismos ramonianos en el Museo Reina Sofía o, en labores de colaborador, al México estridentista en el Instituto Cervantes de Madrid, todas con el mismo sesgo y discurso riguroso que ha contribuido a poner en la historia del arte y la literatura un momento especifico vida cultural de la España del siglo pasado.

Es imposible no referirse al exquisito catálogo que por su diseño y contenido no tardará en formar parte de los libros buscados, como ha sucedido con otros que recogían iniciativas semejantes, también impulsadas por Juan Manuel Bonet. Y estoy pensando sobre todo en “México ilustrado” o en el pionero “Ultraísmo y las artes plásticas”, este último verdadera confirmación de la realidad ultraísta. En el volumen editado para esta exposición se recogen los trabajos esenciales de Monika Poliwka, especialista en la Polonia de la vanguardia en España como demuestran sus anteriores exposiciones dedicadas a este asunto o al escritor y pintor Bruno Schultz, en el que por fin se desvelan todos los extremos del grupo polaco y su vinculación con los modernos españoles, y la visión a lo baedeker del mapa ultraísta español realizada por Bonet. Junto a ellos están también los textos de Inés R. Artola, un estudio comparado de ambas vanguardias, y del gran especialista polaco Piotr Rypson acerca de Tadeusz Peiper. Es una obra que es mucho más que un mero catálogo, con ser mucho esto, y que se añade a los trabajos de Gloria Videla, Jaime Brihuega, Eugenio Carmona, Javier Pérez Segura, Isabel García y el propio Juan Manuel Bonet para completar el conocimiento de esa especial, fugaz, discutida, variada, temprana pero sin duda interesante vanguardia española que fue el ultraísmo, y sus conexiones con el exterior.



Jahl, 1920

Fernando Castillo Cáceres (Madrid, 1953) ha comisariado exposiciones de pintura y fotografía, y entre sus libros publicados destacan Capital aborrecida. La aversión hacia Madrid en la literatura y la sociedad, del 98 a la postguerra (Madrid, Polifemo, 2010). Tintín-Hergé, una vida del siglo XX (Fórcola, 2011), Noche y niebla en el París ocupado (Fórcola, 2012) y París-Modiano (Fórcola 2015).


No hay comentarios:

Publicar un comentario