LA MÁSCARA DE DIMITRIOS

EL HIJO DEL CLÉRIGO

FERNANDO MARTÍNEZ LAÍNEZ

25 de junio 2017

Jukebox. Ben E. King. Don't Play That Song

Libros. Otaku, de Paula Brecciaroli. Por Sandra Ávila.




Paula Brecciaroli (Buenos Aires, 1976) acaba de publicar Otaku, su nuevo libro que va de historietas y animaciones japonesas. Durante su infancia inventaba historias y adulteraba cuentos. (...)


Ahora, a la hora de trabajar, le fascina incomodar a sus personajes, según cuenta. Todas las lecturas le han servido y dejado huellas. Es psicóloga y coeditora de la Editorial Conejos, integrante de La Coop. Publicó, entre otros, la novela Brasil (Editorial Conejos, 2011) y el libro de poesía Te traje bichos para que juegues (Textos Intrusos, 2011). Participó de 9. Antología de cuentos (Textos Intrusos, 2013). Algunos de sus relatos forman parte de La mano que mece (antología de editores) (Ediciones Outsider, 2015). Realizó ilustraciones para las portadas de los discos “Junior”, “Algo respira por mí” y “Ajo y agua”, de Junior. Colaboró para las revistas Lugares, Brando, Maíz, Ensayos, Maten al mensajero y El Planeta Urbano.

¿Cuándo empezaste a escribir?
La escritura, en mi caso, empieza cuando asimilé la necesidad y el gusto por corregir los textos. No considero como escritura todo lo que escribí antes de pasar por la experiencia de los talleres literarios. Que pueda llenar un container con textos (cosa que debería hacer) no invalida esto. Los cuentos de la infancia, la poesía adolescente, no tienen hoy más valor que el de un entretenimiento o un lejano desahogo catártico. Quizás pueda rescatar que siempre me entretenía inventando historias. Adulteraba los cuentos, me sugestionaba con fantasías, andaba siempre escuchando las cosas que contaban los adultos y trataba de completar lo que no decían adelante mío. Creo que ese fue el germen más valioso y determinante.
¿Cómo definirías tu estilo de escritura?
Me gusta trabajar en universos realistas, que a veces pueden distorsionarse un poco. Diría que trabajo con historias de personajes simples, atravesados por situaciones que los corren de la rutina y que tienen que esforzarse por volver a un estado de equilibrio anterior. Me divierte incomodar a los personajes. Para trabajar dentro de un género determinado creo que hay que conocer primero sus reglas internas, y en ese sentido soy muy ignorante.
¿Qué es Otaku? ¿Cómo nace esa idea de libro?
Otaku cuenta la historia de un hombre adulto, que no trabaja y vive con su padre. Es fanático del manga y el animé (historietas y animación japonesas). Su única obsesión es obtener algún reconocimiento por parte de las generaciones más jóvenes y llegar a ser considerado un pionero del animé en la Argentina. Para lograrlo elabora un plan un poco delirante. En simultáneo, surgen los conflictos domésticos que tiene con su padre, su hermana, su madre y las mujeres. La historia nace de pensar en quienes tienen fanatismos extremos que a veces resultan incompatibles o difíciles de sostener dentro de una lógica de lo que se espera para la vida adulta. El tema de cumplir o no con las exigencias sociales es algo que suelo poner en cuestión tanto para los personajes como para mí misma.




¿Qué relación tiene Otaku con tu primer libro, Brasil?
Creo que la similitud es poner la mirada en un personaje, desarrollarlo y plantearle dificultades que tiene que superar desde su lógica. En Brasil hay algo del universo femenino y de cómo enfrenta la protagonista una ruptura amorosa, inmersa en una realidad que se va distorsionando de forma gradual. Otaku es más ácido y si uno quisiera pensar en un trasfondo de la novela (algo que no recomiendo), podría decirse que despliega la problemática de ser adulto y cuestionarse qué hizo uno con su vida.  
¿En qué te inspiras para escribir?
Mi inspiración es bastante pobre y creo que escribo en realidad para superar desafíos que me surgen, casi como una necesidad.  A veces veo algo en la calle una persona o una situación, y me pregunto si podría escribirla. Ahí empieza el trabajo, a través de preguntas que van surgiendo alrededor de lo que vi o escuché. Y mientras se encadenan las posibles respuestas empiezo a trabajar en el texto.
¿Cuáles son las herramientas literarias que te ayudan a trabajar en la escritura?
Primero escribir, sin saber para dónde va la historia, ni el final. No frenarme ante nada. Darle todo el aire y el tiempo que necesite.   Después corregir sin clemencia. El texto tiene que defenderse solo, no se puede justificar, ni dar explicaciones. Si hay que reescribir, hacerlo. Si hay que machetear y podar todo, hacerlo. Después trato que lo lean mis amigos lectores más despiadados.  Si queda algo de todo eso, ya es una alegría. Ahí, esperar y volver a escribir, corregir y leerlo en voz alta. En todo ese tiempo, la relectura va puliéndolo. El tiempo y la corrección son los mejores aliados.
Contanos si tenés tus autores preferidos o si ha habido algún libro que te haya dejado huellas.

Quizás todos los libros dejan huellas. Creo que hasta lo que no te gusta deja una marca, un sendero por el que no vas a transitar.  Lo que no me gusta funciona como una alarma. Los que me gustan son un lugar al que quiero volver. Por nombrar solo algunos autores al azar: Levrero, Gandolfo, Vonnegut, Blaisten, Bermani, Busqued, Toole, Asis, Bizzio, Pinedo, Jarry.


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