ALEVOSÍAS

EL DESCUBRIMIENTO DE LA LENTITUD

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

23 de abril 2017

Jukebox. Casablanca. As time goes by. Dooley Wilson. (Subtitulos en español)

Alevosía. Divaneo. Pensamientos desde el diván hispánico. Por Enrique López Viejo








Un contertulio televisivo que me cae especialmente bien por su manifiesta y real bonhomía, trayectoria y juicio crítico conocedor y  moderado, (...)


nos dice en un programa de debate, que este país nuestro no está tan mal, trasmitiendo una opinión optimista, válida y legítima. Nos dice que a pesar de las vicisitudes tan especiales que vivimos en la situación política a día de hoy, han sido treinta años muy fructíferos desde la muerte de Franco, y que no debemos ser pesimistas con el futuro de este país. Bien, muy bien, puedo estar de acuerdo. Claro que también estoy en lo contrario y ser pesimista.
Porque es fácil serlo, y estar disgustado y cabreado. Treinta años de esfuerzos democráticos, de fundamentación de determinadas libertades, treinta años para esto, para sufrir en buena-mala parte una política delictiva, para la extensión de la corrupción en todos los niveles administrativos, para que una miseria evitable, que podía ser superflua con tanto progreso, se haya enquistado de la manera que lo ha hecho con el paro y con determinados sistemas de pensamiento y morales.
Pese a todo, me gustaría ser todo alegría, ánimo e ilusión. Pues no, me temo que no. Que hoy los próceres políticos me tienen escocido testicularmente (perdónenme la expresión) y que me liaría a cachavazos, no con el bastón de marfil y mucho menos de pasta, sino con el de plata que hace más daño, siendo su fuste de ébano de Coromandel, puro acero.
Siento escribir este artículo pesimista y antipático, pero no todo va a ser jujú jaja, como ahora decimos, o sonreírle al entorno con ánimos críticos, cínicos o sarcásticos. Hay momentos en esta vida que te cabreas de verdad, que observas que la cosa no tiene ninguna gracia, y uno de ellos es el actual momento sociopolítico, que unos viven con su interesada euforia revanchista, y otros tratando de ocultar tanto desmán delictivo instituido durante décadas. Basura. Mierda para todos éstos que, encima, son los que mandan.




Esta es la realidad, la actual y la que ha sido, durante siglos, nuestra realidad histórica. Los españoles si podemos, jodemos. Seamos ciudadanos o ciudadanía, gentes o pueblo, si podemos joder, lo hacemos. Siempre contra el contrario, frecuentemente contra el inmediato. Y para colmo, nos creemos y decimos de nosotros mismos, que somos buena gente, andando como lo hacemos siempre a garrotazos.
¿Cretinismo? Sí. Sin solución en asuntos tan importantes como la disolución de nación y cultura, algo que discutimos desde hace siglos. Sobre la situación e ideologías actuales… Baile de máscaras sin más antifaz que el estilo por el que se opte esa temporada. A mí me parece que las ideologías del presente son lo que ahora llaman tendencias, ¡semejante tontería! ¡Soberana frivolidad!
Ideológicamente se puede ir más justo, más holgado, con más color, con un pachtwork, más o menos fashion, más o menos guays. Según el aire publicitario que sople, según las influencias y presión, según las gorras o los sombreros con la que la gente se toca sus cabezas. Ese es el sistema de pensamiento, ¿qué me pongo en la cabeza? La cuestión es el look y el ambiente, el entorno, estos son parte de la forja de las ideologías actuales, en las que decimos creer y practicar en este mundo moderno y en este hediondo momento político actual. ¿No es triste? Ridículo. Sí, sí, algunos se atreven a hablar de ideologías. ¿Ideologías? Nada de eso… Partidos y bandas.
Siempre se ha dicho que  en el medio está la virtud, lo triste es que en el momento que vivimos la deseada virtud se muestra rodeada de vicio a diestro y siniestro. En la política todos quieren el centro pero son víctimas de un desorden terrible, de unas ubicaciones irreales, falsas también, un desorden que viene provocado en muchas ocasiones por el delito, el falseamiento ideológico, los arribismos, los mezquinos intereses. Partidos en el que unos te roban y otros también, bandas que, además de robarte, te arruinan para una temporada. Aquí lo que se tiene es una jeta, una cara dura  impresionante. ¿Qué hayamos sido Imperio? Ahora somos una mesa de juego de trile sobre el asfalto, rodeada de monumentos con distinto valor artístico o histórico que recuerdan un pasado que ya casi nadie conoce.


¿Cómo se pueden decir las cosas que escuchamos? ¿Observar hacer las maniobras que hacen nuestros dirigentes tan diligentes para lo suyo y tan incapacitados para las cosas del común? Una situación estupefacta. Cosas extravagantísimas y groseras como tener una oficina de administración del dinero de los  parados en el club donde consumen cocaína sus responsables. Cobrar un impuesto secreto de nada menos que del 3% a todo lo que se mueva, y ser los protagonistas del latrocinio la emblemática familia dirigente con patente de corso real y estatal de una importante región de España, para algunos su propia nación. ¿Sicilia? No, mucho más que eso. Casi casi Calabria. No es alucinante que se robe la comida de un niño huérfano organizadamente. Que la filantropía y el altruismo sirvan de vías para villanas tropelías estructuradas en todo el orbe, excepto en los llamados países fallidos, calificativo que no puede ser más definitivo en muchos, tristes y peligrosos casos políticos, económicos, ecológicos.
En la política interior, más mentiras. Un mundillo el de lo público que, además de muy grosero, como se ha dicho, se presenta grotesco como una bruja con su verruga y subida en una sucia escoba. Una política socioeconómica cuyos papeles principales se los reservan los que manejan los sobres de dinero sucio, los sueldos clandestinos, los sobornos y extorsiones, los sobreprecios, las súper estafas; fraudulencias tan comunes como beberse un long drink.
Pienso en este comienzo de año que hay un origen malsano en todo ello. El mal de siempre desde que el homo sapiens se hizo tan guerrero como lo ha venido siendo.
Me podrán  tildar de conservador, reaccionario, un demodé, pero sé, como lo sabe la gente normal, afirmo que hay un problema de relativización de principios básicos, que como diría un castizo, hay una falta de principios y de valores, los valores eternos, aquellos grabados en Las Tablas de la Ley, en los Diez Mandamientos. Esto de los valores universales puede sonar rancio, pero nadie me discutirá seriamente que determinadas formas y maneras, fundamentan nuestra cultura positivamente en muchos aspectos, y se dice fomentar una presunta buena relación de las sociedades, por más que los conflictos sean inevitables y eternos, por más que te pelees con los vecinos del balcón de enfrente desde que los egipcios pusieron miradores en sus palacios. ¿Quién niega que matar al vecino de enfrente es una barbaridad? ¿Que la violación de una dama o de un señorito son de una brutalidad imperdonable? ¿Quién me justifica que el robo es una aptitud encomiable? Que no es mejor procurar el bien y no ponerse los pelos por encima de la cara, tatuarse barbaridades de las que puedes renegar.





Todo se ha hecho relativo y con esta influencia determinante, mucho ha pasado a ser mentira o extremadamente frágil moralmente. Las verdades éticas y sociales, haciéndose relativas se han fastidiado a sí  mismas con el exceso y acelerado revolucionarismo que explosionase con la Ilustración y Las Luces con el despertar de la Razón, y, especialmente, en el venenoso siglo XX (dos Guerras Mundiales, el Holocausto, los gulags, especialmente los gulags soviéticos, y los desastres multicolores en todos los confines del Mundo). Tras disfrutar el discurrir -para bien o para mal- de cierta calma durante el Siglo XIX, del imperialismo en la política internacional y desarrollo de los pueblos con el bueno o malo colonialismo, todo era posible y lo fue. Se descubrió casi todo el mundo, faltaba el firmamento. Y también.
La verdad pasó a ser múltiple. Siendo la verdad y la virtud fundamentos incuestionables, se argumentó que éstas fueran relativas también. Relativismo muy positivo en algunas cuestiones fundamentales para la tolerancia y el entendimiento entre las sociedades, pero que se ha enturbiado con la falsa ecúmene internacional, que poco consigue solucionar los múltiples conflictos bélicos que tenemos en cada rincón continental, con la excepción de la paradisíaca Oceanía, cuyos problemas legales los llevan gabinetes de abogados maorís. En un mundo que lucha por la Paz y dice organizarse para ello (gastando un pastizal, por utilizar esta explicita locución), hay más guerras y miserias que nunca.
También se observa otro desastre, un peligroso panorama con esta ética del relativismo en la consecución de las cosas, el cotidiano devenir en el que no sabes que decir, que decidir, adónde ir. En el que estás permanentemente vigilado, controlado y todo eso del GH, las nubes, los Drop-box, no sé, yo no entiendo nada de esto. Otro horror. ¿Por qué? Porque todo es relativo y puede ocurrir cualquier cosa sin ser proscrito, sancionado o “humanamente” juzgado.
Y el problema eterno  es que “no hay principios” como diría el castizo y rubrica el que os escribe. No hay “consenso” escribiría alguien más letrado y concepto que suscribo también. Si la mejor promoción del ser humano la han llevado líderes como Confucio, Buda, Jesucristo, Mahoma, u otros más modernos como Jean-Jacques Rousseau, Voltaire, o para el que se lo crea, Carlos Marx. Pero el hombre sigue siendo lobo para el hombre y decimos que los pueblos se quieren mucho, la fraternidad, la igualdad, la libertad, las monsergas, las milongas.



Pocas verdades, pocas, casi ninguna, desde la Creación hasta nuestros días, mucho es mentira. Muchas mentiras en nuestras sociedades y culturas, y no digamos en las religiones y cosmogonías, que son los imperios del engaño mayúsculo. Por ejemplo: ¿Reinos? ¿Reino? ¿Democracia en la que los menos votados deciden los destinos políticos? ¿Qué es esto?, nuestro país. República monárquica, monarquía republicana, taifas, comunidades, mancomunidades, y requeté-comunidades. Intereses creados, espurios, intereses cretinos.
Margaritas de la política, a deshojar. Hoy sí, mañana no; hoy quizás, mañana tampoco. Sí o no, o lo que convenga decir y vislumbre el vuelo de la cámara para su mejor visualización. Todo se visualiza, real o virtualmente. Visualizando mucho se sustituyen otras muchas labores y lances en torno al conocimiento real de las cosas. Hemos visto mucho, vemos mucho, vivimos en una pantalla. ¿Real? ¿Plasma? Ver para creer y poco pensar en ello.
Así que determinados sinvergüenzas del verbo y la actitud amoral, envueltos en las capas de la política, con el solo poder de la visualización, de lo virtual, del eslogan, tienen la osadía de pretender dirigir nuestros destinos, siendo personajes entre los que proliferan golfos, gánsteres, gilipollas (por utilizar la G); entre los que abundan caraduras, cara pijos, cara papas (por la C). Se salvan pocos adjetivos en la calificación de nuestros líderes adalides en sus lides.
No hay tu tía. Jodemos, en su acepción grosera y grotesca. De la deriva de una política como la que tenemos, vienen lo lodos, los fangos y complicaciones de la evolución de este país tan progresista y con tanto pasado. No sólo se progresa en el robo a mansalva que tienen a gala practicarlo hasta el último momento, en base a que todo es una estafa administrativa institucionalizada. El estado vs el individuo.




Con la deriva gangsteril, y la insurgencia de consignas de los podemos joder y  jodemos, la política actual carece de pies ni cabeza, está metida en un buen lío, y nosotros con ellos, pues marcan el precio de vivir, el valor de nuestras vidas, y definen los modos de comportamiento: si ponemos o no un buey en el Belén o si dejamos pasar primero a una señora sea guapa o no. No es justo que gente sin moral y con determinadas extravagantes éticas, sean los que controlen los movimientos en la faz de la Tierra y en el paso de cebra de la calle a la que se cambia de nombre a gusto del munícipe.
De inmediato, en estos momentos de la política de este país asistiremos a la burda soca-tira. A unas pedradas vestidas de pedreas en el bombo de la democracia. ¡Es horrible!, ¡el trile al poder! Que tan listos sean tan tontos, y nosotros, la ciudadanía como ahora nos llaman, “la gente”, aceptemos masivamente el latrocinio como mal menor o, en su contrario, los falsos argumentos zafio-comunistas, los más baratos, además.
Os preguntaréis si hoy, en este diván tumbado no habré estado bebiendo y leyendo a Schopenhauer, a Søren Kierkegaard. Pues no. Lo que he estado leyendo es el libro que ha escrito Mauricio Wiesenthal sobre Rilke que es una maravilla, y que recomiendo a todos los interesados en la Mitteleuropa y aquellos estupendos personajes, y en el gran verbo de este soberbio escritor. Angustia y pesimismo son claves de la existencia, pero a mí es la causa hedonista la que me gusta defender. (Sobre el filósofo prusiano y el danés seductor, no les pregunten nada a nuestros políticos.)
En cualquier caso, feliz año, feliz todo, todo lo que se pueda.





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