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ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

6 de agosto 2017. (Regresamos en septiembre)

Jukebox. Vargo. The Moment

Queremos irnos muy lejos

Como lograr ser un "influencer" y no morir en el intento


MALCOLM LARDER







Para la gente que no tenemos cuentas en las redes sociales nos resulta curiosa esa pasión desbordada por comunicar en ellas. Si encima trabajamos en asuntos relacionados con las tecnologías puede resultar más extraño pensar por qué no estamos presentes.

A lo mejor una de las razones que pueden pensar algunos es que  conocemos los secretos ocultos de las grandes compañías tecnológicas y sus manejos. Desde luego, las líneas generales de actuación de las empresas tecnológicas se pueden saber con un poco de interés y responden a que nada es gratis en este mundo. Estas compañías deben buscar una rentabilidad creciente para, entre otras cosas, invertir en un mayor desarrollo y eficacia de lo que ofrecen. De este modo el público estará más tiempo y más contento en su compañía.

O también que, cansados de nustro trabajo, no deseamos cumplir con el objetivo de todo redista social y que consiste, de una forma consciente o no, en intercomunicar con el mayor número de gente para venderse o vender, o sea influir en los demás aunque sea a a través de un “like” a mi nueva foto del perfil.



Evidentemente no es fácil lograr muchos seguidores y convertirse en un “influencer” e incluso conseguir dinero por ello. Es menos complicado si partimos de una cierta posición de ventaja. Por ejemplo, si somos un actor conocido, trabajamos en una profesión de cara al público....

Pero hay casos de gente que ha sido capaz de llegar muy lejos. Pongo un ejemplo en USA y otro en Europa con personas que no forman parte del mundo del espectáculo, y que partieron de posiciones “difíciles”. Uno sería Varoufakis, el ex-ministro griego de finanzas y el otro un judío neoyorquino que a lo mejor allí en Europa no les suena: Josh Ostrovsky.

Este último, un treintañero que se autodenomina “el judío gordo” pasó por varias universidades sin conseguir titularse. Josh Ostrovsky se define cómico, rapper, stilista y modelo. Logró la fama en 2014 gracias a su cuenta en Instagram (thefatjewish) con cinco millones de seguidores y en la que publicaba chistes muy virales. Sin embargo, muchos de sus números cómicos eran copiados de otros autores a los que no dio crédito, por lo que fue denunciado en el 2015.
Yanis Varoufakis

Yanis Varoufakis (Atenas, 1961) dio clases de economía en diversas universidades de segunda como Atenas, Austin y Sidney y estudió en Inglaterra. En el 2010 creó una página web https://www.yanisvaroufakis.eu sobre la crisis económica y abrió diversas cuentas en las redes sociales. Ha escrito libros sobre la crisis económica desde una posición de izquierdas crítica con la troika de la Unión Europea a la que acusa de muchos de los problemas de Grecia.

Varoufakis y Ostrovsky eran figuras periféricas de internet que gracias a su talento lograron convertirse en protagonistas de esa parte de la red que es la mas adecuada para crear opinión como Facebook, Twitter o Instagram.

El exministro griego comenzó con su blog con una especie de diario en el que escribía sus pensamientos y donde anunció su dimisión como ministro de finanzas griego en julio de 2015.




Cuando se presengtó a las elecciones de enero de 2015 recorrió el pais en su moto y consiguió mas votos que el líder de su partido, Alexis Tsipras, que se vio obligado a nombrarle ministro de finanzas.

Regresando al comienzo alguien que trabaja en tecnologías estará tentado de ir más lejos a la hora de comunicar, no tanto para llegar a ser como Varoufakis sino para hacerlo bien. Por eso suele ver las redes sociales como algo profesional y no personal y prefiere mantenerse al margen.

Pero de toda esta historia surge algo interesante y que nos indica que los mecanismo para darse a conocer han cambiado. Varoufakis no era miembro de ningún partido y vivía fuera de Grecia antes de presentarse a las elecciones de 2015. Pero su blog tenía mas lectores que cualquier periódico griego.

Josh Ostrovsky y su mujer


Claro que frente a Varoufakis está el caso de Ostrovsky que tuvo que disculparse de sus plagios: «No fue intencional. No me di cuenta de que no tenía la fuente” y afirma que él se siente “una especie de un hombre del Renacimiento de la cultura pop. Hay elementos de comedia, pero eso no es la génesis de lo que soy. Soy un escritor satírico. Soy un comentarista. Soy un artista del performance. Soy un idiota»



Tal vez la clave de toda esta historia se encuentra mas bien en la desconfianza y desprestigio del público hacia los canales informativos controlados por las viejas élites, lo que ofrece muchas posibilidades a personas como Varoufakis y otros influencers.



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