ALEVOSÍAS

CALOR

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

6 de agosto 2017. (Regresamos en septiembre)

Jukebox. Vargo. The Moment

Queremos irnos muy lejos

Lecturas a contratiempo. Cristina Cerrada. Europa. La cínica estabilidad del conflicto

ANNA MARIA IGLESIA





“Sueña que atraviesa corriendo calles que han dejado de serlo, calles siniestras quemadas por el sol que casi parecen naturaleza rota, reventada: un bordillo que no es un bordillo, sino una roca, junto a más piedras duras, aristosas, rotas; y jardines que no son jardines sino campos verdes que ahora revientan quizá bajo el sol, bajos los pies pesados. Las balas silban”. Sueña Heda, pero en verdad no se trata de un sueño, sino del pasado que regresa a ella como un lastre del que no puede desprenderse, porque Europa de Cristina Cerrada (Seix Barral) es la novela de una huida que, sin embargo, nunca llega a completarse. 

Porque se puede huir del propio país, pero se trata solamente de una huida geográfica, no emocional, porque huir para Heda es llevar consigo la historia de violencia que ha vivido en su país, es seguir escuchando el silbido de las balas, es seguir viendo en el rostro de su hermano la violencia por él cometida como soldado y, sobre todo, es seguir viendo en la mirada de su padre el dolor del destierro intelectual, moral y geográfico, es ver en su padre, profesor, escritor e intelectual, el fracaso de una cultura, el cierre de las universidades y la quema de libros.

¿De qué huye Heda y hacia dónde huye? La novela de Cerrada se construye a partir de elipsis, de una indefinición de lugares y de tiempos que permite a la novela trascender el momento presente. En este sentido, Europa ni es una novela oportunista ni es una novela exclusivamente circunscrita al presente; no es una novela sobre el drama de los refugiados, aunque, indirectamente, nos hable de ello; ni es una novela sobre un conflicto bélico en concreto. 


Cristina Cerrada

El uso de las máquinas de escribir nos retrotrae al menos dos décadas y los apellidos de los personajes pueden remitir al este de Europa, pero ¿podemos afirmar que se trata de la guerra de los Balcanes? No y tampoco importa afirmarlo, porque lo que busca Cerrada no es la concreción del momento sino el sentido último de la historia, que es una más entre tantas.

“En la tele anunciaban el comienzo de las hostilidades en un país vecino al suyo, el bueno tiempo, y el despertar de la primavera, que se preveía, para este año, estable y duradera”, escribe la autora no sin irónico cinismo: lo único duradero, paradójicamente estable, son las hostilidades en un país vecino ¿Cuál? Cualquiera. Con estas palabras, la novela de Cerrada parece prolongarse más allá del texto, subrayando a los lectores que la historia de Heda es una historia más y que su viaje en tren, desde el país de huida al país cínicamente llamado de acogida, es solo uno más de los tantos viajes que han definido la historia de Europa, donde radica, en palabras del padre de Heda, la raíz del problema: “La raíz del problema de Europa es étnica. La raíz del problema de Europa es la decadencia del sistema”.

Cerrada pone así el acento sobre Europa no sólo como promesa incumplida, sino como verdugo. Europa no es sólo responsable del conflicto del que huye la protagonista junto a su familia, sino de la violencia institucional con la que los acogen, a ellos, a los refugiados. La fábrica donde termina trabajando Heda junto a su padre y su hermano no es sino el ejemplo del abuso laboral sobre el que nada tiene: los refugiados se convierten en los esclavos del siglo XXI. 




No hay trabajo más barato que aquel realizado por quien no tiene nada que perder, por quien, habiéndolo perdido todo, se aferra al trabajo más misérrimo como vía de superación. Europa se presenta como la otra cara del conflicto y, por tanto, como otra forma de violencia, que en la novela de Cerrada se manifiesta con diferentes rostros, desde los bombardeos sobre un país hasta el abuso sobre el más débil pasando por la violencia sobre la mujer.

 Diferentes formas de violencia que van más allá de los límites geográficos y que revelan el fracaso de ese sistema llamado Europa, reconvertida en una destartalada pensión donde Heda no sólo revive el dolor y la violencia sufrida, sino que se enfrenta a las cicatrices de todo lo vivido. La pensión Europa representa un futuro contaminado por el pasado, un futuro al que la protagonista se enfrenta habiendo “muerto para siempre”, porque “hay varias maneras de morir” y una es la de Heda, convertida, al final, en imagen del agotamiento de un mundo, el nuestro, donde el sentido de humanidad parece haber sido aniquilado.



Sin moralismos ni sentimentalismos, con una prosa tan parca como contundente en la construcción de sus frases, Cristina Cerrada es hábil con la concisión. Nada falta y nada sobra en Europa, nada sobra porque Cerrada parece ser consciente de la banalidad en que pueden caer las palabras. No hace falta indicar lugares ni fechas para comprender lo que cuenta la novela; los detalles, al contrario, podrían distraer de esta fábula que consigue ir más allá del tiempo concreto y del presente para describir el presente de Europa, un presente que empezó a escribirse tiempo atrás, cuando todavía había máquinas de escribir. 

El bombardeo sobre el campus universitario revivido por Heda es el bombardeo sobre ese espíritu humanista representado por el padre, desterrado y obligado a desprenderse de sus libros, echados al fuego. Europa no termina, sino que se abre al presente, la pregunta que se plantea es si queremos que este presente siga siendo tan estable y duradero en su hostilidad como lo ha sido hasta ahora.




Cristina Cerrada (Madrid, 1970) es autora de los libros Noctámbulos (Lengua de Trapo 2003), IV Premio Casa de América; Compañía (Lengua de Trapo 2004), II Premio Caja Madrid;  Calor de Hogar, S.A. (Algaida, 2005), X Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla, Alianzas duraderas (Lengua de Trapo 2007), La mujer calva (Lengua de Trapo 2008), XIV Premio Lengua de Trapo,
Anatomía de Caín (Baladi 2010), Cenicienta en Pensilvania (DVD 2010), XLI Premio Ciudad de Barbastro, Cosmorama (Tropo editores 2015) y la comedia teatral El club Mythic (Éride 2015).

Anna María Iglesia (Granada, 1986, reside en Barcelona) está terminado una tesis doctoral sobre las prácticas urbanas dentro del doctorado de Teoría de la literatura y literatura comparada. Se define principalmente como lectora. Desde hace ya algunos años ejerce el periodismo cultural como freelance, colaborando con distintos medios. El Asombrario (Público), Nueva Revista, Letras Libres, Llanuras o El Confidencial.

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