ALEVOSÍAS

VACACIONES DE VERANO O LA ESCAPADA DE DINO RISI

LUIS DE LEÓN BARGA

18 de junio 2017

Jukebox. Nico Fidenco. Legata a un granello di sabbia

Libros. La facultad de las cosas inútiles. Yuri Dombrovski. Por Enrique López Viejo.

Ficha policial de Yuri Dombrovski


Me querían regalar un libro y La facultad de las cosas inútiles de Yuri Dombrovski (1909-1978), editada por Sexto Piso, fue el título que me ofrecieron y que inmediatamente elegí. (...) 


Era el más próximo en la mesa de novedades, y mi encantadora y guapísima librera, María Riutort de la Librería del Savoy, en Palma de Mallorca, no me supo decir nada de él. Pero era tan curioso el título que lo acepté. Por su enunciado supuse que era un ensayo sobre decadentismo. No fue hasta que me lo trajeron a casa cuando supe que era una novela de 600 páginas, y que el autor era suficientemente conocido en la literatura rusa del pasado siglo XX. Una manera “casual” de encontrarse con una novela que es una obra maestra, porque La facultad de las cosas inútiles lo es.

El autor, Yuri Dombrovski, escribió esta novela entre 1964 y 1975, sin posibilidad de publicación, pues fue otro escritor que vivió el ostracismo estalinista al que se condenó a los disidentes políticos en aquellas décadas terribles. Hay que decir que en el caso de este autor, además de la cuestión política, su personal rebeldía preocupaba a las autoridades civiles. Sus borracheras, quema de banderas, un cierto tipo de vida bohemia, y distintas algaradas no gustaban nada a los moralistas bolcheviques.

La facultad de las cosas inútiles, es una novela política si bien escrita por alguien con el humor suficiente por haber vivido otras experiencias.


Yuri Dombrovsky

Como ocurriera con el Doctor Zhivago de Boris Pasternak, tuvo que ser un editor extranjero quien publicase esta novela en Francia, convirtiéndose en un éxito tres años más tarde, en 1978, poco después de la muerte del novelista. Parecidas vicisitudes sufrieron el maestro Mijail Bulgakov, y toda aquella generación sufrida como ninguna otra en la historia de la literatura. Los bellísimos Osip y Nadezhda Mandelshtám, Marina Tsvetáyeva, sufriente exilada inédita en su país al que regresó por amor para acabar suicidándose en un nuevo exilio en Tartaria; Varlam Shalámov, a quien leímos fascinados sus Relatos de Kolymá, “la tierra de la muerte blanca”, editados en nuestro país por la editorial Minúscula, otra obra maestra. Tantos otros.
Así pues, Dombrovski tuvo la vida azarosa de los otros grandes de la literatura rusa del XX. Vivió décadas en el exilio forzado de Alma-Atá, capital del Kazajstán, e incluso tuvo que pasar por los campos de trabajo y muerte que era Kolymá, región en torno al río Kolymá, en el extremo nordeste siberiano. Pero es en Alma-Atá donde se desarrolla la novela, ciudad y república dónde se exiliara León Trotsky, a cuya figura y disidencia política muchos de estos escritores era simpatizantes.
Dombrovski, de regreso a Moscú, con su incorporación a la vida literaria no mejoró sus condiciones, pues fue permanentemente amenazado y vejado por las autoridades. Incluso fue golpeado en distintas ocasiones hasta una última paliza en la Casa de Escritores de Moscú, tras la que murió coincidiendo con la publicación y éxito que se produjo con la publicación de su libro en Francia. Dombrovski predijo que sería así y escribió que “he puesto la cabeza en el tajo del verdugo”.


Yuri Dombrovsky


La novela, el novelón, se desarrolla en el ambiente intelectual del museo arqueológico de la capital kazaja tras la Gran Purga ordenada por Stalin en 1937. Sus protagonistas son los conservadores de la institución que se enfrentan con las autoridades administrativas en un ambiente de continuas sospechas, traiciones y miedo. 
Es una historia muy crítica, el retrato de una época que el lector que tome esta novela en sus manos, conoce bien. Es -plenamente- una novela soviética. Las paranoias del estalinismo, la masiva transformación cultural de un pueblo antiguo con una cultura como la rusa. La transformación de la Madre de Todas las Rusias en la URSS. Los aficionados e interesados en este momento trágico de la Historia, hemos leído lo suficiente y siempre en grandes obras de sumo interés, La facultad de las cosas inútiles es otra de ellas. Vassili Grossman, Alexandr Solzhenitsyn, tantos otros, en Rusia o en el “blanco” exilio francés o americano. El horror que se vivió en esas décadas que esta historia refleja en un cuadro de escenas de la vida de unos personajes a los que se retrata con unos buenos diálogos y el mejor sicologismo de esta literatura eslava que tan superior es en estos aspectos.
Tengo que decir que las primeras cien páginas no fueron fáciles. Pero, amigos, sin especial mayor intriga que el retrato de estos personajes en un marco muy concreto, el desarrollo del relato te lleva a una lectura febril. Es obvio que te tiene que interesar la cuestión soviética y tener ciertos conocimientos del ambiente que se vivió. La facultad de las cosas inútiles es “pura Rusia” soviética y soberbia literatura. La esencia de la misma no es otra que el enfrentamiento entre el humanismo cristiano y el comunismo o, en realidad, el verdadero espíritu ruso y la locura materialista devengada del marxismo-leninismo en su aplicación totalitaria.
Como dice en el epílogo su traductora Marta Rebón, La facultad de las cosas inútiles es un escrutinio del fracaso de lo humano en los sistemas totalitarios, indaga en una justicia hecha a medida y antojo del poder.
Quienes se muestran interesados en este momento de la Historia, del terrible proceso que fue, podrán conocer un ejemplar escenario, disfrutando de una extraordinaria manera de contar lo que va ocurriendo, y el complejo entramado de los personajes en la terrible lid entre la cultura, la moral, y las perversiones que trajo el comunismo a Rusia.
Os recomiendo este libro, como dije, esta obra maestra que me ha hecho vivir una nueva emoción literaria y seiscientas páginas de reflexión ética. Con un título así, no podía ser malo el libro.




1 comentario:

  1. Fantástica reseña, querido Enrique. Voy a buscarlo en la biblioteca pública.
    Un fuerte abrazo,
    Nacho M

    ResponderEliminar