LA MÁSCARA DE DIMITRIOS

EL HIJO DEL CLÉRIGO

FERNANDO MARTÍNEZ LAÍNEZ

25 de junio 2017

Jukebox. Ben E. King. Don't Play That Song

Ópera. Norma Fantini, una revelación. Por Enrique López Viejo.


Norma Fantini


Un día de primavera del año pasado me encontraba en Hamburgo, en una de sus populares calles, la de las Columnas, (...)


en las orillas del río Alster confluyente con el gran Elba, donde habíamos elegido para comer una clásica brasserie situada en un sótano, un restaurante de largas mesas y el ambiente propio de estos establecimientos. Un lugar pleno de tipismo alemán, donde nos acomodaron junto a otros tres comensales con una disposición amabilísima y una presencia excepcional.
La carta era en alemán, sin traducción a otro idioma. La camarera, muy teutona, no hablaba inglés. Observamos que el menú que nos presentaban en su amplia carta se fundamentaba en el plato nacional, la patata, pero teníamos dificultad de elegir bien y disfrutar de platos con este tubérculo al que particularmente adoro.
Los vecinos de mesa pronto se mostraron encantadores y se prestaron a ayudarnos con la traducción del menú, con la explicación de los distintos platos que conocían bien, y haciéndonos las recomendaciones pertinentes. Ellos eran tres. Quien se nos dirigió primero fue una guapísima señora de profunda mirada, afable trato, acompañada de un elegante señor, ambos conocedores de nuestra lengua perfectamente. Les acompañaba una guapa jovencita, que resultó ser hermana de nuestra interlocutora.  


Norma Fantini

Hablábamos de patatas, ¿algo vulgar? Íbamos decidiendo lo que habíamos de tomar, cuando nos presentamos y llegó la sorpresa. Ella era cantante lírica, su nombre, Norma Fantini, él, Andrea Genovese, su maestro. Era la primera vez que conocía a una cantante de ópera, era la primera vez y se producía de forma tan peculiar, hablando de patatas.
Los personajes no podían ser más solícitos. Aquella tarde-noche ella actuaba en la Hamburgische Staatsoper, representando El baile de máscaras de Verdi. Aquello era un plan estupendo, iríamos a ver y escuchar a nuestra reciente conocida, y de paso viviríamos la experiencia de acudir a un concierto de ópera en aquel país y observar este ambiente en aquella ciudad, algo interesantísimo como no tengo que decir.
Habiendo estado rodeado de música y músicos desde niño, apasionado desde chaval, nunca había conocido a una soprano aunque teníamos una prima de mis abuelas cantante en Verona. Lo digo con tranquilidad y sin exceso, conozco casi todos los géneros, estilos, un poco de todas las épocas históricas, y como corresponde a mi generación, especialmente de la música popular, y dentro de lo que llamamos Música Clásica, sobretodo del Barroco, como es común entre los que somos adeptos nuevos. Pero de la Ópera, del Bel canto y sus estilos, lo desconozco casi todo, y no sé bien el por qué, pues lo normal sería que también fuera aficionado a este género poderoso, vivo, extraordinario, la suma del canto, la música y la dramaturgia. (Como sabe el lector, he tenido negocios de música, de venta y organización de conciertos.) El espectáculo que es la Ópera nunca me atrajo de forma especial.


Norma Fantini

Muy joven me preocupé por conocer las óperas principales que programó el Teatro Calderón de mi ciudad, Valladolid, y al que fui acompañado en varias sesiones de mi buena amiga Marta Martínez Valls. Eran las obras clásicas entre las clásicas, Don Giovanni de Mozart, Rigoletto de Verdi, y  supusieron toda una experiencia acudir a ellas en el ambiente aún muy riguroso en sus formas que en aquella época se estilaba. No sé porque razón olvidé “ocuparme” de escuchar más y, sólo, ya en la madurez, me interesé someramente por conocer estilos y obras, un poco de su historia italiana, francesa y alemana. Pero caí del caballo. Aquella amable dama en un sótano de la ciudad hanseática, con olor a codillo, chucrut y kartoffel, me descubría el disfrute de este nuevo placer musical.
Fuimos al concierto de la difícil obra que es el Baile de máscaras de Verdi. El espectáculo fue magnífico, la actuación y las voces nos resultaron fabulosas y ¡qué decir!, de nuestra nueva amiga: que fue algo sobrecogedor para unos profanos como nosotros.  Había nacido un nuevo fan de la Ópera y, por supuesto, de esta estrenada cantante favorita, Norma Fantini.
Regresamos a  España  y sin preocuparme de internet y búsquedas encargué a una amiga, a la misma Marta Martínez (con la que conocí las primeras óperas de chaval), que a través de Facebook se pusiera en contacto con la cantante, con la intención de felicitarla y decirle lo mucho que me había gustado su actuación en la ciudad alemana. No era otra mi pretensión que saludarles a ella y a su maestro Andrea Genovese, y me encontré con una rápida y amable correspondencia. Tras algunos correos electrónicos y conversaciones telefónicas, tuvimos la suerte de que nuestra amiga cantante viniera a Madrid a un festival benéfico en el Teatro Real interpretando un repertorio variado de distintos compositores fundamentales. Fue otra experiencia, otro Damasco. Decidido fan de la Fantini, tuvimos la oportunidad de abrazarnos y rubricar nuestra estrenada amistad. Ambos, artista y maestro, eran dos personajes soberbios, representantes de la mejor cultura y arte occidental. Ellos, por su parte, se preocuparon de leer alguno de mis libros y la relación se reforzó; ahora somos adeptos los unos de los otros.


Norma Fantini

Queridos lectores, como he dicho, soy poco conocedor de esta música, pero parece que hay una nueva generación operística activa y sobresaliente, y que dentro del panorama actual, dicen los críticos, que Norma Fantini se revela como una estrella principal. ¿Futura diva? Su carrera es ya extraordinaria. Yo no sé hasta qué grado estamos ante una especial artista, pero sí de que su trayectoria está siendo fulgurante, y que está asombrando a los más críticos, que en este asunto lo son mucho. Yo no sé comentarles a ustedes sobre las dotes de su voz, de su gran carácter y su estilo, tampoco puedo hacer calificación alguna por desconocer suficientemente a otras sopranos, (de momento, sólo le escucho a ella).
Norma nació en Cuneo, una pequeña ciudad del Piamonte italiano donde se diplomó en el conservatorio Giuseppe Verdi, compositor del que se haría especialista, estudiando con el maestro Andrea Genovese quien dirigiría su trepidante carrera, pues muy pronto empieza a ganar concursos y premios en todas las ciudades, especialmente con el repertorio de Verdi y de Puccini. Desde muy joven recorre los mejores auditorios, La Escala de Milán, La Ópera de Roma, La Arena de Verona, toda Italia, para dar un salto espectacular al panorama internacional, Chicago, Nueva York, Londres Berlín, Viena, Tokio, Dresde, Budapest, todo el mundo. Por suerte, a nuestro país son cada vez más frecuentes sus visitas, Madrid, las Palmas, Barcelona. Sería largo referenciar todos los músicos con los que ha tocado, todo el extenuante trabajo realizado con los mejores, Lorin Maazel, Zubin Mehta, Daniel Barenboim, Plácido Domingo, Luciano Pavarotti, todos. Da la sensación de que Norma Fantini es un cometa iluminando con su voz los cielos, regalando a nuestros oídos lo mejor del Bel canto y la música de Ópera. La Fantini es una “Gracia” de la naturaleza y el arte.
Soy feliz de atreverme a recomendarles a esta estrella, un ángel que se me apareció en un sótano de una calle popular de la reconstruida ciudad de Hamburgo y que está presente casi cada día de mis últimos días, y que tanto me está haciendo disfrutar de su arte cumbre. Gracias, Norma.




Recomendación: La editorial Fórcola ha publicado un libro sobre las divas de la Ópera y del Bel canto, que es una muy buena introducción al conocimiento de las grandes cantantes históricas; su título es Simplemente divas, y su autor, Fernando Fraga, un ameno especialista.


Las fotografías que ilustran este articulo han sido cedidas por Andrea Genovese, artista principal también, y personaje igualmente fascinante al que saludo especialmente y expreso mi agradecimiento en estos asuntos y en el aceptación de mi amistad.     






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