ALEVOSÍAS

VACACIONES DE VERANO O LA ESCAPADA DE DINO RISI

LUIS DE LEÓN BARGA

18 de junio 2017

Jukebox. Nico Fidenco. Legata a un granello di sabbia

In memoriam. Elegía a Enrique

IGNACIO MERINO




Aunque deberíamos rodear, todos, este túmulo de la gloria donde van a reposar tus cenizas, para cantar Bye, bye, American Pie, (...) 


como en la película de Ruppert Everett y Madonna, no lo vamos a hacer porque no nos la sabemos. Así que date por cantado, querido Enrique, que tú eres también nuestro pastel castellano, hecho de piñón, genuino sabor de tu tierra de pinares.
Pero aunque estemos tristísimos y no sepamos esa canción, no vamos a dejarte sin celebrar tu vida con aquello que más te gustaba: la palabra.
Me ha tocado a mí oficiar y lo hago convencido de que me acompañan los ecos de todos tus amigos y seres queridos. Mi voz es su voz pues lo que tengo que decir es indiscutible.
Has amado la vida hasta el delirio y así has sabido trasmitirlo con tu energía, tu humor, tu palabra escrita.
Recuerdo cuando te conocí pues yo era más de la quinta de tu hermano Chuchi. Fue por tu gran amigo Guri, cuando hicisteis aquel fin de semana moderno, que yo rubriqué en el periódico, y tu diste a conocer aquel inquietante, y magistral corto que se llamaba Irma y yo deseamos morir.
Para mi fuiste el epítome de los ochenta, más allá del recreo de la movida. Guri fue setentero a tope pero tú tuviste tus años de universidad donde viste a las mejores cabezas, incluido tu amigo Pablo Pinedo entregadas a la religión marxista leninista, sección troskysta soviética o maoísta.
Decidiste que aquello no era lo tuyo y te entregaste a otra de nuestras religiones: la música.
Dejaste Valladolid por Mallorca y una tienda de música por un templo social donde escuchar música con una copa en la mano o, más bien, que la gente se quedara absorta por tu conversación.


Enrique López Viejo

Tenías más cultos, claro, pues has sido hombre polifacético y renacentista. Y entre ellos el más genuino: la adoración a la mujer.
Pero aquí el destino te reservaba la mejor corona, pues como a Dante, Virgilio te acompañó por los círculos de la Comedia Humana y, tras entregarte la corona de laurel de los autores, te llevo hasta el paraíso donde esperaba Beatriz.
A partir de ese momento, lo tuyo fue una orgia de felicidad, Enrique.
Con Bea eran tales las alturas de pensamiento que alcanzábais, que ella tuvo que empezar a bucear por las profundidades marinas para compensar el arco de vuestra mente conjunta y tener una actitud estoica ante la vida que habría de lograr cotas siderales en los últimos años.
Una constelación de amigos puede testificar conmigo lo que voy a decir, incluso a proclamar: que fuiste Titán, Enrique López Viejo, héroe mítico que desafía los poderes de los dioses. Que tras el titán impertérrito, estaba el hombre, lucido total, irónico, escéptico y con un humor que era la energía termonuclear que alimentaba tu espíritu y sostenía ese cuerpo acribillado por la ira de unos dioses a los que habías retado.
Llegaron tus libros al fin.
Pudiste ceñir la corona que Virgilio te había reservado.
También esa colección de deliciosos artículos en el blog del querido Luis de León Barga y el recuento demoledor y graciosísimo de tu aventura vital hasta la cumbre de Bea.
Hay una cosa más, queridísimo Quique, por la que quiero rendirte tributo de admiración, y esta es personal aunque casi todos las compartamos. Fuiste un Dandy, amigo mio, con lo que eso significa. Y esa fue tu filosofía. Individualista acérrimo, antes preferías ver la gloria de lejos que acodado a tu ventana. Eras contra corriente, zumbón y predicabas el buen vivir como mandamiento número uno.
Ser un dandy obliga a mucho y tú no te desmarcaste un ápice. No ha habido muchos como tú, en estos tiempos nuestros sacudidos por el marxismo y el underground. Y yo te felicito y lo celebro. Pues hoy, junto a tus cenizas calladas, seguimos escuchando el clamor de lo que fuiste.
Y nos alegramos infinitamente por haberlo vivido.

  
       
Claude Monet. El hombre del paraguas. 1868
        





Ignacio Merino. ( Valladolid, 1954 ) es licenciado en Filología inglesa y diplomado en Psicología y Filosofía Pura. Escritor y periodista apasionado por los escenarios históricos, ha publicado  novelas de fondo histórico tales como Serrano Suñer, valido a su pesar, Amor es rey tan grande (ficción de la pasión y martirio de Leonor de Guzmán), La ruta de las estrellas (sobre el explorador del Nuevo Mundo Juan de la Cosa), El druida celtibero  y Por El Empecinado la libertad (intensa peripecia vital de este guerrillero liberal), y que será llevada al cine próximamente.

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