LA MÁSCARA DE DIMITRIOS

EL HIJO DEL CLÉRIGO

FERNANDO MARTÍNEZ LAÍNEZ

25 de junio 2017

Jukebox. Ben E. King. Don't Play That Song

Lecturas. Los cantos de Maldoror. El Conde de Lautréamont

Luis de León Barga




Para conmemorar el número cien de su colección Gótica, la editorial Valdemar ha publicado una edición crítica a cargo de Mauro Armiño de la obra de Isidore Ducasse, que firmó como el Conde de Lautréamont Los cantos de Maldoror. (...)


Junto a las Poesías y Cartas, conforman toda su obra. El libro está ilustrado por el gran dibujante argentino Santiago Caruso, al que entrevistamos en este mismo número.
Desde que en agosto de 1869 el editor belga Albert Lacroix imprimió Los cantos de Maldoror sin distribuirlos por miedo a la censura, la influencia del conde de Lautréamont, redescubierto por Léon Bloy en 1890, creció hasta convertirse en uno de los apóstoles favoritos de las vanguardias del siglo anterior, en especial de los surrealistas.
En Los Cantos de Maldoror asoma una crueldad interminable, pero distinta a la de Sade, aunque ambos escritores están emparentados en su odio al mundo que les rodea. Ducasse no se ciñe al sexo o el erotismo. Su  escritura es una sucesión ininterrumpida de imágenes  que se agolpan en la cabeza del lector sin darle respiro. Por eso Léon Bloy sospechó que se trataba del discurso de un enajenado. Los Cantos de Maldoror carecen de descripciones, tampoco tienen forma literaria. Fluyen con el ímpetu de un río desbordado que se lleva por delante lo que encuentra a su paso.


Isidore Ducasse


De la vida de Ducasse se conoce muy poco. La única foto que se conserva de él, tampoco nos dice mucho. Sabemos que nació en Montevideo en 1846 y murió a los veinticuatro años en París. Su madre era  una campesina francesa que emigró a Uruguay, y que fue la amante del cónsul francés en Montevideo, Francisco Ducasse. Al quedarse embarazada de Isidore, el cónsul se casó con ella y murió dos años después.
Es la obra de Isidore Ducasse, publicada a los veintidós años, la que proporciona las mejores pistas para desentrañar el misterio de su vida. Jean-Jacques Lefrère, autor de una biografía sobre Isidore Ducasse Isidore Ducasse (Fayard), nos cuenta lo poco que se sabe a ciencia cierta, como los años en que estuvo interno en el liceo de Tarbes y luego en Pau, donde había sido enviado por su padre.
En aquel universo cuasi carcelario y que acentuó su rebeldía, a  Ducasse le apodaban “El  Vampiro” por su figura delgada y pálida, la espalda curva y la voz estridente.


Santiago Caruso. Ilustración para "Los cantos de Maldoror"



Ante la escasez de datos y testimonios, el biógrafo compara obra e  historia para contarnos el tiempo que le tocó vivir a Ducasse en su Uruguay natal. Fue el de la guerra civil entre Blancos y Colorados, y las revoluciones que asolaron entonces Montevideo, y que hicieron a Ducasse testigo de toda clase de horrores, desde las degollinas de prisioneros, las ejecuciones, sin olvidar la naturaleza salvaje e inmensa del nuevo mundo, o la fiebre amarilla que encontramos en uno de sus cantos como el cólera que lanza su honda llena de muerte y podredumbre sobre las ciudades.
En Montevideo tuvo como preceptor un profesor de solfeo. Por eso en los años finales de su vida, Isidore Ducasse molestará los sueños de sus vecinos parisinos las noches que componga y toque el piano, pero gracias a sus conocimientos musicales proporcionará a las estrofas de los cantos un sentido equilibrado y majestuoso.
Isidore Ducasse murió el 24 de noviembre de 1870 en un París asediado por los prusianos. Tal vez al escuchar el ladrido de las jaurías de los perros hambrientos, Ducasse se acordaría de lo escrito en una estrofa de Los Cantos de Maldodor y en la que su madre le dice que cuando escuche durante la noche ladrar se esconda debajo de las mantas. También los perros tienen una sed insaciable de infinito, igual que su madre y el Conde Lautréamont. Isidore Ducasse consiguió saciarla con Los Cantos de Maldoror. 




Santiago Caruso. Ilustración para "Los cantos de Maldoror"


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