LECTURAS A CONTRATIEMPO

LITERATURA UNIVERSAL. EL “BILDUNGSROMAN” DE SABINO MÉNDEZ

ANNA MARIA IGLESIA

6 de agosto 2017. (Felices vacaciones. Regresamos en septiembre)

Jukebox. Vargo. The Moment

Queremos irnos muy lejos

Cine. Pulp Fiction: veintidós años de un intruso premiado en Cannes

LUCAS DAMIÁN CORTIANA 







Si hay algo que sorprendió de Pulp Fiction -la obra maestra de Quentin Tarantino, estrenada en 1994 y premiada en el prestigioso Festival de Cannes hace exactamente veintidós años-, es la manera despojada, irreverente y libre de toda culpa de tratar temas complejos y hasta engorrosos como la violencia extrema, las drogas, el sadomasoquismo, las violaciones o el crimen organizado. (....)


Pulp Fiction es prioritariamente, a pesar de aquellos tópicos, una película rebosante de humor o según la nomenclatura que los expertos le han dado, una comedia negra. La única manera (o si no la única, la más efectiva) que Tarantino encontró de mostrar asuntos cargados de tabúes, controversiales, muchas veces despreciables para una sociedad que se considera a sí misma conservadora (por qué no puritana) o lisa y llanamente de evidente temática inmoral es a través de la ironía, el ingenio para crear diálogos hilarantes como cobertizo para escenas perversas y con música lo suficientemente divertida como para no advertir, al menos por unos instantes, que la situación era en realidad perturbadora y soez.

El film, independiente, no contaba con los recursos económicos de una superproducción hollywoodense, sin embargo pudo darse el lujo de contar con actores de la talla de John Travolta (quien reconstruyó su carrera con esta película luego de no hacer nada realmente satisfactorio desde Grease, pasando por bodrios del calibre de Look Who's Talking), Uma Thurman (quién se convirtió en superestrella a partir de este punto de su carrera), Bruce Willis, Samuel L. Jackson o Christopher Walken e introducirlos dentro de un mundo, oscuro y hermético, pero a la vez pop, que se estaba gestando: el mundo Tarantines.



Las escenas que han quedado guardadas en la retina y memoria del público son demasiadas y da cuenta de la forma en que esta película ha calado en la historia del cine, teniendo como logro adicional no ser sino escenas aptas para todo público: el baile entre los personajes de Travolta y Thurman, descalzos sobre una canción de Chuck Berry es icónico como lo es la conversación entre el mismo personaje de Travolta y el de Jackson sobre las diferencias entre las hamburguesas de Los Angeles y París. Son cuadros inocentes, populares y divertidos. ¿Y cuál es el valor agregado que tienen, eso que las convierten en algo más que un simple golpe efectista? Tarantino no sólo conoce la médula de la cultura pop sino que se adueña de ella haciendo un pastiche elaborado de fórmulas infalibles de los grandes momentos del cine y el aporte de su sello personal. Consigue relajar al espectador con lo superfluo mientras se entretejen historias de abordaje dificultoso. De hecho, el baile en  el restaurante Jack Rabbit Slim’s es el jamón del medio entre el affair de Vincent Vega (personificado por Travolta) y su dealer, quien le vende tres gramos de heroína y la posterior sobredosis que sufre Mia Wallace (Uma Thurman) y la resucitación más recordada de las últimas dos décadas, usufructuada por una jeringa de adrenalina al corazón.



Sin embargo, no es complejo afirmar que Pulp Fiction es un film pasatista, una historia atrapante de gánsters contada de una manera peculiar a manera de capítulos y con personajes carismáticos haciendo lo que mejor saben hacer. ¿Pero dejó algo para la posteridad, algo que haga merecedor esta conmemoración del vigésimo segundo aniversario de su premiación en Cannes? La respuesta es sí. Oscar Wilde dijo que "cada retrato que es pintado con sentimiento es un retrato del artista, no del modelo" y es probable que el legado prioritario de Tarantino sea el haberse colocado a sí mismo y a sus ideas dentro del ámbito cinematográfico, con una voracidad tan grande, con movimientos tan veloces y con tal convencimiento que  no permitió a nadie ni siquiera cuestionarse por la legitimidad de su posicionamiento. En sus años de carrera creativa, ya sea como guionista o director, Tarantino mostró fidelidad a sus convicciones artísticas, a la vez que su búsqueda (estética, temática) era observada por todo el mundo de manera instantánea y cruda. No son demasiados los casos modernos, digamos a partir de los ’70, de directores a los que podamos situar en el contexto del “cine de autor”: Scorsesse puede ser un caso emblema, lo mismo puede decirse de Tim Burton y lógicamente Stanley Kubrick y Woody Allen. El caso de Tarantino es peculiar, ya que recurre a elementos poco usuales o incluso mal vistos por un porcentaje de público bastante amplio que no considera arte o buen gusto géneros tales como el Cine clase B o de blaxploitation; películas que en esencia están concebidas para horrorizar. No intenta ocultar tampoco su histeriqueo por las películas japonesas ni por el uso de las armas blancas; si aquella frase de Arturo Graf, “el que en un arte ha llegado a maestro puede prescindir de las reglas” es verdad, y lo es, el caso Tarantino permite anexar que a un maestro debe tolerársele la facultad de apoderarse de todo código que lo alimente y posibilite mantener su esencia monstruosamente seductora. Tarantino es irreverente y ególatra, por eso acude con asiduidad al auto homenaje, a un entramado interno de situaciones, personajes y estilos que los fanáticos pueden reconocer a lo largo de toda su filmografía y que propone una forma de hacer partícipes a los observadores ansiosos, en convertirlos en cofrades. En Pulp Fiction estos matices son hallazgos que no cualquiera puede realizar a simple vista, es necesario zambullirse a las profundidades del universo sangriento y cómico del director. Así, encontrará que hay rastros de su ópera prima, Reservoir Dogs, así como de todo lo que vendría después, en el enfoque del maletero de un automóvil, en el zippo que se enciende con gracia, en el fetichismo por los pies femeninos…, todo esto no es más que la referencia de un compulsivo-obsesivo y uno de los caminos más cálidos hacia la posteridad.

Algunos han visto en Pulp Fiction y en su autor intelectual y material dejos de racismo (la palabra “nigger” es recurrente) y otros un mensaje de redención y perdón (el personaje de Jackson cree encontrar la iluminación espiritual y abandona la vida criminal; el personaje de Ving Rhames absuelve la estafa de Butch, interpretado por Willis), mostrando a las claras que toda visión profunda del arte no es uno más uno o al menos que los resultados no son los esperados o bien que todos estamos equivocados todo el tiempo y hay que dejar siempre un lugar para el asombro.

Pulp Fiction fue un extraño metiéndose en una gran fiesta hace veintidós años y el paso del tiempo demostró que se la pasó a lo grande, probablemente siendo descortés pero de todas maneras simpático.

Umma Thurman
Lucas Damián Cortiana (Chivilcoy, Argentina, 1983) es poeta y escritor. Ha colaborado en diversos medios y publicado en diversas antologías. En la página de Facebook “Rata Carmelito” pueden encontrarse retales de su poesía y su locura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario