ALEVOSÍAS

EL DESCUBRIMIENTO DE LA LENTITUD

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

23 de abril 2017

Jukebox. Casablanca. As time goes by. Dooley Wilson. (Subtitulos en español)

La entrevista. Kike Ferrari, la novela negra desde el metro de Buenos Aires.


Sandra Ávila

 
Kike Ferrari

Enrique Ferrari, más conocido como Kike Ferrari (Buenos Aires, 1972) es un escritor que al igual que la inmensa mayoría de ellos, no vive de lo que escribe. Pero lo que le diferencia de los demás, aparte su forma de escribir es el tipo de trabajo con el que se gana la vida. Ferrari trabaja de noche en el servicio de limpieza de la estación del metro de Buenos Aires, Pasteur-AMIA. (...)



A los 25 años escribió su primer cuento sobre un ladrón veterano que roba una inmobiliaria. El segundo trataba de un exiliado que recibe la carta de un viejo amor. El tercero, que después fue capítulo de una novela, el de un boxeador que cae derrotado.
Aquellas primeras experiencias literarias fueron, en lo esencial, iguales a las últimas: la magia de sumergirse en otros mundos, la fiesta del lenguaje, el vértigo de mirar a los ojos de los propios demonios. Ferrari no es un desconocido. Ha ganado diversos premios. Sin ir más lejos en la Semana de Novela Negra de Gijón fue premiado en tras ocasiones por tres relatos publicados luego en Nadie es inocente. También cuenta con importantes reconocimientos, como el de Ricardo Piglia que celebró su cuento Blanco artificial.

¿Cuándo decidiste que serías un escritor?
Lo decidí cuando era muy chico, después de leer una biografía de Salgari que había en la edición de Los Tigres de Mompracem que me regaló mi viejo. Pero, a decir verdad, para esa misma época decidí ser matemático, camionero, maestro de artes marciales, futbolista y músico.
¿Te inspiran las noches en la Estación Pasteur? 
Calculo que más inspirador sería dormir abrazado a mi hermosa mujer, pero de algo hay que vivir. Todavía la noche subterránea no apareció en mi literatura, ni creo que lo haga pronto. Suele pasar que necesito metabolizar las experiencias, que se hagan parte de mí y tomar cierta distancia antes de que se convierta en letra.  Veremos.
¿Qué escenas o que cosas te sirven para escribir?
Hay que estar con las antenas alertas y escuchar lo que pasa alrededor. Todo, o casi todo, puede ser material literario: una cosa que te pasó, algo que te cuentan o viste en la tele, un fragmento de una canción, el tono o la forma de un libro, una anécdota que imaginás. Cualquier cosa. Después uno recorta, saca la foto del pedacito de historia que quiere contar y si tiene suerte aparece el relato. 



¿Nos puedes adelantar algo de tu siguiente proyecto?.
No estoy seguro. Hay tres proyectos en danza y todos, de distinta manera, me tientan. Pero sé que no voy a poder escribirlos al mismo tiempo. Tengo a medio camino una novela negra cruzada con western y película de samurais; me debo desde hace como diez años otra sobre el asesinato de Trotski para la que, creo, ahora sí encontré la voz; y tengo muchas ganas de escribir una historia íntima de una relación madre-hijo. Ya veremos cuál -o cuáles- se deja escribir.
¿Cómo definirías tu estilo?
Como Bartleby, preferiría no hacerlo.
¿Quiénes son tus referentes literarios?
Mis autores de referencia son muchos, pero puesto a nombrar algunos podríamos hablar de Onetti, Roberto Arlt, Hemingway, Bukowski, o esa fuerza de la naturaleza que es Paco Taibo II.
Pero, además, cada libro necesita su propio bagaje. Por ejemplo, desde lo formal, mi novela Lo que no fue no podría haber sido escrita sin Galíndez, de Vázquez Montalbán; La revolución es un sueño eterno, de Andrés Rivera; y Autobiografía de Federico Sánchez, de Jorge Semprún. Que de lejos parecen moscas, en cambio, abrevó más en El cerco de Martini, Prótesis, de Andreu Martín y los libros de Jim Thompson, David Goodis y José Giovanni.
Y, por raro que parezca, yo no sería el escritor que soy si no me hubiera cruzado siendo poco más que un niño con los textos incendiarios de Marx y de Trotski. Sin contar que la voz de un escritor se alimenta también de canciones, películas, fotos, pasiones.
¿Qué libros nos puedes recomendar?
Bueno, como dije antes hay muchos. Uno no llega a escribir nada si no es ante todo y sobre todo un lector voraz.
Música de cañerías, de Bukowski, me enseñó que con cualquier material se puede hacer literatura y que este es un oficio de mucho trabajo y muchas agallas; Los adioses, de Onetti, que en una buena historia las sombras son tan importantes como las luces, y como en la música los silencios y las omisiones también son parte de la melodía; Cuatro manos, del jefe Taibo, que hay que poner toda la carne en el asador cada vez, que no hay que mezquinar nada, que se puede y se debe complejizar la factura pero que esa complejidad es nuestra, no del lector. La nieta del Sr. Linh, de Philip Claudelle y Pequeños combatientes, de Raquel Robles, que sigue sin haber nada más bello que la belleza.
Podría recomendar -y de hecho lo hago- todos los libros o autores que nombré a lo largo de la entrevista, pero me gustaría agregar una novela más: Tres veces luz, de Juan Mattio, que debe estar por salir. En serio, no se la pierdan.




Novelas
Operación Bukowski (Mondragón, Buenos Aires, 2004)
Lo que no fue (Casa de las Américas, La Habana, 2009)
Que de lejos parecen moscas (Amargord, Madrid, 2011 / Moisson Rouge, París, 2012 / Punto de Encuentro, Buenos Aires, 2014 / UNAM, Toluca, 2014)
Punto ciego -en coautoría con Juan Mattio- (Vestales, Buenos Aires, 2015)
Y es probable que no quede ninguno -con el heterónimo de Hank McPherrar- (Fan, Buenos Aires, 2015)
Cuentos
Entonces sólo la noche (El 8vo Loco, Buenos Aires, 2008)
Nadie es inocente (Lapsus Calami, Madrid, 2014 / Revolver, Buenos Aires, 2015)
Ensayos

Postales Rabiosas y otros juguetes ligeramente literarios (Eloísa Cartonera, Buenos Aires, 2010)

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