LA MÁSCARA DE DIMITRIOS

EL HIJO DEL CLÉRIGO

FERNANDO MARTÍNEZ LAÍNEZ

25 de junio 2017

Jukebox. Ben E. King. Don't Play That Song

Libros. Cuando Europa hablaba francés. Extranjeros francófilos en el siglo de las luces. Marc Fumaroli

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

Marc Fumaroli. Fotografía de Olivier Roller

¿Hay algo más placentero y angelical que tumbarse en un diván, una mañana radiante del final de la primavera, en el porche de una casita coqueta, junto a unas jaulas doradas donde sus alegres pajarillos celebran con sus trinos el sol que hace brillar los jardines, trinos confundidos con la música de dos harpas y alguna cuerda suelta de viola, violín, o violón? ¿Hay algo más encantador? Trinos y liras meciéndose en la brisa que refresca la mañana. (...)



No es una escena fabulada este precioso momento Rococó que describo. Era como la reina Maria Antonieta organizaba sus matinées en el Petit Trianon de Versalles, junto a sus amigas y visitantes. El plan no podía ser más más divino.
Momentos encantadores de la Historia. Pero nunca lo tuvo bien la pobre reina, y en ese encantador ambiente que propiciaba, tuvo el infortunio de decir que si no había pan en las calles, que les dieran croissants, sugerencia que pasó a ser una de las más perversas que recuerda la Historia,  el colmo de la ingenuidad o la mayor frivolidad. Mal dado consejo de la reina preocupada por sus trinos y liras sin pensar en el afilado acero que daría fin a su vida. Pobre austríaca, la odiaron. El fin de una época, la que trata Fumaroli en este gran trabajo que ha realizado.
El resultado de la mezcla musical particular de la reina, no lo tenemos que imaginar, lo podemos escuchar. Lo estoy escuchando. Afortunadamente, cada vez más, se recuperan músicas y partituras ocultas en secreteres, en archivos, en cajitas de música guardadas por siglos en bargueños. Felizmente, y gracias a la labor de estos músicos, es el día que disfrutamos de la grabación de estas joyas reinterpretadas por encomiables artistas, cada vez mejores y virtuosos.
Últimamente, los profanos estamos descubriendo verdaderas maravillas que amplían nuestro campo de escucha y que nos muestran un arte musical divino oculto por las grandes estrellas. Y dentro de lo mucho y bueno, han llegado a mí una selección de arpistas galantes, aquellos que con sus tañidos y sus coloridos pajaritos deleitaban a la reina francesa que pronto sería víctima del horror de los horrores, el Terror.

Petit Trianon. Versailles


Dulces y encantadoras sonatas, cuartetos, cancioncillas. ¿No fue la lira, junto a la flauta, los primeros instrumentos que empezaron a tañer los más antiguos humanos, los griegos, los celestes chinos? ¿No son las primeras melodías de la Creación cuando el Cielo exultante iba formando la Tierra, dibujaba el Paraíso Terrenal?
Pobre María Antonieta, con planes como los que tenía, le vino lo que le vino. Del croissant, los pajaritos y las arpas, a ver la cabeza sesgada en una picota tras la ventana enrejada en su celda, como así exhibieron los revolucionarios a la Princesa de Lamballe, íntima y confidente de la archiduquesa reina esperando cortasen la suya propia. Qué horror el Terror. En aras de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, Europa y la Historia llenaron de sangre, plazas, calles y campos. El solar europeo se desoló sangriento con el democrático resultado de millones de muertos. Que la Revolución Francesa trajera más beneficios que perjuicios es algo absolutamente relativo. Particularmente.
Arpas, pajarillos azulones, esmeraldas, canarios, periquitos, pinzones; la viola de un escondido músico (maestro de la tercera hija de Luis XV, es lo que escucho al momento), y lo hago con el final de la lectura de otra maravilla escrita por Marc Fumaroli, Cuando europa hablaba francés, editado por Acantilado y muy bien traducido por José Ramón Monreal.



El libro de Fumaroli es interesantísimo. Hace un repaso y unas excepcionales semblanzas de los ilustres y prominentes extranjeros en la Francia Borbónica de los siglos XVII y XVIII, artistas, intelectuales, aristócratas. El mundo del Siglo de las Luces, de la Razón, el tiempo de las damas salonnière, de los philosophes, la Enciclopedia y, finalmente, la Revolución.
Fumaroli, profesor francés de conocimiento profundo, nos entretiene contando centenares de anécdotas, de aventuras y presencias de personajes que se convierten en héroes para el lector. Fumaroli, cuyo verbo y pluma son impecables, permite un verdadero gozo lector cuando nos cuenta todo lo que nos cuenta, sin entrar en el concepto intelectual que tiene, sobresaliente en sumo, y, para alguno de nosotros, identificador, lo que siempre es un placer, poder observar que hay gente que te ilumina en la realidad de muchas cosas y que, encima, lo explican cómo tu no pudieras. Él, además, lo sabe todo. Lo sabe todo.
Amigo lector de estos párrafos. Este es mi consejo. Vaya a su librería, adquiera Cuando europa hablaba francés, busque el acompañamiento musical que adjuntamos en el texto u otro, y comience la lectura de este libro, muy pocas páginas más tarde me agradecerá la sugerencia musical y lectora que le propongo.






Enrique López Viejo (Valladolid, 1958-Madrid 2016). Autor de La vida crápula de Maurice Sachs, Pierre Dreu La Rochelle, Tres rusos muy rusos, Francisco Iturrino, memoria y semblanza y La culpa fue de Baudelaire.

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