ALEVOSÍAS

EL DESCUBRIMIENTO DE LA LENTITUD

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

23 de abril 2017

Jukebox. Casablanca. As time goes by. Dooley Wilson. (Subtitulos en español)

Alevosías. La modestia del modisto

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO 





A algunos les gustaría verme cantar aquello de… yo soy modisto porque el mundo me ha hecho así, porque nadie me ha tratado con amor, al estilo remilgado y triste de aquella canción tan cursi de la muy mona que era la cantante Jeanette


A los diseñadores y modistos son muchos los que nos odian por nuestro trabajo con lápices y pespuntes, por nuestras maneras y personalidad. Por estar rodeados siempre de gente guapa. No valoran nuestra labor creativa y lo duro que es lanzar diseños, marcar tendencias, y procurar que la gente se arregle y que lo haga como nosotros queremos, que somos los que sabemos.

Algunos piensan con envidia que nuestra calidad de líderes de la moda nos hace a los diseñadores gente rarita y de seriedad relativa. Y me rebelo contra ello, diciéndoles que es lo contrario, que quienes diseñamos ropa y complementos somos verdaderos gurús sociales y, en consecuencia, (no es porque yo lo diga), gente superior. Mi madre me lo decía cuándo, resignada a no verme jugar con soldaditos y coches en miniatura, me tenía pegado a sus faldas observando como hacía punto. Dicen que tenemos mucha “lengua” y que nos tiramos un rollo excesivo, pero no saben quienes nos critican el esfuerzo que supone sustituir un cuello barco por uno de pico, qué hacer cuando uno llega a la sisa, plisar la falda o hacerla tubo.

Yo decido si usted, señora, va a pasar frío en los hombros, si va acelerar el pulso cardiaco de su amigo; de los pasos que va a poder dar, provocando -si quisiera- lesiones en tobillos y pies. Le oculto sus rodillas arrugadas o le invito a lucir sus piernas. Yo, queridos amigos, les pongo o les quito el sombrero, les sugiero si van a llevar sus testículos bien sujetos o los dejamos libres sin presión. El sudor de las personas, de si cogen un resfriado. Con un lápiz influyo sobremanera en parte del devenir social y, en consecuencia, soy agente protagonista de la historia humana.



¿Qué quiero que usted se considere un avezado viajero?. Le pongo unas botas panamátapiocas, ¿qué quiero que sea extraterrestre?, le rapo el pelo y le pongo una camiseta de color metálico y tejido de kevlar; ¿qué quiero que parezca mogol?, pues una coletita en la testa, ¿qué lo quiero tipo político actual? Lo arreglo con coletas o corbatas rosas, rojas o azules.

Ahora que los diseñadores estamos con lo hipster, le pongo cara de talibán por más urbanita que usted sea. Que estoy harto de vestirle de marciano, le pongo unas rastas, unos cagaos y unas albarcas, y le dejo listo para lucirse en esquinas y plazuelas. Somos adalides y bueno es que se reconozca. Aunque muchos nos odien, se debe observar que sistemáticamente nos aplauden los modelos cuando salimos a la pasarela, que nos rodean siempre los más guays, que estamos en los sitios más elegantes, que salimos por televisión continuamente. Si no fuera por nosotros, ni revistas ni dominicales habría por lo que nos introducimos hasta en las salas de consulta médica.

Yo decido el dinero que se va a gastar. Yo decido las impresiones que puede usted causar. Tengo poder sobre su estado de ánimo según se encuentre más feo o menos. De alguna manera influyo sobre su sique, sobre sus relaciones, hasta intervengo con mis dibujos, perdón, mis diseños, en el amor entre los humanos y humanas. No diría que soy todopoderoso, pero casi que sí. Quienes compiten por este puesto, ¿los meteorólogos? ¿Los campeones deportivos con sus amigas que ahora llaman wags o algo parecido? ¿Los chefs? ¿Las it girls? Unos te podrán decir lo que has de comer, si sales con el paraguas o no, dejarte con un pasmo ante su belleza y fama. Pero yo intervengo en lo que va a parecer usted y siendo la apariencia fundamento de la existencia, mi poder sobre usted es fundamental.



Estamos en boca de todo el mundo, el diseño define la estética del mundo contemporáneo, y también, se puede decir que la ética y los comportamientos. Si no hay diseño, las cosas no tienen importancia. En el mundo contemporáneo es obligado que todo esté diseñado. La silla, la mesa camilla, el cepillo de dientes y la taza del WC. Arquitectos y decoradores son diseñadores como nosotros, pero nuestra influencia es más directa, pues nos ponemos sobre su piel.

¿Qué quieren que les diga? Son muchas las razones que me hacen un ser especial, un creador, casi un profeta. Yo me preocupo para que usted vaya a estar más guapo y gustar a los demás. Definitivamente, intervengo en su felicidad. Observe pues el poder que tengo. No es vanagloria, ni petulancia, pero estoy en un plano superior. ¿Autoestima? La que merezco. Los diseñadores somos gente divina, semidioses. Yo, modesto y humilde como soy, pienso que los diseñadores somos ángeles, en mi caso, un arcángel. Aunque se me pueda considerar rarito, es porque soy especial, una artistazo. Dios hizo en mi maravillas, casi que mi nombre es santo.







Enrique López Viejo (Valladolid, 1958-Madrid 2016). Es el autor de  Tres rusos muy rusos. Herzen, Bakunin y Kropotkin (Melusina, 2008) Pierre Drieu la Rochelle. El aciago seductor (Melusina, 2009) y La Vida crápula de Maurice Sachs (Melusina, 2012), Francisco Iturrino, memoria y semblanza y La culpa fue de Baudelaire (El Desvelo, 2015).

No hay comentarios:

Publicar un comentario