ALEVOSÍAS

EL DESCUBRIMIENTO DE LA LENTITUD

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

23 de abril 2017

Jukebox. Casablanca. As time goes by. Dooley Wilson. (Subtitulos en español)

Libros. Juego y distracción. James Salter

MARTA M. VALLS





Esta es la historia de un joven rebelde norteamericano, un héroe de nuestros tiempos, que viaje a Francia y lo que en un principio es un viaje de unas semanas, se transforma en una estancia de varios meses en los que mantiene una historia amorosa con una chica francesa de provincias, Anne Marie, bonita pero vulgar. 



Presos de su atracción erótica, los dos jóvenes recorren hoteles y ciudades en el coche deportivo que él ha comprado a un amigo. El carburante que alimenta su relación no sólo es el sexo si no también el dinero que él consigue de su padre. Cuando se acaba debe recurrir a pequeños sablazos porque Anne Marie no suma sino que resta al tener un modesto trabajo y ayudar a su madre económicamente.

Esta novela, publicada en 1967 por el escritor norteamericano James Salter (1925-2015), es el retrato de dos jóvenes perdidos. Él dejó sus estudios universitarios en Yale y parece inteligente, fuerte y decidido. Pero le avergüenza enseñar su amante a su padre o sus amistades debido a su vulgaridad e incultura, aunque su relación con ella es sexualmente muy satisfactoria. Por eso también es el conflicto entre el deseo y el amor. Él la desea pero no la  ama, mientras que ella le ama y desea. Philip Dean y Anne Marie son dos jóvenes unidos por el común denominador de su amor físico.

Y si antes hablábamos de héroes, es porque la única forma de cierto “heroísmo” juvenil es el record como límite a batir, ya sea de kilómetros recorridos, acrobacias sexuales, ciudades entrevistas... El récord de la experiencia. En esto consiste ese tipo de heroísmo que siempre permanece vivo en cierta juventud y que le empuja a acometer la ración ordinaria de tonterías al uso.

James Salter

Pero volviendo a la novela, salteriana de principio a fin, frases cortas y elipsis que ayudan a llevar con elegancia el poderoso erotismo de la historia, un defecto es que tarda en entrar en el objeto de su narración. Hasta que se decide a presentarnos a Dean y Ann-Marie, Salter da vueltas alrededor de la historia de manos del narrador y testigo de lo ocurrido. Es otro norteamericano de paso en Francia, un narrador directo y ambiguo, que a veces se pierde en vericuetos que no interesan.

El narrador es un espectador pasivo que se mueve en ese ambiente de gente bien que deambula de reunión social en reunión, y que combate el aburrimiento con otras armas que van  del cotilleo a la gastronomía. Fue justo en una de esas reuniones donde conoció a Philip.

Al final comprendemos que cuando llega la hora final del héroe, esta debe ser trágica pues es lo que le proporciona el marchamo o denominación de origen, y que no es otra que su  muerte. Así ocurre desde Príamo y Aquiles hasta hoy día. Pero a diferencia de estos primeros, las guerras hodiernas se combaten en camas de sábanas deshechas por el sudor y el placer de experimentar. Porque si el héroe necesita la muerte que certifique su heroicidad, la pasión necesita subir hasta los cielos para caer luego por el abismo del tedio.

Dean no puede llevarse a Anne-Marie a su verdadera vida. Esta lectora lo sabía desde el comienzo. De este modo, la novela avanza hacia lo conocido: el héroe americano regresará a casa sin su amada mientras la escritura de Salter evita que leamos la breve crónica de unos amantes demasiado jóvenes.





No hay comentarios:

Publicar un comentario