LECTURAS A CONTRATIEMPO

LITERATURA UNIVERSAL. EL “BILDUNGSROMAN” DE SABINO MÉNDEZ

ANNA MARIA IGLESIA

6 de agosto 2017. (Felices vacaciones. Regresamos en septiembre)

Jukebox. Vargo. The Moment

Queremos irnos muy lejos

Libros. Bar Bolivia. Capital federal, 1989


SERGIO FOMBONA

 

Joaquín Sabina



Desde la vereda se alcanzaba a visualizar casi la totalidad del local a través de su fachada vidriada. Aquel espacio se había puesto de moda rápidamente y contaba con escasas mesas, una larga barra contrapuesta a la calle. 

Recuerdo haber llegado temprano porque la pareja de chicos flacos encargada de cobrar las consumiciones, que se alternaría durante toda la noche sentándose uno sobre el otro en ese mismo taburete, me atendió enseguida. Pedí ginebra sin hielo, así que seguramente era invierno o por lo menos hacía frío, y me quedé acodado en la barra porque estaba esperando a una chica. Al rato vi entrar a un tipo flaco, cuarentón, con la cara pálida afeitada al ras, un pucho colgando de la boca; el corte de pelo, su ropa, la actitud indicaban que debía de ser extranjero. Miró alrededor y, eligiendo el lugar, se sentó de espaldas a la calle. Tanto para mí, como creo que para los demás, se transformó en un imán. Prendió otro cigarrillo dejando el atado junto a un llamativo encendedor en la mesa y ordenó whisky importado, haciendo gala de un inconfundible acento castizo. Escuché que cuando lo sirvieron preguntó dónde quedaba el excusado, y estuvo observador y pensativo sin hablar con nadie. Después de beber dos whiskies, fumar varios cigarrillos, ya había ido por lo menos tres veces al baño. Curiosamente, recordé que un conocido de la noche justo me había comentado acerca de un cantante enronquecido, catalogándolo como el nuevo Serrat, a partir de que cayeran en sus manos ciertos casetes que venían circulando de manera clandestina hacía algunos años. Y en las últimas semanas trascendió la noticia de que el cantautor iba a arribar por primera vez a Buenos Aires en el marco de una gira promocional. Con tanta información me asaltó la duda, aunque la ciudad recibía regularmente cantidad de turistas y empresarios, qué clase de tipo se metería solo, sin conocer, a un tugurio como este, pensé.

Despacio fue llenándose el bar Bolivia, a mí se me había terminado la ginebra y ni noticias de la chica que esperaba. En una de las tantas incursiones del personaje hacia el baño decidí ir tras él. Caminaba a los saltos, me cerró la puerta en la cara y se metió en un retrete. Yo fui hasta los mingitorios, oriné, después hacia la pileta, me enjaboné bien dejando que corriese agua caliente y aproveché para mirarme un rato al espejo, pero el personaje no salía. Secándome, tardé todo el tiempo que pude; por fin lo oí tirar la cadena y cuando abrió me di vuelta, no supe dominarme y le miré la nariz. Joaquín Sabina, para servirte, dijo sonriendo, extendiéndome su mano. Salimos juntos. Me invitó a sentarme en su mesa: Qué bebes, ofreció. Cerveza, gracias, repenticé. Alzó el brazo de manera animada y pidió: un botellín para el muchacho. En ningún momento la charla fue interesante para mí porque siempre la manejó él, me preguntó sobre cosas puntuales de la Argentina en general y le importaba mucho la idiosincrasia de los porteños, según sus propios dichos, después de haber leído a Borges.

La chica que esperaba nunca apareció, tampoco recuerdo a qué boliche terminé yendo; Sabina, a la vuelta de otra de sus idas y venidas, hizo una seña, pagó y, afirmándome: sigo de ronda, hasta pronto, me dejó sentado en aquella mesa privilegiada con vista panorámica hacia la vereda, donde se continuaba amontonando gente.


La chica que esperaba nunca apareció, tampoco recuerdo a qué boliche terminé yendo; Sabina, a la vuelta de otra de sus idas y venidas, hizo una seña, pagó y, afirmándome: sigo de ronda, hasta pronto, me dejó sentado en aquella mesa privilegiada con vista panorámica hacia la vereda, donde se continuaba amontonando gente.


 
Concierto de Joaquín Sabina en Buenos Aires

Crónica perteneciente al libro: “Aguafuertes de los ochentas”, textos intrusos, 2014.




Sergio Fombona nació en Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, República Argentina. Relatos y artículos de su autoría aparecen en antologías, revistas literarias y alternativas de la Argentina, así como en publicaciones por Internet. Libros editados: “La vida muerde”, cuentos, 2004. “El Mayor y las perlas”, novela, 2008. “Aguafuertes de los ochentas”, crónicas, 2014.

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