ALEVOSÍAS

VACACIONES DE VERANO O LA ESCAPADA DE DINO RISI

LUIS DE LEÓN BARGA

18 de junio 2017

Jukebox. Nico Fidenco. Legata a un granello di sabbia

Las diferencias entre los testimonios literarios de la Primera y la Segunda Guerra Mundial


LUIS DE LEÓN BARGA





Tras leer el magnífico prólogo de Ignacio Peyró a las Crónicas de la Primera Guerra Mundial, de Rudyard Kipling, editadas por Fórcola y traducidas por Amelia Pérez de Villar, y en el que se menciona la enorme presencia de la literatura en la Primera Guerra Mundial, ya que fueron innumerables los escritores y poetas que hablaron de sus vivencias en las trincheras, pensé en las diferencias entre los testimonios literarios escritos durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial. 


Kipling fue, junto a muchos más, uno de los pioneros de esta colaboración entre las armas y las letras, y en la que perdió a un hijo que podía haberse no enrolado debido a su miopía, que duda cabe que la implicación bélica de los escritores se amplió considerablemente durante la Guerra Civil española y llegó a su cénit en la Segunda Guerra Mundial. 

En este último conflicto a los motivos nacionales se sumaron los ideológicos, aunque tampoco fue ajeno a todo ello la creciente “espectacularidad” de la guerra gracias al desarrollo de los nuevos medios de comunicación, como el cine, que exigió un buen número de guionistas.

Si se comparan las novelas de la Primera Guerra Mundial con los de la Segunda, una de las diferencias es que los horrores de la guerra aparecen engrandecidos aún más, como es fácil comprobar leyendo Sin novedad en el frente de Erich María Remarque y Los desnudos y los muertos de Norman Mailer, por poner un ejemplo.

Podemos argüir que en ello influyen también los nuevos armamentos, pues si en la Primera Guerra Mundial aparecieron la aviación, los tanques, gases, lanzallamas... en la Segunda el poder de destrucción alcanzó cotas inimaginables que permitieron un nuevo escenario narrativo y cinematográfico.

Pero la gran diferencia entre los testimonios de los escritores de la Primera Guerra Mundial y los de la segunda, es que los que formaban parte del bando vencedor al finalizar la misma estaban desilusionados y como apunta Peyró en su prólogo refiriéndose a Kipling, “el magno propagandista encontraría, al final, muy escasas certezas a las que asirse”, un fenómeno generalizado entre los literatos que escribieron sobre aquel conflicto.

En cambio, en la segunda Guerra Mundial, debido al carácter ideológico del conflicto y haber vencido al nazismo, los escritores que escribieron sobre ella lo vieron como una  causa noble que les hacía sentir, mas allá de las penalidades sufridas y los muertos, la utilidad de su sacrificio, aparte de vencedores y en la vanguardia de cierto renacimiento.

Y es que  la guerra si no es por una causa noble o necesaria, arrastra consigo la condena para quienes participan en ella, como se vio en las guerras siguientes del siglo pasado, pues la sensación de vacío o de fracaso vital es ineludible cuando se comprende  que  se puede morir en vano.




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