LECTURAS A CONTRATIEMPO

LITERATURA UNIVERSAL. EL “BILDUNGSROMAN” DE SABINO MÉNDEZ

ANNA MARIA IGLESIA

6 de agosto 2017. (Felices vacaciones. Regresamos en septiembre)

Jukebox. Vargo. The Moment

Queremos irnos muy lejos

Todos los fríos van al zar. Alejandro Pereyra

 SANDRA ÁVILA





Todos los fríos van al Zar cuenta un día en la vida de un hombre, un lumpen, que trabaja en la puerta de un estacionamiento medido agitando una bandera blanca, atrayendo clientes. La ausencia de puntuación favorece que el texto funcione como un fárrago que semeja la dinámica del pensamiento o del sueño; las cadenas de la memoria. El intento reside en que los significantes actúen como pivotes o puertas comunicantes entre ideas disímiles o levemente emparentadas.


Dos voces se privilegian: la del narrador y la del personaje, otras aparecen en los recuerdos del protagonista. Como la dinámica del lenguaje de ambos apelan a recursos similares, juegos de palabras, calambures, alusiones, citas, errores, fallidos, etc., por lo que se logra producir en la lectura una fluidez que genera múltiples asociaciones con los mecanismos íntimos del lector, y donde se aventura cierto experimento con la ambigüedad del texto entre narrador y personaje. Además hay un intento de matrimonio entre lo culto y lo vulgar, lo sublimado y lo escatológico, incluso lo perverso, que se corporiza en la relación entre el personaje principal, el banderillero, y un amigo muerto a quien recuerda mientras soporta su tarea diaria y mal pagada. Un Sancho Panza que rememora a un Quijote malogrado, pero en el siglo XXI.

Se me ocurrió la idea porque buscaba escribir algo rápido para un concurso de novelas breves. En pleno entusiasmo ante las infinitas posibilidades de la página en blanco, me crucé, caminando por el centro de la ciudad, con uno de esos personajes, agitando un trapo blanco en la puerta de un estacionamiento. Ya lo conocía. Lo había visto antes pidiendo dinero por la calle, con la excusa de que le faltaban monedas para el transporte público. Traté de imaginar qué pensaría un personaje así durante todo un día.

Como hasta el momento sólo había escrito cuentos o relatos de moderada extensión, me pareció un paso interesante hacia obras de más largo aliento. De todos modos no fue rápida su escritura como pensé en un principio. Los juegos de palabras me llevaban a corregir una y otra vez para precisar bien los sentidos disparados, y las dos voces alternándose conllevaron la dificultad de poder lograr el punto justo entre la ambigüedad del discurso, o sea cierto carácter especulativo de la voz resultante, y la clara delimitación necesaria entre una y otra.

Alejandro Pereyra



Como en mi producción anterior, un libro de cuentos titulado El Peor De Los Desiertos, le di en Todos los fríos van al Zar, mucha importancia a las premisas formales. En aquel, alguna de ellas era no repetir ninguna palabra, en unos de los relatos; o dejar que los juegos de palabras vayan determinando la trama, en otro; o la traducción “poética” de la primera parte de un cuento, en una segunda, como espejándose en otro lenguaje, en uno más. Restricciones que favorecen la emergencia de lo que se pretende decir, antes de saberlo bien. En Todos los fríos van al Zar se trata de la ausencia de puntuación y de que más o menos en la mitad del texto repito un párrafo y de allí en más se dispara la voz del personaje, su monólogo interior, algo salvaje y desprejuiciado.

Escuchaba el otro día en un programa de tv al poeta Hugo Mujica, presentando su libro, Dioniso, Eros creador y mística pagana, hablar de lo que está hecho y de lo que está haciéndose (Godard ha instalado más de una vez en sus películas la idea “un film haciéndose”) él decía que hemos perdido el asombro, que estamos siempre posados sobre lo hecho, lo instituido, lo aceptado, lo estático, y que la vida es, o debería ser, constante asombro. Yo no sé si en la vida es así, pero estoy seguro de que es irrefutable en el arte esta afirmación. Sobre todo en la literatura y el cine. Digo, para encarar una palabra que ya es de retaguardia en la posmodernidad —si es que seguimos en ella— y se trata de la palabra vanguardia


Yo no creo que este libro sea vanguardista, pero tampoco creo que afinque sus posibilidades en lo estático, en lo aceptado, en lo esperable, menos en el buen gusto. Es un texto incómodo. O no. Depende de la consideración del buen y el mal gusto que se tenga. Y ahí sí que es atinente la idea de Mujica; creo que es un libro que se desentiende de las ideas anquilosadas de lo que es el buen y el mal gusto. Fluye. Me divertí mucho escribiéndolo, corrigiéndolo también, aventurándome, aprendiendo a escribir una novela escribiéndola, dejando que algo se conforme entre el mundo y yo, no pretendiendo novedad, sino siendo.






Alejandro Pereyra nació en Rosario, Argentina. Emergente de la Escuela Provincial de Cine y Televisión, ha participado como Director de Fotografía en varias realizaciones a nivel local y nacional. También incursionó en la crítica cinematográfica para ciclos de debate sobre films de Buñuel, Antonioni, entre otros, junto al crítico Emilio Toibero y publicado análisis sobre films de Raymundo Gleyzer y Fernando Solanas en www.otrocampo.com  Su novela breve Todos Los Fríos Van AL Zar fue publicada este año, 2016, por la editorial El Pasquín y anteriormente publicó el libro de cuentos El Peor De Los Desiertos, publicado por Baltasara Editora (2012).

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