LECTURAS A CONTRATIEMPO

LITERATURA UNIVERSAL. EL “BILDUNGSROMAN” DE SABINO MÉNDEZ

ANNA MARIA IGLESIA

6 de agosto 2017. (Felices vacaciones. Regresamos en septiembre)

Jukebox. Vargo. The Moment

Queremos irnos muy lejos

Radiografía del fracaso: Querido miedo. Jesús Zomeño. Sloper, 2016

ANDREU NAVARRA


 


Hay editoriales que son como las buenas discográficas: uno puede comprarse el disco de turno seguro de la calidad de lo que va a escuchar. Así es la editorial Sloper. Yo entré en ella a partir de Los insignes, de David Pérez Vega, y luego conseguí otros títulos muy interesantes, unidos por cierta vocación provocativa que los hermana: Hospital cínico, de Diego Prado, o Los niños bomba, de Bea Cantero. Así compré Querido miedo, el último de sus lanzamientos, y el que me ha parecido más relevante de todos ellos, con ser todos destacables.


Duro y nostálgico, ligeramente surrealista, a medio camino entre el retrato generacional y la autobiografía ficticia, este nuevo libro de Jesús Zomeño explora el mismo camino iniciado por las primeras novelas de José Ángel Mañas, pero desde una escritura mucho más decididamente poética. Pero no por eso menos contundente. La droga, las muescas que el tiempo deja en nuestro cuerpo, las rupturas, las ausencias y fracasos, la falta de sexo, los amigos acabados, los progenitores vegetativos, la insoportable banalidad de la vida humana en el extrarradio de la historia, son personajes habituales de esta obra.

Conclusiones, como las del personaje Felipe: “No es que él pensara que la vida fuese una mierda, pero la suya lo era”. Mostrar vidas de mierda se ha convertido en una prioridad cultural, allí donde las selfies, los colorines, las sonrisas y propagandas y la prosperidad económica decretada como un dogma, y que tanto contrasta con la miseria que nos circunda, lo han hecho necesario. Parte de nuestra narrativa señala vómitos que se hielan en nuestras aceras, allí donde hace unos años todo eran pasarelas de moda, esperanzas inocuas, dentaduras perfectas y sagas reconfortantes.

Jesús Domeño


El gran acierto es hacerlo con una maestría única para las alegorías y los materiales íntimos. El autor no nos zambulle en tópicos, no hace historia oficial, y a cambio escribe: “Por eso, al divorciarme, dejé de cerrar los puzles. Ahora me gusta montarlos dejando las piezas del contorno abiertas. Cuando se acaban mis recuerdos, añado los deseos para seguir creciendo.” Los objetos, los seres, los coches desvencijados, los puzles sin hacer, las cocinas tristes, los sofás trufados de flujos humanos, son los materiales con que trabaja esta audaz escritura semialucinada.

Zomeño es capaz de firmar párrafos definitivos, como este: “En la barra, junto a la bandeja de los periódicos, un hombre desesperado cruza en un jeroglífico la palabra “amor” con la palabra “agonía”, aunque todos lean “clamor” y “Patagonia”. Pero es que, a renglón seguido: “Mi madre me ha preguntado hoy si soy feliz. Estábamos en el salón viendo la tele y, de pronto, me lo ha preguntado. Parecía un reproche”, y es que en un mundo donde el dolor o el sufrir es pecado, la hipocresía de vivir se convierte en algo más humillante. Dos novelas recientes relacionaría con esta escritura radicalmente visceral de Zomeño: Cicatriz, de Sara Mesa, y Érase una vez el fin, del vándalo Pablo Rivero. También bucean en las cloacas de nuestros barrios para extraer luz de la frustración cotidiana, para preguntarse también sobre el sentido de alimentar amargura durante décadas, si bien Zomeño no escribe ni como Sara Mesa ni como Pablo Rivero. Lo que señalo es un aire general de desencanto y de alejamiento de las comodidades culturales. El hipnótico fetichista de Cicatriz tiene que ver con el borracho nihilista de Rivero, y también con el cronista de este registro de pérdidas que nos regala Jesús Zomeño.

Retrato de una sociedad siempre igual a sí misma, como un rompecabezas disgregado e impotente, falseado y discordante. Así es la escritura del autor: deslumbrante, afilada, visual, urbana y desgarrada. Un libro imprescindible, sin más. Que deja con ganas de otro.



200 páginas. ISBN 978-84-9 44656-2-7 14 €



Jesús Zomeño, nació en Alcaraz (Albacete) en 1964. Actualmente reside en Elche (Alicante). Ha publicado los siguientes libros de relatos: Lengua azul (Editorial Sloper, 2008), Cerillas mojadas (Editorial Denes, 2012) y Piedras negras (Editorial Lengua de Trapo, 2014), De este pan y de esta guerra (2016). También los siguientes libros de poesía: Del eterno regreso (Malvarrosa, 1989), Diario marroquí (Lunara, 1991), Segundo viaje a Marruecos (La Línea de Sombra, 1992), Diario de los nómadas (Ediciones de Nunca Acabar, 1995), El otoño de Montparnasse (Diarios de Helena, 1995), Un libro titulado 34 poemas (Diarios de Helena, 2001), y Lectura de estaciones (El Árbol Espiral / LF Ediciones, 2003). Editó la colección de poesía “Diarios de Helena”.



Andreu Navarra (1981) es escritor e historiador. Doctor en Filología Hispánica (2010), ha sido investigador contratado en la Universidad de Barcelona y la Universidad Autónoma de Barcelona. Ha publicado El ateísmo. La aventura de pensar libremente en España (Cátedra, 2016), El regeneracionismo. La continuidad reformista (Cátedra, 2015), 1914. Aliadófilos y germanófilos en la cultura española (Cátedra, 2014), El anticlericalismo. ¿Una singularidad de la cultura española? (Cátedra, 2013), La región sospechosa. La dialéctica hispanocatalana entre 1875 y 1939 (Universidad Autónoma de Barcelona, 2012), El espejo blanco (Fórcola, 2016)

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