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LUIS DE LEÓN BARGA

18 de junio 2017

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Novela negra. Destruyan a Anderson. Fernando Martínez Laínez

 LORENZO CASTRO

Foto de Stuart Miles



Fernando Martínez Laínez, escritor y periodista de amplia trayectoria, es un narrador transversal con una obra que abarca los libros de viajes, el thriller, la literatura juvenil, biografias, obras de no-ficción, guiones de radio y televisión, y la indagacion y divulgación historica. En todo este elenco no podía faltar la novela negra, de la que fue uno de los iniciadores del genero en España, y que es el motivo para traerlo a estas páginas con la nueva publicación de su novela Destruyendo a Anderson, en  la colección de novela negra de Ediciones del Serbal La Orilla Negra, dirigida por el escritor Jose Luis Muñoz.
 

Destruyan a Anderson, obra finalista del Premio Planeta de 1982, es la historia de un comando terrorista extranjero que llega a Madrid para cumplir una importante misión, con el apoyo de una célula española. Ahora que el terrorismo, aunque de otro signo, vuelve a ser noticia de primera plana por desgracia, resulta interesante la lectura de esta novela de aventuras e intriga que nos desvela lo que  siempre hay detrás de la violencia terrorista, más allá de coartadas ideológicas, personales o espirituales.  

¿”Destruyan a Anderson” es una novela de acción o más bien una crítica al mundo de los revolucionarios profesionales?
Creo que participa de ambas cosas, pero sobre todo es una novela que refleja la frustración de una generación rompedora, la del 68, que pretendió cambiar el mundo, y que influyó poderosamente en la visión social y política de quienes en aquel momento éramos jóvenes.
El personaje central es un revolucionario anarco-marxista, un soñador de la acción clandestina y la utopía,  partidario de la lucha armada contra el Sistema, lo que los teóricos llaman también el “Establishment”. Al final, ese modelo de revolucionario profesional, alejado de la realidad, se convierte en un prisionero de su propia visión estrecha y unidimensional. Es ejecutor y víctima de su fanatismo y rigidez ideológica.

 
Fernando Martínez Laínez. Foto de Javier Oliaga 


Tu novela está ambientada en los comienzos de los años 80, ¿ crees que ha cambiado mucho el fenómeno de los grupos supuestamente revolucionarios y más bien terroristas desde entonces? Y si es así, ¿en qué dirección?
El cambio es evidente. El rescoldo político del 68 era de signo anarco-comunista, netamente antisistema y con una fuerte carga intelectual. Su ideólogo fue el filósofo alemán Herbert Marcuse, con su libro El hombre unidimensional. El movimiento heredado de las ideas del 68 desempeñaba un papel en la Guerra Fría que por entonces se libraba entre dos bloques. Por un lado estaban los países comunistas, y por otro, el campo de los países occidentales de signo capitalista encabezados por Estados Unidos.
Tanto la banda Baader-Meinhof como las Brigadas Rojas o el Ejército Rojo Japonés eran peones en ese juego, y arrastraron a su lucha a muchos jóvenes idealistas. Aunque la doctrina fuera confusa y en muchos casos manipulada por fuerzas oscuras, con consecuencias nefastas, llevaba un fuerte componente de exaltación romántica, que en el fondo es el atractivo principal de cualquier movimiento revolucionario.
El Sistema actual es mucho más fuerte de lo que era en el 68, y el terrorismo tiene muy poco que ver con la doctrina marxista que, por supuesto, casi nadie ni siquiera ha leído con seriedad. Se trata más bien de una confrontación de signo religioso-cultural, o de connotaciones nacional-separatistas, como el caso de España. En realidad es un terrorismo que refleja el mundo caótico en el que vivimos, una especie de fantasma sin sentido aparente, un “coco” inspirador de miedo colectivo en una sociedad aplanada y pasiva que termina por no entender nada de lo que está pasando.

¿ El terrorismo de extrema izquierda tuvo importancia en España por esas fechas?
No mucha. La extrema izquierda española terminó desintegrándose o se incrustó en los partidos de izquierda clásicos, que se mantuvieron dentro de los cauces legales. El único terrorismo importante en España ha sido el nacional-separatista de ETA. Un fenómeno único en Europa, y que en ese sentido nos hace desgraciadamente diferentes al resto de los países europeos.

De la lectura de tu novela se deduce cierta ambigüedad acerca de los andantes de estos grupos, ¿ crees que suelen estar manipulados?
Casi siempre terminan siéndolo, aunque la gente que en ellos participa no sea consciente. En lo que respecta al terrorismo de los años 70 y 80 del siglo pasado se movían dentro del gran marco de la Guerra Fría, que en gran parte fue una guerra secreta librada en las sombras entre los servicios de inteligencia más importantes del mundo. Frente a estas fuerzas tan poderosas, los grupos (más bien grupúsculos) antisistema partidarios de la lucha armada eran muy débiles. Con su actuación, el Sistema reforzó sus defensas y se hizo mucho más fuerte.

En este tipo de grupos terroristas, que son asimilables a otros grupos izquierdistas que practicaron la violencia política durante los años 70/80 del siglo pasado, ¿ prevalecía el nihilismo o su ideología marxista-leninista?
No hay una respuesta unívoca para esta cuestión. La ideología de la oposición armada en aquellos años era un magma confuso en el que todas las ideas de nihilismo, marxismo, leninismo o pensamiento Mao Tse Tung, principalmente, estaban en ebullición permanente y en perpetua desunión. Su bandera común era la oposición al sistema de los llamados países capitalistas, dominados militar y económicamente por Estados Unidos.




¿ Anderson puede ser una variante más del terrorista Carlos?
Podría interpretarse así, aunque no es esa la intención de la novela. Anderson es un personaje de ficción, y sus ideas y personalidad coinciden poco con las de Carlos “el Chacal”. En realidad, Anderson es una especie de monje revolucionario, un desesperado de la vida. En este y otros aspectos sus diferencias con Carlos son notables.

¿Los objetivos de los terroristas de tu novela, tanto la eliminación del dirigente soviético como el centro de datos del ministerio de Interior, tiene alguna base real o similar?
Están inspirados en la ficción, pero son hechos verosímiles, que encajan con la época y podrían perfectamente haber sido planeados.

Las peleas entre los servicios antiterroristas, como entre la policía o servicios de espionaje en tu novela, es una tradición que se refleja en tu libro y que existe hoy día. ¿A qué crees que se debe?
En muchos casos al deseo de apuntarse las “medallas” del operativo. Se trata de algo que ocurre siempre. Cada servicio tiene una parcela de poder y marca un territorio propio, que defiende celosamente. Es algo propio de la competencia entre personas en cualquier actividad de la vida. Cada cual tiende a proteger sus intereses propios. No debería ocurrir, pero ocurre.

Tú fuiste uno de los iniciadores de la novela negra en España, pero también has escrito libros de viaje, thriller, literatura juvenil, biografías, novela histórica, obras de no-ficción y divulgación histórica, ¿ en qué genero te sientes más cómodo?
Sin duda en la divulgación histórica, la novela negra y los libros de no-ficción que tienen que ver con temas de espionaje. La vida es historia, pero también una novela negra y una manipulación socio-política constante que tiene que ver con el espionaje a personas e instituciones. El poder y el crimen siempre han sido estrechamente unidos, y eso exige la manipulación política. Apenas entendemos lo que está pasando a nuestro alrededor y estamos manipulados continuamente por poderes que escapan al control del ciudadano medio y actúan en la sombra. En política, lo más importante siempre es lo que no se ve.




Lorenzo Castro es doctor en sociología y  ciencia política, donostiarra y madrileño, especializado en conflictos y violencia política.

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