ALEVOSÍAS

EL DESCUBRIMIENTO DE LA LENTITUD

ENRIQUE LÓPEZ VIEJO

23 de abril 2017

Jukebox. Casablanca. As time goes by. Dooley Wilson. (Subtitulos en español)

Chejov revisitado. Peligrosa omnipresencia de lo insignificante

REINA ROFFÉ

 
El hombre inexistente



El régisseur y director teatral David Amitin presenta en Madrid una nueva producción en la sala El umbral de primavera, dentro del ciclo de teatro argentino programado para los primeros meses del año. El hombre inexistente es una peculiar adaptación del cuento “El hombre enfundado” de Anton Chejov. 


Ese personaje encerrado en sí mismo, lleno de miedos, auto-excluido de su entorno, cargado de prejuicios, que juzga mal a quienes lo rodean y opera, sin proponérselo abiertamente, como un represor de los demás y de sí mismo, alguien que, para el propio Amitin, “ha renunciado a compartir, a dialogar, a vivir”.

Personaje excéntrico como lo son todos los que este director ha puesto en escena en su dilatada trayectoria escénica en la Argentina, España, Inglaterra, Alemania o Austria, el protagonista de la obra es profesor de griego antiguo, una lengua muerta, metáfora de su total desfasamiento psíquico, barrera con la que trata de protegerse de cualquier influencia exterior. Reafirmado en su rigidez, asomará a eso que llamamos abertura cuando sus colegas y vecinos intenten casarlo con Fedora, proyecto que, sin embargo, dará paso a su perdición.

El hombre inexistente


En clave de farsa, Amitin pone en escena la peligrosa omnipresencia de un ser aparentemente insignificante que, con su recurrente actitud de convertir cualquier manifestación de libertad en sospechosa, coarta el desarrollo individual y condena a los demás al ocultamiento, incentiva la murmuración o el cotilleo y fomenta lo peor de cada uno, cuestionando de este modo los fundamentos de la vida social. 

La obra se compone de cuadros, donde no falta el canto, a la manera de una ópera, para no olvidar la ligazón del director argentino con un género que le es afín y le permite una ajustada combinación de expresividad.

A la puesta en escena, desenfadada y, al mismo tiempo, sobria, como no podría ser de otra manera, sobre todo por lo singular de la sala, se suma la interpretación de unos actores que despliegan talento grupal, pero mantienen su especificidad de matices. Destaca la labor del protagonista, Bernardo Riaza, la de su compañero Petronio, interpretado por Juan Rueda, y la de la futura esposa Fedora, que encarna Beatriz Pasamón. Junto a ellos, el trabajo serio y muy logrado de Iván Mínguez, Sergio de Lucas, Ernesto Sierra y Verónica Bardera.

Teatro expresionista o, más bien, de la expresión de algo que no encaja con los modelos establecidos. Teatro de actores, como nos tiene acostumbrados la dramaturgia de los últimos años, y teatro de la palabra, en el que se respira a un Chejov diferente, pero con reminiscencias de sus clásicos La gaviota, Tío Vania o El jardín de los cerezos.



Residente en Madrid desde hace ya casi dos décadas, David Amitin nació en Buenos Aires y se formó en Interpretación y Dirección teatral con Augusto Fernandes y Carlos Gandolfo, grandes nombres del teatro argentino que tuvieron presencia en España, especialmente Gandolfo, de quien se recuerda su paso por el Centro Dramático Nacional, el teatro Lliure o el CAT de Sevilla.

Fue en Inglaterra donde Amitin efectuó sus primeras puestas y completó su formación con Lee Strasberg, Luca Ronconi, Marcel Marechal y Geoffrey Reeves, entre otros. En teatro, trabajó con obras de Griselda Gambaro, Arrabal, Ibsen, Melville, Gogol, Beckett y Strindberg. Del autor sueco, realizó montajes de La señorita Julia, Sonata de espectros y El pelícano. Como director de escena operística, se abocó en las puestas de El barbero de Sevilla, de Rossini, La ciudad ausente, de Gerardo Gandini, sobre textos de Ricardo Piglia, El amor por tres naranjas, de Prokofiev, o Il trovatores, de Verdi, todas ellas en el teatro Colón de Buenos Aires. En Europa, fue responsable de los montajes de El caso Makropulos, de Janacek (Alemania), y Carmen, de Bizet (Austria).

En contraste con las mencionadas producciones, El hombre inexistente apela a un espectador más cercano a la escena física y a las emociones de unos personajes que caminan por la cuerda floja del absurdo, aunque en relación directa con lo cotidiano o, como afirma el director, “con el absurdo de toda existencia”.

Teatralización inteligente y contemporánea de un Chejov que se adapta como un guante a las exigencias de este maestro de actores.
 


El hombre inexistente
Dirección de David Amitin
Teatro El umbral de primavera
C/ Primavera, 11 – Lavapiés (Madrid)
Febrero y marzo 2017

Viernes y sábados, 20 horas.





Reina Roffé, escritora y periodista. Su obra incluye novelas como Llamado al Puf, Monte de Venus, La rompiente, El cielo dividido, Lorca en Buenos Aires, La madre de Mary Shelley y el libro de relatos Aves exóticas. Cinco cuentos con mujeres raras. Entre otros ensayos, ha publicado Juan Rulfo: Autobiografía armada y el libro de entrevistas Conversaciones americanas. Es autora también de Juan Rulfo. Las mañas del zorro y Juan Rulfo. Biografía no autorizada.


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