LA MÁSCARA DE DIMITRIOS

EL HIJO DEL CLÉRIGO

FERNANDO MARTÍNEZ LAÍNEZ

25 de junio 2017

Jukebox. Ben E. King. Don't Play That Song

Novela negra: desde Edgar Allan Poe hasta Agatha Christie


LUIS DE LEÓN BARGA





Los personajes de Auguste Dupin y Sherlock Holmes, creados por los escritores Edgar Allan Poe y Arthur Conan Doyle,  pueden ser considerados  los bisabuelos de la actual novela negra, un género literario cuyos protagonistas reflejan los distintos cambios ocurridos en nuestras sociedades a lo largo de estos dos últimos siglos y en la narrativa de género policial.


Dupin y Holmes inauguran en el siglo XIX la novela de detectives. Tanto uno como otro reúnen ciertas características comunes lo que les confiere, al ser más o menos contemporáneos, cierto parentesco. Ambos nacen durante el desarrollo de la sociedad industrial y en su forma de actuar para resolver los casos a los que deben enfrentarse, representan el triunfo de la razón.

Los dos son personajes que razonan sin dejarse arrastrar por ningún tipo de sentimentalismo. Dupin es más cerebral que Holmes y resuelve sus casos pensando como si fuese el criminal. No es un policía ni detective profesional y crea la novela negra. Un género literario que hasta la llegada del comisario Maigret de Georges Simenon y la novela negra norteamericana, estará protagonizado por detectives cuyo motivo para ponerse a investigar un  delito no es el salario que perciben sino más bien, su empeño en poner a prueba su inteligencia. Un poco como si tuvieran que resolver un jeroglífico. Por eso narrativamente lo que interesa no es el misterio en sí,  sino la forma  de resolverlo.

Si Dupin es una cabeza pensante, una máquina de racionalizar, Holmes es un personaje literario más evolucionado. Desde luego lo mismo que Dupin se sirve de su inteligencia y la observación para resolver sus casos. Pero resulta más humano. Le gusta disfrazarse si le ayuda en su trabajo, tiene un amigo, el doctor Watson que es el testigo y ayudante ocasional de sus avatares, toca bien el violín, boxea y sigue los adelantos científicos de su tiempo.

Incluso tiene sus debilidades, como su adicción a la cocaína que consume por vía intravenosa cuando no está resolviendo algún caso. La adicción será una constante en los detectives. Pero una vez metidos de lleno en  el siglo XX y en la guerra contra ciertas drogas, el alcohol es quien mas adictos tiene. El mas conocido será Sam Spade, el protagonista del escritor norteamericano Dashiell Hammett. Además, acorde a la dureza de los tiempos que viven, estos héroes novelescos son inflexibles, cínicos y duros. Ssus métodos de investigación no tienen nada que ver con el de sus padres, cuyo placer y objetivo, como en el caso de Sherlock Holmes, se encuentra en el análisis intelectual para solucionar sus casos.

 
Sherlock  Holmes y Watson

A comienzos del siglo XX nos topamos con los dos detectives más famosos de la escritora inglesa Agatha Christie: Hércules Poirot y miss Marple. Puestos a seguir con la genealogía familiar, diríamos que son los hijos mayores de los anteriores por edad y tiempo. Además, la solterona Marple inaugura la presencia de la mujer  en la novela negra como investigadora, pues si en el caso de Dupin la presencia femenina es marginal en Sherlock Holmes se respira cierta misoginia.

Poirot es un personaje que se mueve en un ambiente aristocrático. Solo un esnob como él puede desenvolverse como pez en el agua en esos hoteles de lujo que frecuentan ricas herederas en peligro y nobles decadentes. Poirot sería un personaje de la “belle epoque”. Años después, la escritora inglesa creará de su costilla una versión más actualizada: un ex oficial del ejército británico que sirve de contrapunto al primero y es una especie de doctor Watson. Estamos hablando del capitán Arthur Hastings a quien Poirot, como si fuese un general, enseña los trucos del oficio y lo trata de una forma algo desdeñosa.

Miss Marple es una anciana solterona y solitaria, un personaje con quien Agatha Christie debió sentirse bastante cómoda por ciertas afinidades vitales, y que vive en un pueblo de la campiña inglesa, St. Mary Mead. Como sus antecesores, le gustan los  misterios, y posee una capacidad analítica no tanto producto de su inteligencia natural, como de su experiencia vital sobre la condición humana.
Por supuesto que Poirot y Marple no aceptan cualquier caso ni tampoco buscan trabajo como investigadores en una agencia de detectives lo que les diferencia de sus hermanos pequeños, el comisario Maigret y los héroes de la novela  negra norteamericana.

Agatha Christie vio enseguida que después de la  Primera Guerra Mundial y los problemas de la industrialización, con sus secuelas de conflictos  y revoluciones, exigían unos personajes capaces de hacer frente a los problemas surgidos en la Europa convulsa de la época de entreguerras.

 
Agatha Christie

Este es el origen de Thomas Beresford y Prudence. Un matrimonio joven y entusiasta que responden al diminutivo de Tommy y Tuppence. Aquí la novela negra se mezcla con el género de espionaje y nuestros protagonistas, durante cuatro novelas, incluso viajarán fuera del Reino Unido, cuyo imperio está en peligro. Pero ojo, no se trata de dos aficionados. Ambos tienen una agencia  de detectives y, otra novedad,  el personaje femenino es la que lleva la  voz cantante. Ya no se trata de investigar robos de joyas, sino documentos secretos, descubrir espías nazis y cuestiones similares.

Junto a los grandes problemas políticos y sociales del momento, también nace el detective que investiga el lado humano del delito, por llamarlo de algún modo. Si el comisario Maigret del escritor belga George  Simenon es el campeón absoluto de este modalidad, donde lo humano prevalece sobre la intriga y el resultado final es  ambiguo, acorde con una época  donde los valores tradicionales están en crisis, cuatro años más tarde, en 1934, aparece un nuevo filón a manos de Agatha Christie.

Parker Pyne se dedica a los asuntos del corazón. Intenta que el bien prevalezca sobre el mal o al menos devolver la felicidad a quien la ha perdido. Desde luego no desdeña investigar el delito, pues tiene una  agencia de detectives, pero la esencia de su trabajo trata de separaciones, chantajes, estafas...


Y para terminar de erigir los cimientos dela novela negra sólo nos falta el detective con poderes mentales. El señor Satterthwaite y su socio el señor Quin, son una extraña e inquietante pareja que actúa de una forma rara. Sobretodo Quin que parece llegar de otro mundo o de una novela gótica. Es un ser fantasmal cuyos poderes mentales le permiten resolver todos los casos. Pero en su forma de  actuar es “antiguo”. Él soluciona el caso pero deja la gloria a su socio Satterthwaite, algo imposible de  pensar en nuestros días pero en algún modo, es también el padre de todos los detectives mentalistas que han nacido en estos últimos años.


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