LECTURAS A CONTRATIEMPO

LITERATURA UNIVERSAL. EL “BILDUNGSROMAN” DE SABINO MÉNDEZ

ANNA MARIA IGLESIA

6 de agosto 2017. (Felices vacaciones. Regresamos en septiembre)

Jukebox. Vargo. The Moment

Queremos irnos muy lejos

Lecturas a contratiempo. La sana enfermedad de la escritura de Costanza Ternicier


ANNA MARÍA IGLESIA




“Follar es lo único que desean los que van a morir. Follar es lo único que desean los que están en las cárceles y en los hospitales. Los impotentes lo único que desean es follar. Los castrados lo único que desean es follar. Los heridos graves, los suicidas, los seguidores irredentos de Heidegger.”

Con estas palabras de Roberto Bolaño, Costanza Ternicier abre La trayectoria de los aviones en el aire (Editorial Comba), su segunda novela tras Hamaca, que acaba de publicar Caballo de Troya. La autora chilena y residente en Barcelona, se apoya en el texto de Bolaño Literatura+enfermedad=Enfermedad para construir una narración donde la enfermedad comienza siendo una experiencia vital, dotando así al relato de un pseudo-sustrato biográfico, para convertirse en metáfora de un proceso de escritura que no solo apela a la ecuación de Bolaño, sino que trasgrede los límites de la definición de escritura como lapsus calami para apelar a una construcción evocativa-memorialística de un yo, el de la protagonista, que solo se enuncia a través del “tú”, mientras que se construye retrospectivamente a través de una tercera persona que lo narra. Amaya, la protagonista, es ese “tú” al que el “yo” apela, pero al mismo tiempo es un “ella”, cuya historia es narrada desde la omnisciencia de un narrador anónimo.

 “La enfermedad es el lado nocturno de la vida, una ciudadanía más cara”, escribe Susan Sontag, palabras que Ternicier recupera junto a las de Bolaño y que sirven, las de la ensayista norteamericana, para parafrasear el planteamiento narrativo de Ternicier en ese juego entre el “ella” y el “tú”: el “ella” se narra desde ese “reino de los sanos” al que apela Sontag, mientras que el “tú” se inscribe y se narra desde el “reino de los enfermos”.

El “ella” y el “tú” se corresponden, coinciden en ese “yo” en construcción, sin embargo, el “ella” de Amaya es narrado desde fuera, desde una especie de perspectiva sana desde donde reconstruir la historia de la protagonista sin intervenir en ella, mientras que el “tú” es una apelación de un “yo” que es la suma de ese “ella” y ese “tú” cuya historia se ha ido escribiendo en la medida que el lector avanza en la lectura de la novela. 

Ternicier mezcla así géneros biográficos, huyendo de la autoficción tradicional (un yo correspondiente nominativamente, que no por fuerza biográficamente, al yo del autor) e incorporando fragmentos de diarios, los de la propia Amaya, o algún texto epistolar. De esta manera, la autora juega con la autoría del yo, ¿quién escribe a Amalia? Y con este interrogante de fondo, Ternicier plantea la enfermedad primero como una excusa y, segundo, como una pulsión para el escribir: “Amaya había leído que Cioran, con su pesimismo que llega a dar risa, en la Rumanía de los años veinte, aspiraba a tener sífilis para obtener gloria literaria. La enfermedad estaría compensada por una genialidad hiperproductiva, por la sobreactividad mental que le permitiría producir a mil y luego hundiría en la locura”.

Constanza Ternicier


Hiperproductividad, sobreactividad y, podría añadirse, hipersexualización, porque como ya señalaba Bolaño, la expresión última de la enfermedad que nace de la literatura es la pulsión sexual, que define a Amaya en su rememoración de una historia que se interrumpió cuando dejó Chile para viajar hasta Londres y en sus primeras aventuras londinenses. Sin embargo, experiencias aparte, la hipersexualización de Amaya debe entenderse como una pulsión de deseo, de un deseo que tiene tanto que ver con la fisicidad como con la escritura. Amaya contiene en sí misma los términos de la adicción de Bolaño, la literatura y la enfermedad, y ambas se manifiestan en una pulsión que, paradójicamente, desde la inmovilidad de la cama de hospital llevan a hiperproductividad e hipersexualización del cuerpo y de su escritura.

Sin lugar a duras, La trayectoria de los aviones en el aire es, hasta el momento, el trabajo más destacado de Ternicier. Mientras Hamaca es la escritura de un proyecto narrativo que no termina de consolidarse, La trayectoria de los aviones en el aire es el primer trabajo donde pueden vislumbrarse unos caminos narrativos lo suficientemente bien trazados para poder pensar en Ternicier no solo como escritora, sino como una escritora con un universo literario y, en su caso, habría que añadir teórico propio.

La autora, según sus palabras, está preparando su tercera novela, centrada en Barcelona, ciudad donde actualmente reside. Será este próximo trabajo el que nos confirmará si la senda tomada en su segunda novela, lejos de ser algo casual, implica la construcción de una voy y de un proyecto literario que merecerá nuestra atención.





Anna María Iglesia (Granada, 1986, residente en Barcelona) está terminado una tesis doctoral sobre las prácticas urbanas dentro del doctorado de Teoría de la literatura y literatura comparada. Se define principalmente como lectora. Desde hace ya algunos años ejerce el periodismo cultural como freelance, colaborando con distintos medios. El Asombrario (Público), Nueva Revista, Letras Libres, Llanuras o El Confidencial.


No hay comentarios:

Publicar un comentario