LECTURAS A CONTRATIEMPO

LITERATURA UNIVERSAL. EL “BILDUNGSROMAN” DE SABINO MÉNDEZ

ANNA MARIA IGLESIA

6 de agosto 2017. (Felices vacaciones. Regresamos en septiembre)

Jukebox. Vargo. The Moment

Queremos irnos muy lejos

Españoles en París 1940-1944. Fernando Castillo

LUIS DE LEON BARGA





Fernando Castillo cierra su particular trilogía sobre la Ocupación alemana de Francia (1940-1944) durante la segunda Guerra Mundial con este ensayo publicado por la editorial Fórcola, Españoles en París 1940-1944. Constelación literaria durante la Ocupación.

Una trilogía  que empezó con Noche y niebla en el París ocupado (2012), una gran investigación historico-literaria sobre el lado más oscuro de esos años como fue la colaboración mafiosa con el ocupante. En este caso centrada en  el inefable periodista y escritor César González Ruano; el agregado de policía en la embajada española en París durante la Ocupación, Pedro Urraca; el padre del escritor Patrick Modiano Albert Modiano; y un judío colaboracionista que al final de la guerra se  refugiará en España, André Gabison.

En el siguiente, París-Modiano De la Ocupación a Mayo del 68, nos habla a través  de la biografía del escritor francés Patrick Modiano del París ocupado y la vida compleja y equívoca de sus padres durante la Segunda Guerra Mundial, una presencia que se repite en la obra del Premio Nobel de Literatura francés. Fernando Castillo da una vuelta de tuerca más a esos «années noires» y la colaboración mafiosa, puesta al servicio del ocupante, en una  galería de personajes y situaciones  inolvidables.

En este último ensayo, Españoles en París 1940-1944. Constelación literaria durante la Ocupación, Fernando Castillo nos descubre una faceta poco conocida de ese periodo y como fue la estancia en París de más de cuarenta escritores españoles que por circunstancias diversas y desde posiciones distintas vivieron allí. Al igual que la mayoría de los franceses, sólo unos pocos corrieron riesgos o formaron parte de la resistencia lo mismo que otra colaboró con el ocupante, mientras que la mayoría intentó sobrevivir.

César González Ruano. Pedro Flores, 1942


Por estas páginas bien escritas y mejor dcumentadas aparecen las “grandes figuras” de aquello años como Max Aub, César González Ruano, Gregorio Marañón y Jorge Semprún, junto a otros menos habituales como Manuel Chaves NogalesCorpus BargaJoan Estelrich o Mercè Rodoreda. Pero dejemos que sea el autor que explique mejor su libro. 


¿Cuál es el mejor testimonio de aquellos años escrito por los escritores y periodistas que traes a colación?
Curiosamente, dada la importancia histórica del acontecimiento que les tocó vivir, la Ocupación no inspira apenas a los escritores españoles que estuvieron en París durante los años que van de 1940 a 1944. Durante este periodo escribir si escribieron, aunque apenas recojan la realidad de esos años negros. Lo que hay sobre todo son alusiones dispersas en las obras de contenido memorialístico como las muy distintas de Victoria Kent y de César González Ruano, situadas en las antipodas.
Hay sin embargo alguna descripción del París ocupado, como la de un texto de Corpus Barga titulado  “París, marzo de 1943”, incluido en el cuarto y último tomo de sus memorias, Los pasos perdidos, en el que recoge su visita a París en 1944, aunque al redactarlo años después equivoca el año y adelanta la visita parisina a 1943. Son unas cuantas páginas que se encuentran entre lo mejor de lo dedicado a la Ocupación en París por las que desfilan españoles y tipos de la ciudad como negocinates del mercado negro con los que coincide en Lipp. Junto a ellas destacaría también la obra de María Casares, Residente privilegiada, y la de Victoria Kent, aunque en este último caso el tono sea mucho más intimista.
Otra cosa son los testimonios de la crisis de la III República y los días de la derrota en mayo y junio 1940, la llamada defaite. Sobre e estos acontecimientos las obras de Manuel Chaves Nogales y de Carles Soldevilla son de gran interés y fuerza.


Aunque el más conocido de todos ellos tal vez sea César González Ruano, llama la atención la trayectoria del ilustrador Carlos Fontseré y el pintor Manuel Viola. ¿Acaso fueron ejemplos del ambiente equívoco de aquellos años?
Si, sin duda todos ellos son unos adecuados representantes del ambiente extraño del París oku. Entre ellos sobresale el que ahora podemos calificar de modianesco César González Ruano, un personaje que en obras como La alegría de andar, André, pas de chance,  o Manuel de Montparnasse  y, por supuesto, Mi medio siglo se confiesa a medias, describe en primera persona, ocultando solo lo más comprometedor, aunque  ofreciendo pistas para adivinarlo, su actividad en el milieu parisino de la colaboración económica y mafiosa. Son una páginas que describen décadas antes de su publicación, el mundo de las primeras obras de Patrick Modiano que forman la llamada Trilogía de la Ocupación, compartiendo personajes como los miembros de la banda de la calle Lauriston. Todo además en primera persona, lo que convierte a estas obras en una guía imprescindible para navegar por el mundo de los españoles en París.
Por el contrario, las memorias del cartelista de la CNT, Carles Fontseré, escritas mucho después de los acontecimientos, dan la sensación de cierta artificialidad, de haberse redactado antes consultando bibliografía de la época que atendiendo a sus impresiones directas. Parecen recuerdos reconstruidos años después lo que le permite mantener unas opiniones acerca de la resistencia y la colaboración  insostenibles antes de los ensayos y las novelas dedicadas al asunto aparecidas a principios de los años setenta.
Manuel Viola, íntimo de CGR, es otra cosa. Un poeta que en esos años devino en pintor y que estaba alrededor del mundo de los surrealistas de  La Main à Plume  , la revista clandestina que impulsó Georges Hugnet. No escribió nada al respecto y es una pena pues tenia muchas cosas que contar, especialmente de sus actividades con González Ruano, con el pintor Oscar Domínguez y con el escultor Honorio García Condoy, un grupo que sabia mucho del tráfico de obras de arte, en su mayoría falsas.


A quien destacarías entre los escritores catalanes que vivieron aquellos años por su valía?
El grupo de escritores que forman esa galaxia catalana en el París ocupado es especialmente brillante y diría que numeroso. Entre todos ellos, destacan por su obra Carles Riba, quien escribió las Elegies de Bierville, y los textos de Sebastiá Gasch y Ferran Canyameres, dos diarios que se pueden considerar complementarios pues ambos eran amigos muy cercanos  y vivieron juntos parte de la Ocupación por lo que ambos trabajos son dos visiones de un mismo asunto.



En una Francia dividida entre la minoría resistente y la colaboracionista, ¿qué proporción hubo entre los escritores y periodistas españoles de germanófilos y aliadófilos?
En contra de lo que pudiera pensarse, la mayor parte de los escritores españoles que permanecieron en París durante la Segunda Guerra Mundial pertenecían al exilio republicano, a lo que luego se llamará la “España peregrina”. La mayoría de ellos se vieron obligados a permanecer en el París alemán, lo que significa que estaban en lo que se podía considerar territorio enemigo. Muchos de ellos, sin papeles, tuvieron que vivir en la clandestinidad y en condiciones tan  difíciles como peligrosas. Las vidas de Victoria Kent,  de Consuelo Berges, de María Lejarraga, Max Aub --quien además era de origen judío y alemán--, de los comunistas Jorge Semprún, José María Quiroga Pla o Emili González Nadal, del mismo Manuel Viola, dan idea del riesgo que corrieron y que en el caso de Berges y Aub se sustanció en la deportacion a España y en un campo de concentración en Argelia.
Por el contrario, personajes fuera de toda sospecha como el periodista Mariano Daranas, muy próximo al nazismo, Joan Estellrich, vinculado a los servicios secretos del franquismo, quizás Antonio de Zuloaga, o el mismo César González Ruano, se movían en el París ocupado sin ningún problema. Incluso, con más soltura y provecho que antes de la Ocupación.

¿Qué similitudes y diferencias encuentras entre Jorge Semprún y María Casares?
Les acerca que ambos eran hijos de destacadas personalidades republicanas. Ella, del jefe de gobierno, Santiago Casares Quiroga, y él, de José María Semprún Gurrea, escritor y diplomático. Sin embargo, les diferencia su  peripecia en la Francia ocupada. Jorge Semprún formó parte de la Resistencia, concretamente del maquis comunista FTP-MOI (Francs-Tireurs et Partisans-Main d'Oeuvre Immigrée), participando en acciones armadas que le llevaron al campo de Buchenwald en 1943. Por el contrario, María Casares durante estos años inició y consolidó tanto una brillantisima carrera como actriz, como su relación con Albert Camus en un París en el que la actividad cultural continuó con gran brillantez en lso llamados años oscuros.

¿Y entre Consuelo Berges y Victoria Kent?
En este caso, más allá de su compromiso con la causa de la República y de  su condición de exiliadas, solo cabe señalar la común condición de perseguidas por las autoridades de Ocupación, de la que Kent pudo librarse.

Si César González Ruano fue una especie de mefistófeles¿ quien fue el ángel de la guarda?
Ciertamente no fue el del París ocupado un entorno propicio a comportamientos angelicales. Al contrario, era un momento y un escenario en el que primaba el sálvese quien pueda y sobre todo la posibilidad de obtener beneficios de la situación. Naturalmente, todo ello no excluyen comportamientos solidarios y sobre todo de gran dignidad y discreción como los de Victoria Kent, María Lejárraga, Emili Gonzalez Nadal, Max Aub, Álvaro de Orriols, Carles Riba, Jacinto Luis Guereña, Mercé Rodoreda o Antonio Porras. Todos ellos sufrieron las muchas adversidades de un tiempo muy difícil con una actitud elegante.

En el café La Rotonde, en 1925. De izquierda a derecha, Mariano Alarcón; Dunyach; Carlos Esplá; Blasco Ibáñez, Unamuno, Corpus Barga; 


Corpus Barga era hasta el momento de la ocupación el más afrancesado de todos ellos por tener mujer francesa y haber vivido más años que ninguno en Francia?
Muchos de los escritores españoles que estuvieron en París durante la Ocupación habían residido en la capital francesa durante tiempo, desde el siniestro orresponsal del ABC, Mariano Daranas a Gregorio Marañon pasando por Joan Estellrich o el citado Corpus Barga. Incluso, los había como Max Aub, que habían nacido en ella. Otros como José María Semprún Gurrea o Carles Soldevila, conocían sobradamente la ciudad y es que París fue una urbe muy próxima a la vida cultural española durante gran parte del pasado siglo.

¿La colaboración francesa con el ocupante, bien de corte ideológico o político por el régimen de Vichy es el pasado que no pasa como se ha puesto de manifiesto con el homenaje de Macron y Netanyahu a las víctimas del Velódromo de Invierno, o es un intento de crear un relato equidistante entre la mitificación de la resistencia y la maldición de la colaboración?
A lo largo de las últimas décadas la  versión oficialista surgida de la guerra, tan gaullista como resistencialista, ha experimentado una profunda revisión que se ha hecho más intensa a medida que pasaba el tiempo y se alejaban los acontecimientos. Desde los primeros trabajos de Robert O. Paxton y Pascal Ory o de  las novelas de Patrick Modiano y las películas de Claude Lellouch o Louis Malle, a la altura de los primeros setenta, la revisión de las versiones oficiales, especialmente en lo referido al antisemitismo y a la supuesta unanimidad de los franceses frente al ocupante, son cuestiones que hoy día ya prácticamente nadie discute, especialmente fuera del país vecino. Ahora, los actos de glorificación de la Resistencia y de la victoria sobre Alemania, algo también debatido, conviven con las muestras de desagravio y reconocimiento a las victimas, especialmente las de origen judío.
No obstante, en la sociedad francesa quizás falta todavía una asunción de la colaboración –política, cultural, económica, mafiosa y personal--que mantuvieron  muchos franceses con los alemanes como demuestra lo sucedido recientemente al retirarse la placa de homenaje a los torturados y asesinados en  la sede de la banda de la rue Lauriston y su sustitución por otra más elíptica, menos explicita, en la que se eluden las referencias a la condición de franceses que tenían los ejecutores. Unos hechos que sin duda hay que relacionar con el auge del Frente Nacional y el apoyo recibido por una gran parte de la sociedad francesa. Todo ello no facilitará laa revisión de lo sucedido y probablemente explique el gesto del presidente Macron hacia las victimas del Vel d'hiv y el entierro de Simone Weill, muerta hace unos días, en el Panteón. En cualquier caso, parece que hoy día Francia sigue dividida al respecto.

Fernando Castillo


Fernando Castillo Cáceres (Madrid, 1953) es licenciado en Ciencias Políticas y Ciencias de la Información. Su trayectoria profesional en la Administración Pública en diferentes Departamentos ha estado ligada a los estudios y a la gestión cultural en áreas como la defensa y las relaciones internacionales, el derecho, la historia y las ciencias sociales. Así mismo, desde diversos puestos administrativos y del ámbito privado, ha llevado a cabo diferentes proyectos culturales de carácter artístico y editorial.

Ha comisariado exposiciones de pintura y fotografía («La vida cotidiana en el Ejército. Fotografías 1855-1925»; «Periodismo gráfico y línea clara: Luis Bagaría. Dibujos de El Sol, 1920-1930»; «Dos miradas, una visión. Los dibujos de guerra de Carlos Sáenz de Tejada y Joaquín Valverde»; «Punto de Encuentro. Confluencias entre arte y literatura 1919-1945»; «Geografía Modiano»; «Tintín, 25 miradas»; «Nord-Sud. Bernard Plossu & Juan Manuel Bonet»).

Ha publicado varios libros y numerosos artículos en revistas universitarias y especializadas acerca de historia cultural y social. Actualmente colabora en diversas revistas y suplementos culturales. Entre sus últimos libros publicados destacan:

-Madrid y el Arte Nuevo. Vanguardia y arquitectura 1925-1936 (Madrid, La Librería, 2011).
-Los años de Madridgrado (Fórcola, 2016).




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